| La economía del fraude inocente |
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No pretendo resumir todos los “fraudes inocentes” que asumimos sin cuestionarlos y que Galbraith pone en solfa. Galbraith lo hace con magistralidad, sencillez y de forma muy pedagógica. En el libro la sencillez de los argumentos no nacen de una simplicidad del pensamiento de Galbraith sino de una enorme capacidad de hacer asequible su pensamiento de la forma más didáctica posible.
Entre los “fraudes inocentes” que Galbraith desvela es el uso de “economía de mercado” para sustituir la de “capitalismo”, término este último que evoca una imagen negativa (del empresario adinerado que explota a sus trabajadores, avaro y ambicioso). En este “sistema de mercado” se evoca la imagen de la soberanía del consumidor. Pero como dice Galbraith:
”la democracia económica era una idea demasiado artificial para durar mucho tiempo, incluso en los libros de texto. La innovación y el desaarrollo de los productos son funciones fundamentales en la economía y ningún fabricante importante introduce un nuevo producto sin promover su demanda entre los consumidores, así como tampoco renuncia a los esfuerzos por influir y sostener la demanda de un producto ya existente. Aquí entra en escena el mundo de la publicidad y el marketing, de la televisión y la manipulación del consumidor, todo lo cual erosiona la propia soberanía de este último.
En el mundo real, las empresas productoras y las industrias llegan muy lejos en su afán de fijar los precios y crear la demnada, y recurren para ello al monipolio, el oligopolio, (...), la publicidad y demás medios para promover las ventas y el comercio. (...). Hablar de sistema de mercado como alternativa benigna al capitalismo es presentarlo bajo un disfraz anodino que oculta una realidad más profunda: el poder del productor para influir, e incluso controlar, la demanda del consumidor.”
Sigue profundizando en este “fraude inocente” más adelante:
“En el sistema de mercado, repitámoslo, el poder definitivo reside en quienes deciden comprar o no comprar; matices aparte, es el consumidor quien detenta el poder último, es su libre elección la que moldea la curva de la demanda. Así como el voto confiere autoridad al ciudadano, en la vida económica la curva de la demanda otorga autoridad al consumidor. En ambos casos existe la posibilidad de cometer fraude, y las dimensiones en las que se comete son significativas. Tanto votantes como compradores pueden ser manipulados, y la gestión de la respuesta pública es formidable y cuenta con una excelente financiación, en especial en la era de la publicidad y las modernas técnicas de promoción de ventas. He aquí un fraude aceptado, incluso en el discurso académico”.
Otra “fraude inocente” o falacia que desmonta Galbraith es la coorporación como burocracia. El neoliberalismo siempre ha querido desmontar el estado del bienestar indicando que se despilfarra mucho dinero en burocracia y que el sector privado es mas eficaz en cualquier empresa que pretenda hacer el sector público (cosa que no es cierta, cuando se comparan los sistemas de salud pública por ejemplo, o cuando la “eficacia” se mide en personas no excluidas del sistema educativo). Pero Galbraith alerta que la burocracia es inherente al sistema corporativo, a la propia empresa y que es un insulto a la inteligencia que los grandes aladides de la gran empresa vean la paja en el ojo ajeno del sector público y obvien las estructuras burocráticas de sus propias empresas.
Queda recogido en el siguiente párrafo:
“Al igual que sucede con todas, la burocracia de la corporación tiene una fuerte tendencia a crecer de manera autónoma. La remuneración depende en gran medida del número de subordinados que uno tiene, la vida es más agradable, y más práctica cuando el pensamiento y la acción se delegan en quienes se encuentran en los niveles inferiores. He aquí una forma de eludir la necesidad de conocimientos especializados y de ahorrarse la realización de tareas tediosas. La distinción que proporcionan los cargos superiores cambia según el número de quienes están debajo.”
Más adelante profundiza en este fraude:
“Este fraude tiene ciertos aspectos ceremoniales aceptados: uno de ellos es el llamado consejo de administración, un cuerpo seleccionado por la dirección y subordinado a ella, al que, sin embargo, se escucha como si fuera la voz de los accionistas. Los consejos de administración están constituidos por personas que requieren solamente un conocimiento superficial de la empresa; con raras excepciones se trata de un grupo dócil en el que la dirección puede confiar. Mediando unos honorarios y alguna comida, la dirección informa de forma rutinaria a los miembros del consejo sobre cuestiones que ya han sido decididas en otras instancias. La aprobación se da por hecha, incluso en el caso de las remuneraciones para la dirección, remuneraciones que la dirección misma se ha encargado de establecer.”
Y luego nos escandalizamos cuando los alcaldes se elevan sus salarios, en ocasiones de forma injusta, en otras para elebar el salario exiguo del servidor público (que manejando presupuestos más altos cobran mucho menos que cualquier directivo de una empresa de tamaño medio, incluído el Presidente del Gobierno). Pero no nos parecen exagerados los salarios que se asignan los directivos de Enron, los de las empresas que luego han de despedir trabajadores para optimizar beneficios (a la vez que una parte de esos beneficios que se optinene ahorrando en personal, y no una parte pequeña, se transforma en mejores salarios para los directivos), a pesar de que el efecto negativo en el sistema económico es mucho mayor.
A lo largo del libro, bastante ameno y rápido de leer, Galbraith sigue desgranando “fraudes inocentes”, incluso saca los colores a la socialdemocracia. Galbraith representa la racionalidad extrema y no por ser keynesianista y centroizquierdista deja de criticar los “fraudes inocentes” en los que cae la socialdemocracia.
Un libro interesante, de uno de los mejores pensadores en temas económicos del siglo XX.
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| Escrito por Jose Rodriguez | |
| martes, 08 de agosto de 2006 | |
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En esta reseña sencilla intento
recoger las ideas básicas que el economista Galbraith,
recientemente fallecido, hace sobre las “verdades” asumidas por
el pensamiento común. Galbraith en este libro golpea algunas
teclas de lo que parecen verdades sólidas y que no lo son
tanto, de mitos entorno a la economía y al funcionamiento de
las empresas asumidos como válidos.






