| La profecía del miedo |
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España y Socialismo, son dos elementos muy vinculados entre sí, sobre todo cuando hablamos de reforma y modernización. En la II República Española, liderada por Manuel Azaña, el Partido Socialista Obrero Español prestó un apoyo importante para acometer importantes reformas laborales y educativas, destacando la reforma agraria y la legislación laboral que encontraron en las fuerzas de derecha una oposición radical. Más, tarde, tras el golpe militar del 36, la guerra civil llevó a España a más de 30 años de dictadura, que sirvieron para frenar las reformas emprendidas por las izquierdas e imponer un régimen abolicionista, represivo y torturador; un régimen motivado por el miedo a la reforma y el rechazo al pueblo soberano.
Durante este tiempo, el PSOE se preparaba desde el exilio para protagonizar un papel decisivo en la consecución de la democracia, de la libertad de España y de los españoles. Con la muerte de Franco, agonizaba la dictadura, y gracias al empeño de quien no quiso ejercer su herencia con totalitarismo, y sobre todo gracias a los españoles, se avistaba la llegada de la democracia, y con ella, una etapa democrática que nos obligaba a emprender reformas que devolvieran a España al lugar de donde nunca debió salir. Tras las elecciones de 1977, el PSOE jugó un papel importante en la gestación de nuestro sistema democrático, apoyó medidas de reforma política, y como no, participó de forma decisiva en la aprobación de la Constitución de 1978, que a diferencia de la derecha, que de nuevo se cobijó en la profecía del miedo a las reformas, votó a favor en las Cortes con un sí rotundo. Tras la dimisión de Suárez en 1981, y el intento fallido de golpe de estado el día de la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo, la UCD empezaba a alejarse del gobierno, y la victoria del PSOE en 1982, supuso la práctica desaparición de UCD en el mapa político. Con la victoria del PSOE, el motor del cambio y los avances sociales, fueron protagonistas de un gobierno reformista con el que de nuevo, la izquierda, protagonizaría una política para los ciudadanos, en un momento en el que las miras hacia una sociedad abierta y libre, implicaba llevar a cabo una política modernizadora, que ampliara derechos y extendiera oportunidades. La universalización de la educación pública hasta los 16 años, la multiplicación de oportunidades de acceso a la universidad, la dotación de un amplio sistema de Seguridad Social que garantizó más prestaciones, o la entrada de España en la CEE, son algunos de los avances de la etapa de Felipe González. Después de 13 años de progreso y avances en nuestro país, la derecha recuperó el poder basándose en una oposición destructiva, instalada en la crispación y en el miedo. 8 años de recortes de derechos conseguidos, de reformas educativas segregadoras, de recorte de derechos a los trabajadores; 8 años en los que las instituciones perdieron valor y protagonismo y la política se alejaba de los ciudadanos, donde los presidentes autonómicos socialistas no eran recibidos en Moncloa, la imagen de España en el exterior perdía confianza por culpa de la horrible invasión de Irak, y donde la mentira imperaba en el lenguaje político del Partido Popular. Los ciudadanos, cansados de ser engañados, volvieron a protagonizar un necesario cambio político que ponía de nuevo a la izquierda en la responsabilidad de gobernar. El PSOE, de nuevo, afrontaba un tiempo político de reconducción de España, de avances sociales y reestructuración de la imagen en el exterior. El socialismo español estaba llamado de nuevo a efectuar cambios y reformas que ahonden en el ensanchamiento de la democracia y en la consecución de más derechos para los ciudadanos. La derecha, que de nuevo demuestra su incomodidad en la oposición, y que aún no ha aceptado su derrota electoral del 14-M, esta instalada en la crispación, el insulto y la mentira. Su discurso apocalíptico nos traslada a otros momentos políticos, en los que todo valía cuando se trataba de conseguir el poder. Hoy el Partido Popular tiene el apoyo de algunos nostálgicos, que no contentos con intentar abortar el proceso democrático con golpes fallidos, hacen su mismo discurso, el del miedo, el de la ruptura, el de la confrontación. Una oposición que no es útil, como no lo fue con Felipe González, y que dista mucho de la responsabilidad política que nuestro partido ha demostrado desde su fundación, estuviera en el gobierno o en la oposición. España necesita partidos políticos responsables, en el gobierno y en la oposición; y hoy mientras el PSOE protagoniza una política reformista y modernizadora, las voces de los profetas del miedo y de los nostálgicos de la patriotería, intentan, otra vez, frenar las ilusiones de millones de ciudadanos. Yo creo que hasta en la derecha hay ilusión, y por ello estoy convencido de que al final se contagiarán de los valores positivos de la política, entendida como un instrumento para transformar nuestros pueblos, desde el respeto y la crítica constructiva. La historia de España es inseparable a la del PSOE, la historia del PSOE es inseparable a la de España; la profecía del miedo no conduce a nada, hemos de tener ilusión en lo que hacemos, esperanza en lo que soñamos y valentía en lo que pensamos; solo así se demuestra patriotismo y se contribuye a la construcción de un país sólido en el que los avances y la modernidad nazcan del protagonismo de los ciudadanos.
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| Escrito por Javier García Ibáñez | |
| domingo, 10 de septiembre de 2006 | |
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España y Socialismo, son dos elementos muy vinculados entre sí, sobre todo cuando hablamos de reforma y modernización. En la II República Española, liderada por Manuel Azaña, el Partido Socialista Obrero Español prestó un apoyo importante para acometer importantes reformas laborales y educativas, destacando la reforma agraria y la legislación laboral que encontraron en las fuerzas de derecha una oposición radical. Más, tarde, tras el golpe militar del 36, la guerra civil llevó a España a más de 30 años de dictadura, que sirvieron para frenar las reformas emprendidas por las izquierdas e imponer un régimen abolicionista, represivo y torturador; un régimen motivado por el miedo a la reforma y el rechazo al pueblo soberano.







