| Democracia representativa y el voto inmigrante |
|
|
El modelo socio-político de la democracia liberal representativa ha convertido a la ciudadanía en una masa de votantes y a la política en una profesión. Los políticos creen que su profesión amenaza ruina y se han lanzado a la búsqueda de nuevos caladeros de voto, entre los que destaca por su atractivo numérico el de los inmigrantes.
Conceptualmente la democracia viene a ser como el lío este que se ha montado con la fulminante destitución de Plutón como miembro del exclusivo club del Sistema Solar, que hasta que no se reúnan unos expertos en la cuestión no habrá una definición que llevarse a la boca para destituir a quien no se ajuste a ella. Así las cosas, como ha pasado hasta el momento con Plutón, cosas que no dan la talla como “democracia”, a falta de definición formal y consensuada – sobretodo consensuada – de lo que es eso, se las dan de tal. Desde que la democracia, así “a pelo”, empezó a dar sus primeros pasitos, allá por el siglo II a.C., en tierras griegas, la cosa del mundo de las personas ha ido evolucionando, transitando por diversos sistemas políticos, económicos y sociales (y, en cierta medida, en muchos casos aún sigue la transición a duras penas), hasta desembocar en esto de la democracia liberal representativa. Es obvio para cualquiera con dos dedos de frente que el modelo no sólo no es perfecto sino que, en realidad, raya la intolerabilidad. La democracia liberal representativa, que precisa del modo de producción capitalista para sobrevivir, ha contribuido a un reparto poco equitativo de la riqueza, a un acceso desigual e injusto a los bienes y servicios producidos por la sociedad y a una polarización económica insostenible en el tiempo. La globalización del modelo de mercado de libre competencia lejos de globalizar los avances sociales, económicos, culturales y tecnológicos, lo que ha hecho es globalizar la miseria, la explotación y acentuar las desigualdades. En este momento no sólo la riqueza del mundo se concentra en unas pocas manos sino que la brecha entre quienes más tienen y quienes menos tienen es un abismo insalvable. Total que esto de democracia tiene lo que yo de monje budista, ni la sombra, pero como no hay definición, pues todo vale, como Plutón servía hasta ahora como planeta. España, que no escapa a ninguno de todos estos procesos, y otros que se me olvidan – unos a conciencia y otros no –, ha experimentado estos últimos años un cambio sociodemográfico, económico y cultural importante, ha transitado de ser un país emigratorio a uno inmigratorio. El cambio se ha hecho a tal velocidad que andamos un tanto despistados y sin capacidad de respuesta, al menos a corto y medio plazo. Los distintos Gobiernos han implementado leyes – que es como un deporte nacional de ricos y poderosos – y montado vallas de gran altura que lo único que han conseguido es arruinarles más la vida a quienes se la juegan – porque no temen perderla – en un viaje peligrosísimo al paraíso del capitalismo occidental donde, al parecer, los chuchos se amarran con tiras de longanizas y la democracia brilla con luz propia, proporcionando libertad, seguridad y amor sin fin a la feliz y despreocupada ciudadanía Una ciudadanía que ha pasado de ser depositaria de la soberanía a convertirse en una masa de gente que va a votar, eso sí, cada vez en menor medida y con menor entusiasmo. Los políticos españoles, que ven como su credibilidad va cada día tocando más el suelo de la indiferencia ciudadana, viendo amenazado su opulento medio de vida, han pensado recolectar el voto de los inmigrantes, que deseosos de integrarse en la sociedad de acogida parecen ser un jugoso pastelito al que hincarle el diente para proseguir con la especulación urbanística y enriquecerse a costa de los impuestos ciudadanos. Ahora quieren que voten los inmigrantes porque los españoles estamos hasta el gorro de los gorrones metidos a politicuchos de tres al cuarto. Al final lo conseguirán, pero sólo será pan para hoy y hambre para mañana. A ver si se reúne el Consejo de Sabios sobre la Democracia y empiezan a echar del club de países democráticos a aquellos que ostentan un sucedáneo impresentable con ínfulas de ser lo que nunca ha sido. El problema es que a lo mejor se quedan solos.
|
Ningún comentario guardado
mXcomment 1.0.3 © 2007-2008 - visualclinic.fr
License Creative Commons - Some rights reserved
| Escrito por Enric Casanova | |
| domingo, 03 de septiembre de 2006 | |
| < Anterior | Siguiente > |
|---|
RSS

El modelo socio-político de la democracia liberal representativa ha convertido a la ciudadanía en una masa de votantes y a la política en una profesión. Los políticos creen que su profesión amenaza ruina y se han lanzado a la búsqueda de nuevos caladeros de voto, entre los que destaca por su atractivo numérico el de los inmigrantes.






