| Las subvenciones y el gasto público |
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Criticadas hasta la saciedad desde ámbitos liberales, las subvenciones son uno de los puntos flacos donde falla la teoría impulsada por las principales empresas multinacionales, y los mayores representantes de gobiernos mal llamados liberales.
Se podría decir que muchas empresas y gobiernos critican la intromisión en la libertad de comercio que producen las subvenciones, mientras que no se revisen las que ellos mismos reciben o dan. Un ejemplo son las ayudas encubiertas a Boeing y Airbus, otorgadas tanto por gobiernos liberales como progresistas, o las barreras arancelarias que dicen proteger a los agricultores. No entraré a discutir la validez de estas ayudas, pues habla por si sola la mala gestión que gobiernos y empresas hacen de ellos, independientemente de su condición política o doctrina económica. Sin embargo, sí se hace evidente que el gasto público y las subvenciones requieren un nuevo enfoque más productivo, y encaminado a su verdadero fin, que debería ser ayudar a la reconversión de sectores en crisis (presentes o futuras) y a impulsar iniciativas beneficiosas para los ciudadanos y el Estado que las empresas no consideran relevantes, o beneficiosas pecuniariamente. Decir que sólo en Estados Unidos se prevé gastar en defensa y protección interior más de 480.000 millones de dólares, o que el Estado español gasta cada día 1.000 millones de las antiguas pesetas en defensa es recurrir a tópicos. Dicho gasto no podría eliminarse sin causar graves distorsiones en la economía del país y en nuestra posición en el mundo. Una economía y una posición, que en todos los países del mundo depende demasiado de su nivel armamentístico, y de las epresas del complejo militar-industrial. De la misma forma, el porcentaje del 35 % que la agricultura representa respecto al presupuesto de la UE choca con la supuesta cabeza de desarrollo tecnológico y productivo que Europa quiere ser. Todos sabemos de casos en los que las ayudas europeas (y las subvenciones nacionales) se han invertido en automóviles de lujo, en mejorar las casas y no en su fin último, que es mejorar el sistema productivo agrícola. Es por ello necesario un cambio en el modelo de aplicación de dichas subvenciones y gasto público, derivándolos hacia sectores más productivos y beneficiosos para el ciudadano y los países que acometan dicha reforma. En primer lugar, de forma progresiva, la Unión Europea y sus países miembros deberían ir cambiando la subvenciones agrícolas que se dan a determinaos cultivos, propiciando un cambio hacia cultivo de plantas útiles para la obtención de combustibles vegetales. Así mismo, deberían subvencionarse e incentivarse proyectos de reforma de estaciones de servicio para que incorporasen el servicio de dichos biocombustibles, así como la compra de automóviles que funcionen con ellos. Cambiar las subvenciones de cultivos alimenticios no estratégicos hacia la producción de sustitutos del petróleo, que ayuden a reducir nuestra dependencia estratégica en materia energética. Ni que decir tiene que la eliminación de dichas subvenciones, y de las barreras arancelarias del sector agrícola contribuiría a ayudar al desarrollo de las naciones en desarrollo, así como a crear un clima internacional menos tenso, tras el fracaso de la Ronda de Doha. Con el tiempo, dichas ayudas podrían reducirse al crearse las condiciones necesarias para que tanto los agricultores como los distribuidores y los productores de vehículos que usen biodiesel puedan competir en el mercado por sus propios medios. De la misma forma, el terror mundial al que determinados grupos de presión, muy diversos en sus fines y su posición, tienen inmerso el escenario internacional, tiene sus raíces en complejos intereses económicos, sociales, religiosos, y en sistemas de pobreza que hunden sus raíces en guerras, luchas intestinas, revoluciones y contra revoluciones. Una forma de terminar con este círculo vicioso pasa por, como se comentó en un artículo anterior, ir trasvasando progresivamente el gasto público mundial desde el sector armamentístico a otro que pueda ser un sustituto que de las mismas garantías a todos los agentes económicos y sociales. El sector aeroespacial. Cambiar el gasto de la compra de misiles y tanques al diseño y explotación de satélites y cohetes tiene la virtud de mantener niveles de gasto público que permitirán a las empresas hacer una transición ordenada hacia este sector, al tiempo que mantienen y fomentan el empleo y siguen promoviendo la investigación. Y por lo tanto, la derivación de las ventajas tecnológicas obtenidas del sector público al ámbito privado. Además de contribuir a forjar mejores y mayores lazos de cooperación internacional en materia de seguridad y defensa. Lo que pasa, indefectiblemente, por reducir el hambre y las migraciones en el mundo. En resumen, las subvenciones deben seguir siendo un elemento de actuación de los estados, pero deben incluir criterios más acordes con los tiempos, fomentando el I+D, reduciendo gastos necesarios, y siendo más sensibles a los nuevos problemas a los que le mundo se enfrenta en la actualidad.
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| Escrito por Francisco Agenjo | |
| domingo, 20 de agosto de 2006 | |
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Criticadas hasta la saciedad desde ámbitos liberales, las subvenciones son uno de los puntos flacos donde falla la teoría impulsada por las principales empresas multinacionales, y los mayores representantes de gobiernos mal llamados liberales.






