| Deslocalizaciones y buenas noticias |
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Escolar enlazaba el otro día un fragmento de una obra de teatro de Jazmina Reza que vale la pena tener en mente:"Te voy a contar un secreto, me pongo muy contento cuando me entero de una deslocalización. Personas que se morían de hambre en el Tercer Mundo van a tener trabajo, van a empezar a integrarse en un sistema económico. ¿Por qué debería ser menos solidario con los desgraciados de la India o Bangladesh que se mueren de hambre que con el tío que cobrará indemnizaciones aquí? Es el futuro del mundo lo que está en juego, la paz, la prosperidad. En cuanto al tipo que echan a la calle en Alençon, en vez de continuar cortando burdamente camisetas horribles, recibirá una formación, participará en productos que tendrán el doble de valor añadido, es la oportunidad de su vida. Vivimos en un sistema de la compasión, en el que hace falta drama por todas partes. ¿Me puedes decir por qué no se organizó una fiesta nacional el día en que se cerró la última mina? Tenemos carbón bajo los pies pero ya no hace falta enviar a pobres desgraciados seiscientos metros bajo tierra para intentar extraerlo mientras cogen la silicosis o se libran de una explosión de grisú. Es maravilloso. En vez de eso, tuvimos que soportar un discurso lacrimógeno del estilo es una parte de la historia de la clase obrera que desaparece. ¡Coño, pues tanto mejor! ¿Te gustaría tener a tus hijos en el fondo de una mina? Es extraordinario vivir en un país que tiene carbón bajo sus pies y que puede prescindir de ir a buscarlo, que ya no necesita mandar a personas a arrastrarse como ratas por los túneles y a dar martillazos a algo repugnante. El mundo mejora, nos guste o no". Mal que les pese a algunos (o a muchos, si tenemos que hacer caso al volumen de almas ofendidas en los comentarios), hay bastante de verdadero en este fragmento. En contra de lo que dice mucho de la progresía, las desigualdades a nivel mundial no están aumentando, sino disminuyendo, y es en gran medida debido al fenómeno descrito arriba. Sí, muchas de las empresas que dejan Europa o Estados Unidos acaban convertidas en factorias de aspecto francamente horroroso en China o la India. Y sí, tener a críos de 14 años trabajando diez horas del día haciendo juguetes suena bastante horrible, pero uno tiene que tener en cuenta qué hay detrás del cambio. Primero, en el primer mundo ha desaparecido un lugar de trabajo para mano de obra poco cualificada, sin posibilidades de llegar nunca a generar demasiados ingresos. Hay alguien que se va a la calle, pero casi nunca es de un puesto de trabajo que valga demasiado la pena conservar; como dice Reza, minero no es precisamente un oficio atractivo. Algo que se debería decir más a menudo desde la izquierda y que es necesario recordar: el estado del bienestar protege personas, no empleos. Es preferible, desde un punto de vista económico y social, dejar que las empresas cierren cuando no dan beneficios y ayudar a los empleados, no regar a los empresarios de subvenciones. La economía ya va hacia donde puede hacer dinero; el estado debe concentrarse en ayudar a que todos puedan subir el tren, no en mantener empresas en respiración asistida. En el otro lado, el de los países en desarrollo que recibe la nueva empresa, debemos tener en mente antes de juzgar cuál era la situación anterior de los presúntamente explotados trabajadores. En otras palabras, dónde estaría ese chaval que se pasa el día fabricando Bratz en China si no hubiera llegado la fábrica. La respuesta es sencilla: en algún villorrio perdido en una zona rural, arando un campo o recogiendo arroz y viviendo en condiciones mucho más insalubres que en la ciudad. A pesar de lo horroroso de las condiciones laborales, él y su familia han dejado el campo y se han quedado en la ciudad, trabajando en la fábrica, porque oh milagro sus condiciones de vida han mejorado. Y sí, de aquí viene la disminución de las desigualdades a nivel global. Básicamente, un tercio de la humanidad vive en economías que están creciendo a velocidad de vértigo, India y China, y eso está teniendo efectos claros y reales sobre su población. En algunos lugares, incluso, la falta de mano de obra está haciendo subir los salarios, y todo gracias al libre comercio. Es cierto que estos cambios no están afectando a todo el mundo, y que lugares en Africa son de hecho más pobres que hace 70 años, pero eso no significa que la pobreza esté aumentando. También es cierto que dentro de las sociedades occidentales, algunos países han tenido un dramático incremento de las desigualdades en las últimas décadas (Estados Unidos especialmente), pero eso es el resultado de decisiones políticas, no sólo el malvado capitalismo global. Estamos de nuevo en lo de siempre, la izquierda de la consigna fácil. A riesgo de parecer un pedante, hay muchos que se lanzan a opinar y pontificar sin ni siquiera conocer el mundo en el que viven. No se puede hablar de "malvadas deslocalizaciones" en general, sin tener en cuenta que sus efectos varían enormemente dependiendo de cómo el sistema político de cada país se enfrenta a ellas. No se puede hablar de la globalización creadora de desigualdades, sino en todo caso el por qué parece que hay vastas regiones del mundo que no parecen salir nunca del agujero. La primera tarea de todo político se enfrenta es identificar los problemas. Como norma general, las consignas panfletarias no acostumbran a ser demasiado precisas.
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| Escrito por Roger Senserrich | |
| miércoles, 23 de agosto de 2006 | |
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Escolar enlazaba el otro día un fragmento de una obra de teatro de Jazmina Reza que vale la pena tener en mente:






