Recientemente el congreso de los diputados ha sido testigo de una
comisión de trabajo sobre este espinoso tema. Una gran cantidad de
ponentes, del orden de 40, han ofrecido sus opiniones en este tema tan
ideologizado.
Lamentablemente este tema esta fuertemente dicotomizado en dos posturas
contrapuestas y la lista de comparecientes se lleno de psicólogos,
expertos, teóricos (y teóricas), sociólogos y algún que otro
representante de asociaciones de prostitutas o de ayuda a las mismas.
Es difícil posicionarse en un debate tan acalorado como este. Abogar por
la legalización es arriesgarse a ser tachado de machista como mínimo y
de esclavista con facilidad, máxime si uno es hombre. En cierta medida,
mi visión es externa al problema y de alguna manera, no es interesada.
Soy gay, no necesito la prostitución para echar un polvo y mucho menos
la femenina asi que con la ayuda de esa incierta red, me atreveré a
preguntarme una serie de cosas.
Mi primera pregunta, en la línea de lo dicho arriba es ¿Se legislara
escuchando a las prostitutas? Como gay recuerdo que durante mucho tiempo
(y todavía en la actualidad) la solución para nuestro “problema” pasaba
por dejar de ser gays. Una miríada de psicólogos estilo Aquilino Polaino
nos recitaban los horrores para la mente de la homosexualidad y su
posible cura y una miríada de moralistas nos aseguraban lo indigna de
nuestra condición y lo necesario que era huir de ella.
Todo lo hacían por nuestro bien, pero ninguno de ellos se molesto jamás
en preguntarnos nuestra opinión al respecto o a tenerla en cuenta mas
allá de una educada escucha. ¿Va a saber más un gay sobre su felicidad
que yo, teólogo eminente? Hablaban en nuestro nombre y debido a ello
jamás se atacaba el problema de raíz: sus propios prejuicios contra la
homosexualidad.
Sospecho que con la prostitución el tema es algo similar. El horror al
sexo y a su comercialización todavía impregna amplias capas de nuestra
sociedad. La prostitución siempre ha sido considerada como el peor y más
vil de los trabajos, la más baja estofa, el mayor ataque a la dignidad,
una esclavitud de la mujer, una violación. Pero es esa misma
consideración de vileza lo que destruye la autoestima de las mujeres que
se prostituyen, favorece la aparición de mafias, fomenta la
invisibilidad y por tanto la indefensión y, en definitiva, convierte en
indigno algo que es nada mas que una serie de acciones físicas sin mayor
trascendencia que la que le damos. ¿Por que la prostitución ha de ser
más vil que, por ejemplo, repartir pasquines o diseñar una campaña
publicitaria? ¿Por qué determinados movimientos o relaciones, las
sexuales, son aborrecibles y otros, en una obra o en el deporte, no lo
son? Solo desde planteamientos morales que ignoran y estigmatizan a las
prostitutas y la prostitución, se puede considerar que unos son malos y
otros, no.
Mi segunda pregunta es una que muy poca gente tiene el valor de hacer:
¿Se escucharan a los usuarios de la prostitución cuando se legisle sobre
ella? Ya estoy escuchando el ruido de cuchillos al salir de sus fundas,
pero déjeme acabar antes de ajusticiarme. Sinceramente, ¿creen que los
usuarios de la prostitución son malvados seres violadores, deformes en
sus perversiones que quieren someter a la mujer? ¿O son tan solo
personas, en su mayoría hombres, que necesitan satisfacer una necesidad
física como es el afecto y el sexo?
Como gay, yo soy promiscuo y dicha promiscuidad, además, me parece algo
positivo. Gracias a ella he aprendido muchas cosas, conocido mucha gente
y disfrutado de un sexo libre y sin inhibiciones que me hace feliz. El
hecho de ser gay, ayuda a conseguirlo, claro. Hay un similar nivel de
demanda de sexo entre hombres, lo que posibilita una serie de
infraestructuras dedicadas precisamente a eso, infraestructuras donde no
hay que pagar para tener sexo, simplemente pagamos para tomarnos una
copa en un bar con cuarto oscuro, para entrar en una sauna gay o incluso
simplemente asistimos a los cientos de lugares de cruising que hay,
libres y gratuitos, a lo largo de todo el mundo.
Pero ¿un hombre heterosexual puede hacer todo eso? Sospecho que no. Y yo
me pregunto ¿Es indigno, perverso o malvado el deseo de sexo? ¿Es malo
querer disfrutar de un momento de relajación, o de cariño, un placer
sensual momentáneo, un conocer el cuerpo del otro que dure simplemente
lo acordado, sin ataduras y nada más? Y si prohibimos y perseguimos la
prostitución ¿Qué salidas les daremos a todas esas personas que tienen
necesidad de sexo y cariño? ¿Estamos preparados para eliminar el
consuelo de una gran parte de la población?
No creo que los hombres que tienen necesidad de sexo en realidad sean
monstruos. Es cierto que, como en toda relación de compraventa, el que
compra ejerce un poder sobre el que vende, pero en teoría, ambos
obtienen algo que desean. Lo criticable no es en si el sexo o su venta,
ni el deseo de sexo. Lo criticable son las formas en que esa compraventa
se realice, las garantías para la parte mas débil y en gran medida que
el comprador no sea poseedor o abusador, que es lo que la mayor parte de
mujeres feministas aborrecen de la prostitución, la perpetración de la
obediencia y sumisión de la mujer al hombre.
En un terreno tan resbaladizo ideológicamente, corremos el riesgo de
quedarnos en los planteamientos teóricos y simbólicos y no ser capaces
de ver que, sin la voluntad de prostitutas y usuarios, nunca, repito,
nunca se lograra una solución que satisfaga a nadie.
Mi tercera pregunta seria económica. Si perseguimos la prostitución
hasta lograr reducirla o erradicarla ¿Qué pasara con todas las mujeres,
transexuales incluidas, que no han tenido mejor opción en la vida que
trabajar en la prostitución? Hay que reconocer lo evidente: en la
actualidad, en la gran mayoría trabajan en la prostitución quienes no
tienen otra opción laboral pero ¿Qué pasaría si, además, no tuvieran esa
opción? ¿Qué harían todas esas mujeres, en muchos casos de clases
humildes, emigrantes o incluso transexuales? ¿Se dejarían morir sin más?
¿Serian, esta vez más claramente, la mano de obra mas barata? ¿O quizás
acabarían en la delincuencia, trapicheando drogas o robando lo que
puedan? De buenas intenciones esta empedrado el camino al infierno y
esta piedra, el bien de las prostitutas, puede ser uno de los hitos del
recorrido. Pretendiendo alejarlas de la indignidad estaríamos
lanzándolas de lleno a una indignidad peor. Habrá quien opine que todos
los trabajos son igual de dignos, pero en mi opinión los trabajos en los
que eres explotado no lo son. El abuso y la esclavitud económica, para
mi, nunca serán mas aceptables que una “inmoral” prostitución.
Y es que de nuevo no se les pregunta a las prostitutas y los chaperos.
Es cierto que la prostitución es algo que eligen quienes no les queda
otra opción, pero habría que matizarlo. Esta claro que si ofrecemos un
trabajo igual de remunerado, cualquier prostituta decidiría cambiar pero
¿esa opción existe? Y si no existe ¿nos extraña que elijan la
prostitución si económicamente les es más rentable? Y mas todavía, si la
prostitución no estuviese estigmatizada socialmente como lo esta ¿creéis
que muchas mas mujeres no elegirían la prostitución como trabajo? Sin el
peso de la losa social, no cabe duda que mas mujeres elegirían dicho
trabajo. ¿Es quizás esto lo que aterra a mucha gente, que la mujer
pudiera elegir, libremente, la compraventa de sexo como un medio de vida?
Hay muchos otros aspectos en este enorme debate, aspectos sobre la
viabilidad de la legalización, las repercusiones sicológicas de la
prostitución, la fugaz vida laboral de las prostitutas, la invisibilidad
que niega la existencia de manera hipócrita, los empresarios proxenetas,
y muchas mas que, me temo, dejare para otroartículo.
Espero, simplemente, haber aportado una serie de preguntas para la
reflexión.
VERDAD BASTA DECIR LO QUE ES Y NO MAS , PUES MUCHAS VECES LOS POLITICOS DICEN COSAS QUE NO SON , BASTA CON DECIR LO QUE ES.EL QUE ESTE LIBRE DE PECADO QUE...
Hola Citoyen Hola Citoyen encantado de charlar contigo.
Recojo tus comentarios e intentaré en el próximo artículo o en otro comentar las diferencias, según los...