| Llegada a Beirut, Líbano |
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La llegada al Líbano no pudo ser más esclarecedora: a modo de bienvenida, en los escasos metros de tierra-de-nadie que separan las fronteras siria y libanesa, se encontraban los restos de un autobús que había sido objeto de un reciente ataque aéreo: la maraña de hierros calcinados fue a parar a uno de los larterales de la autovía, dos de cuyos carriles presentaban un cráter de unos 15 metros de diámetro.
La explosión debió haber sido terrible y el resultado, más allá de lo evidente, crear el pánico entre la población civil siria y libanesa, y servir de advertencia a cualquier persona que cruzara la frontera. Nótese que el tráfico no quedó realmente interrumpido, porque muy pronto los trabajadores habilitaron uno de los dos carriles del sentido opuesto para facilitar el paso en ambas direcciones, por tanto, asumiendo además que un autobús civil no podía de ningún modo ser un objetivo militar legítimo, y teniendo en cuenta que el uso de la fuerza no perseguía cortar completamente la carretera, es fácil concluir que el fin perseguido por los miembros armados de la organización para-estatal ocupante de Palestina era simple y llanamente crear terror. En otras palabras: terrorismo. Lo primero que uno percibe al avanzar hacia Beirut -ya en territorio libanés-, es la sensación de hallarse en un país, ejem, llamémoslo ''normal''. En el mejor sentido de la expresión, es decir... quizá el nivel de desarrollo y crecimiento económico libanés todavía no sea como el espannol, pero lo que a nadie escapa es que nos encontramos en un país prácticamente occidental. En todas partes es posible encontrar un sinnúmero de oficinas bancarias, comercios resplandecientes, todo tipo de fábricas, gasolineras... e incluso numerosos franquiciados de McDonald's y BurguerKing. Un país como el nuestro, a menos de cinco horas, con nuestro mismo clima mediterráneo y por encima de todo: con personas, exactamente igual que Espanna. Personas con sentimientos, con capacidad para llorar, con aspiraciones, con características insospechadamente similares a las nuestras... si no en todo, al menos en lo que verdaderamente importa. Pues bien, esa enorme similitud circunstancial choca frontalmente con un hecho trágico: el Líbano es la víctima perfecta de las agresiones militares de los ocupantes de su vecino surenno. Por más surrealista que pueda parecer al ojo descubierto, por más alejado y aséptico que nos lo puedan presentar por televisión, la cruda realidad es que esta gente ha tenido que aprender a olvidar hechos terribles que para nosotros serían profundamente traumáticos. Así, a los pocos metros del McDonald's, la carretera principal había tenido que ser reconstruida -en cuestión de horas, por cierto-, para sortear otro enorme socavón provocado por un ataque aéreo... y así, hasta en no menos de veinte ocasiones a lo largo de un trayecto que alcanzaría a tres horas de duración. Efectivos del pequenno pero valeroso y comprometido ejército libanés se encuentran desplegados por toda la geografía, con colaboración cercana con los grupos locales de resistencia organizada, abocados conjuntamente a labores de reconstrucción y servicio a la población local, auténtica destinataria de la ira agresora. El ejército comportándose como una organización de auxilio a su amada población... no pude dejar de reflexionar sobre ello, yo, llegado de Espanna, un país donde no hace tanto el ejército fue reducido a un mero instrumento de represión y odio político, por parte de la élite gobernante contra el conjunto de la población -y particularmente contra la mitad de esta-. Y así llegué a Beirut, una ciudad enorme y maravillosa, situada en la costa del Mediterráneo... la ciudad que otrora llamaran el París de Oriente Medio, a mi se me antojó una Barcelona en esplendor, una ciudad que combinan la luz de las Vegas con el sabor tradicional de las costumbres locales, paradigma de equilibrios que en otras partes parecieran imposibles, aquí la altura de miras y la tolerancia han sido un ejercicio histórico y constante. ¡Salud y Paz! Jaume d'Urgell, colaborador de socialdemocracia.org y de diversos diarios y redes izquierdistas está en la zona del Libano como periodista. Cada semana publicaremos algunos de sus artículos más interesantes sobre su experiencia en la zona del conflicto. Esta primera semana hemos seleccionado el artículo de su llegada a Beirut. Todos los relatos se pueden seguir a través de la web www.durgell.com.
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| Escrito por Jaume d'Urgell | |
| viernes, 25 de agosto de 2006 | |
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La llegada al Líbano no pudo ser más esclarecedora: a modo de bienvenida, en los escasos metros de tierra-de-nadie que separan las fronteras siria y libanesa, se encontraban los restos de un autobús que había sido objeto de un reciente ataque aéreo: la maraña de hierros calcinados fue a parar a uno de los larterales de la autovía, dos de cuyos carriles presentaban un cráter de unos 15 metros de diámetro.







