| Racionalización económica |
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En ya varias ocasiones he tratado el objeto y método de estudio de la ciencia económica. Quería hoy explicar, más concretamente, cómo influye, en la vida real, lo que llamaré racionalización económica. Se trata, a mi modo de ver, de un aspecto metodológico básico que, desgraciadamente, no se tiene en cuenta en los debates tradicionales.
Por racionalización entiendo a aquel método que consiste en encerrar ideas en un sistema lógico y coherente. Normalmente, aunque no es necesario, tal sistema se desarrolla analíticamente, con la ayuda de la ciencia matemática, englobándolo en un manto de cientificismo realmente engañoso. Un sistema cerrado de este tipo parte de axiomas y supuestos. A partir de ellos se obtienen conclusiones que están simplemente por descubrir, pues, realmente, han sido creadas desde el mismo momento en el que se establecieron los supuestos de partida. Estos modelos tienen una doble función. Esperan, de un lado, describir la realidad social, esperando poder predecir, de ese modo, comportamientos futuros. Sin embargo, por otra parte, también son capaces de desfigurar la realidad y hacerla girar en el sentido que su modelo describe, acabando por sustituirla. Tenemos, por ejemplo, el comportamiento de los consumidores en nuestra sociedad, y el tratamiento que de ellos hace la ciencia económica. Mientras ésta asume como normal el comportamiento egoísta de los individuos, la insaciabilidad y las preferencias reveladas, la realidad es bien distinta. Los consumidores, pongámonos nosotros, no nos basamos sólo en criterios cuantitativos. No compramos únicamente en función del precio, como tampoco lo hacemos exclusivamente empujados por nuestro beneficio individual. Muy al contrario, somos seres sociales con motivaciones muy complejas que varían constantemente y en relación con el contexto. Hoy podemos preferir la compra del objeto A sobre el B, pero mañana tal vez no, por motivos variopintos. La ciencia económica, hemos repetido muchas veces, en su afán de imitar a la ciencia mecánica , rompe con esta relación social y reduce el comportamiento humano a aquellos aspectos de éste que son mensurables o comparables (teoría de las preferencias reveladas). La primera cualidad de la racionalización económica, la de describir la realidad para predecir comportamientos, no es válida en tanto no es global y sólo tiene sentido en contadas ocasiones o en pocas personas. Pero además nuestra realidad social, al ser tan flexible, es víctima de la segunda cualidad de la racionalización, anteriormente mencionada. De hecho, el sistema teórico, ayudado por su privilegiada posición dominante, logra modificar poco a poco el objeto de estudio, a fin de adaptarlo a su cerrado modelo. Es lo que ocurre en la homogeneización de los gustos, en todas las ramas del consumo. Se logra así que aquellos incompletos supuestos, a fuerza de presentarse como verdaderos, acaben convirtiéndose en reales y ciertos. Cuando toda la humanidad cree en una mentira, ésta pierde su condición de falsedad y se transforma en verdad. Así, las conclusiones que se obtuvieron en el análisis teórico se asumen como válidas antes de ejecutar cualquier acción, y es posible que el consumidor acabe comportándose de idéntica forma a la predicha, pero no por las razones esperadas. El ejemplo en las determinaciones sociales de los gustos es esclarecedor. Recordemos que, resultado de la relación de fuerzas sociales, cada sociedad impone sutilmente un canon de belleza a sus ciudadanos, que es asumido, con mayor o menor fuerza, en el entorno social. Cuanto más poderosa es una fuerza social, más homogéneo es el gusto en los individuos-consumidores. En este caso, el supuesto para entender la naturaleza humana y predecir el comportamiento de una persona es el siguiente: cada individuo tendrá unas preferencias que girarán en torno a ese canon de belleza, expuesto éste como utopía máxima. Sabemos que el análisis teórico dará buen resultado, y que en un caso comparativo es bien posible que la predicción realizada sea correcta. El individuo, efectivamente, respetará esos criterios y obedecerá a los supuestos. Sin embargo, como antes dijimos, no habrá sido por las razones creídas. El individuo ha asimilado, sin percatarse, el sistema en sí mismo, y ha asumido las preferencias externas como propias. El proceso racionalizador de la sociedad ha triunfado en su doble funcionalidad, a pesar de ser erróneo en sus fundamentos. Realmente, investigando un poco más allá, y buscando comprender qué, quienes y por qué se crean-imponen los supuestos de cualquier sistema racionalizador, descubrimos que todo este proceso no existe aleatoriamente. Más concretamente, el sistema beneficia al statu quo, es decir, a los privilegiados a quienes conviene permanecer en esa excelente situación donde la fuerza no es necesaria para dominar. La racionalización económica modifica, lentamente, los fundamentos morales de toda la sociedad, a base de publicitarse en los más idóneos lugares. Una guerra no declarada contra nuestra función como seres sociales tiene lugar con ayuda de los centros comerciales, cines, anuncios, televisiones, periódicos y bitácoras.
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| Escrito por Alberto Garzón | |
| martes, 15 de agosto de 2006 | |
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En ya varias ocasiones he tratado el objeto y método de estudio de la ciencia económica. Quería hoy explicar, más concretamente, cómo influye, en la vida real, lo que llamaré racionalización económica. Se trata, a mi modo de ver, de un aspecto metodológico básico que, desgraciadamente, no se tiene en cuenta en los debates tradicionales.






