| Energías renovables, ATC y la cuestión de las subvenciones |
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No resulta difícil encontrar en foros diversos críticas mordaces a las
políticas de subvenciones de las que se benefician las llamadas
energías renovables o alternativas. Por el contrario, la otra
alternativa a los combustibles fósiles, la energía nuclear, parece
resultado de una encomiable iniciativa privada, apenas mancillada de
intervencionismo en lo que a financiación se refiere, pero que suele
arrastrar, sin embargo, generalizadas críticas en cuanto al
funcionamiento de las centrales y más aún en lo referente al
tratamiento de los residuos.
A pesar del creciente rechazo popular en la nómina de municipios candidatos a albergar el Almacén Centralizado Temporal de residuos nucleares, cuya ubicación se resolverá previsiblemente en diciembre de este año, las críticas a la gestión de lo nuclear en España apenas se han centrado en la vertiente financiera. Todo lo contrario de lo convencionalizado para las denominadas energías limpias, condenadas a hacerse un hueco entre la simpatía popular y las diatribas de algunos expertos que la rechazan por ineficaz y por ser un pasto de ayudas administrativas no siempre, dicen, bien justificadas. Lo cierto y verdad es que, en consonancia no ya con la
tradición nuclear de Francia, sino con el debate suscitado en potencias europeas
como Inglaterra o la misma Alemania, en el caso de España la postura oficial respecto de lo nuclear se ha ido matizando
en relación a lo que recogía el programa electoral del partido que sustenta el
gobierno central y de lo que el propio presidente, José Luis Rodríguez Zapatero,
proclamó, sobre este tema, en su discurso de investidura.
Mi percepción es que se está imponiendo, no sólo en
determinado sectores sociales, sino también en el discurso oficial, la razón
económica sobre otro tipo de consideraciones. En realidad, se trata de una
opción legítima que un gobierno democrático puede adoptar en virtud de la
representatividad que le ampara y que fue obtenida en una concurrencia
electoral. Es decir, que puestos a elegir alternativas y teniendo también en
cuenta las repercusiones económicas de Kyoto (que no
parecen tan abrumadoras como ciertos discursos también se encargaron de
proclamar), no parece del todo malo que se opte por la eficiencia y el
ahorro como criterio discriminador del apoyo estatal a determinadas energías,
como es el caso de la nuclear.
No obstante, si el criterio empleado para decidir la
apuesta por una determinada alternativa es el financiero, quizá habría que tener
en cuenta algunas consideraciones. Por supuesto, sin entrar en otras
consideraciones y debates en torno a la seguridad de lo nuclear o la eficacia de
las renovables.
Por ejemplo, la electricidad de origen nuclear no
incorpora el coste de desmantelamiento de las centrales nucleares, que sufraga
Enresa, que, preciso es
recordarlo, se trata de una empresa pública y que, por tanto, pagamos entre
todos. El kilowatio nuclear tampoco incorpora los gastos derivados del futuro e
inminente almacén centralizado de residuos o el coste de un accidente.
Afortunadamente, la siniestralidad de las centrales es mínima, pero no por ello
del todo descartable. Además, sí se han producido incidentes en centrales
españolas.
Más de subvenciones; con datos de la Comisión Europea, las energías basadas en
combustibles fósiles han recibido, bajo diferentes pretextos y coberturas, unos
10.000 millones de euros de subvenciones, por los 5.000 destinados a la energía
nuclear. Por el contrario, las llamadas energías limpias se han visto
beneficiadas con un monto que no superaba los 1.500 millones.
Algunos de estos datos economicistas merecen ser
completados con otros que nos sirvan para tener una perspectiva más general del
supuesto ‘gran impulso’ a las renovables que ofrece la administración
pública. Y es que, actualmente, España cuenta con 5 kWh de radiación solar
al día sobre cada metro cuadrado, pero las instalaciones de agua caliente de
fuente solar no alcanza el medio millón de metros cuadrados. Mientras, Alemania
con la mitad de radiación, tiene más de seis millones de metros cuadrados de
instalaciones del mismo tipo. De hecho, cuando se habla de la dependencia
energética de España, sería conveniente dejar de lado el discurso lastimero y
empezar a subvertir una situación como es la que afecta a la energía de fuente
solar: Alemania tiene ya 500 MW instalados, mientras que en España no se llega a
la décima parte.
No obstante, hay que ser cautelosos y seguir comparando y
estudiando un asunto de tanta trascendencia como las fuentes de energía en un
mundo donde la energía es cada vez más un elemento de posicionamiento estratégico. De hecho, y a
pesar de los relativos esfuerzos de la UE por establecer una política energética
común, está meridianamente claro que la cuestión de la energía se sigue
abordando desde una óptica individualizada. De hecho, se entiende como una
cuestión fundamental en la construcción de soberanía.
En cualquier caso y mientras se resuelve la incógnita del
futuro nuclear en España, hay que resaltar, en positivo, un esfuerzo por crear
una red de paneles solares en las viviendas, tal y como se recoge, por ejemplo,
en el Código Técnico de la Edificación que hará obligatorio
cuando entre en vigor en el mes de octubre las instalaciones solares
de agua caliente en todos los edificios de nueva construcción y en las
rehabilitaciones de más del 25%. Por supuesto, la normativa no ha estado exenta
de críticas…bajo un criterio economicista, claro. Aunque, yo no estaría tan
seguro del argumentado encarecimiento de las viviendas que llevaría aparejada la
aplicación del Código.
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| Escrito por Jesús Clavijo | |
| lunes, 04 de septiembre de 2006 | |
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No resulta difícil encontrar en foros diversos críticas mordaces a las
políticas de subvenciones de las que se benefician las llamadas
energías renovables o alternativas. Por el contrario, la otra
alternativa a los combustibles fósiles, la energía nuclear, parece
resultado de una encomiable iniciativa privada, apenas mancillada de
intervencionismo en lo que a financiación se refiere, pero que suele
arrastrar, sin embargo, generalizadas críticas en cuanto al
funcionamiento de las centrales y más aún en lo referente al
tratamiento de los residuos.







