| La publicidad que te vende |
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Época de exámenes, septiembre infernal, la que vivimos quienes todavía paseamos nuestra juventud por la universidad. El infructuoso estudio, con relación a la vida en sí misma, deja paso, por un momento, al reposado descanso frente al televisor, a falta de mejores alternativas. Sentado en el sillón, la televisión se vuelve un sistema efectivo de evasión. Los anuncios, una distracción de importante calidad.
Todavía no atontado del todo, me llama la atención el anuncio de una cerveza corriente, de verde envase, en el que dos tipos aparecen en una barra de un bar. Uno de ellos, botella en mano, consigue atraer a dos muchachas de buen ver. El otro, perdedor, se pregunta de inmediato por la causa del éxito de su compañero. La explicación, claro está, se encuentra en que la cerveza anunciada posee un valor escondido, casi mágico, que dota a las personas del ansiado poder de la atracción. ¡Es la cerveza de los campeones! Rápidamente reacciono, era predecible: todos los anuncios para hombres están cortados por el mismo patrón. Honor y virtud. La competencia en el campo sexual da mucho juego. Compra esto porque ligarás, triunfarás. ¡Sí! Compra, porque de lo contrario serás un mierda. Me están llamando tonto a la cara y no me acabo de enterar. Los anuncios dirigidos a las mujeres son, si caben, más tristes. La idea vendida es que la chica se tiene que gustar, ella misma, cada vez más. Obviamente, para gustar más al resto; a los hombres. Ad nauseam. Utiliza la crema tal, compra el último artilugio del mercado, lleva colgado este trapo... con todo tendrás lista la figura. Bebe agua de la marca tal, verás en que belleza te convertirás; plaf. Bofetón a la intelectualidad. Te venden productos para venderte a ti. Todo el espectro publicitario está partido por la misma idea. Hazlo, consume, para gustarte más. Personaliza tu móvil, tu escritorio, tu ordenador, tu coche, tu casa. Personalízate tú mismo, a ti mismo. El colmo de la tautología. Se tú mismo, pero no olvides que necesitas ciertas cosas para ser realmente tú. Procura parecerte cada vez más a tu propia y desfigurada imagen, aunque no sepas ya quién eres. Te toman por un sujeto que realmente piensa que el anuncio es para él sólo. ¡Me habla! ¡A mí! Bájate, camarada revolucionario, a tu móvil, por cinco euros, la imagen del Ché. Juntos haréis historia. Tendrás, ah, un teléfono tan personalizado que sólo unos miles más de idiotas habrán hecho lo mismo. Tantos siglos de evolución para llegar a esto.
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| Escrito por Alberto Garzón | |
| martes, 12 de septiembre de 2006 | |
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Época de exámenes, septiembre infernal, la que vivimos quienes todavía paseamos nuestra juventud por la universidad. El infructuoso estudio, con relación a la vida en sí misma, deja paso, por un momento, al reposado descanso frente al televisor, a falta de mejores alternativas. Sentado en el sillón, la televisión se vuelve un sistema efectivo de evasión. Los anuncios, una distracción de importante calidad.






