| Las bondades del nacionalismo desde la óptica de un no nacionalista |
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El nacionalismo ha sido la semilla de ideologías atroces a lo largo de nuestra historia. La patria, la nación, ha sido utilizada como escusa para realizar asesinatos, para manipular a los ciudadanos, para llevarlos a guerras sin sentido contra los vecinos. Es incluso utilizado como cantos de sirena para defender intereses empresariales particulares con el esfuerzo de todos. Pero no todo es negativo en el nacionalismo.
El nacionalismo posíblemente una de las características del mundo moderno. Es una ideología que es transversal a izquierda y derechas, a estados con nación y a naciones sin estado. Es prácticamente consustancial con cualquier democracia y emerge en casi cualquier circunstancia. Fué ilusa la intención de la internacional socialista de que los trabajadores de las potencias en conflicto no participaran en la Gran Guerra, el nacionalismo y el patriotismo, bajo la fuerte influencia mediática del aparato estatal y de los intereses económicos que pretendían mantener sus ventajas coloniales, fueron mas fuertes que la solidaridad de clase. Por ello el nacionalismo ha sido objeto de numerosos ataques y ofensivas. Es tal vez la ideología que es mas fácil de ser utilizada para manipular a los ciudadanos y la que permite justificar privilegios de clase, de etnia o de grupo. Tanto liberales como socialdemócratas se han visto arrastrados en esa relación de amor y odio hacia el nacionalismo, mientras los comunistas intentaban sustituirlo por otro sentimiento de pertenencia y de proyecto de revolución (nacional, por supuesto), y los conservadores han abrazado con pasión esa ideología. Sobre los problemas del nacionalismo, sus efectos negativos se han escritos numerosos artículos en esta web (tan solo hay que poner el término nación en el buscador y saldrán decenas de entradas). Pero esta vez quiero hablar de los efectos positivos de la “construcción social” que denominamos nación. Ante todo aclarar que no soy nacionalista. Me defino como catalán, español y europeo, sin que tenga que ser una cosa mas importante que otra, y sin creer que es maravilloso tener uno de estos sentimientos de pertenencia y no tener otros. Son los que azarósamente tengo por mi entorno social, cultural y por supuesto nacional. Es cuestión de aclararlo porqué para alguien que se define como nacionalista el debate entra en sus convicciones morales personales y se mueve por un filo mas complicado. Yo en cambio no tengo ese apego emocional, o no lo tengo tanto como alguien que se sienta nacionalista. Pero como no nacionalista no abomino del nacionalismo, ni de la nación. Y es raro, porqué para un catalán y español no nacionalista, lo natural debería ser lo contrario. Como español sufro los ataques inexorables y asfixiantes de unas formas de nacionalismo español que me obligan a definirme en contra de como me siento, y como catalán sufro la presión de algunas formas de nacionalismo catalán que me obligan a escoger entre “papá y mamá”. Para ambos extremos soy un traidor. Pero independientemente de la existencias de estas formas de nacionalismo, no todo nacionalismo es excluyente ni, como dice Maaluf, son identidades asesinas. Y además tienen efectos positivos. En la sociedad ultramoderna, postmoderna o moderna, (según que líneas de la sociología estamos en un escenario u otro), para mí la sociedad moderna, las viejas formas de construir la identidad: familia, religión, comunidad, se han visto trastocadas. La seguridad física ha aumentado pero la seguridad subjetiva no. Hay miedos al futuro y a catástrofes globales que son nuevas. La industrialización ha alejado al hombre de los productos que consume. Ya no vé quien produce patatas y sabe como las cultiva (incluso puede ser él), prácticamente todo lo que consume y necesita no sabe ni quien lo produce, ni como, ni como le llega. Ha de seguir mecanismos de confianza y de “trust” (utilizo las definiciones de Giddens extraídas de “Las consecuencias de la sociedad moderna”), de depositar confianza en unos mecanismos institucionales que le indican que los alimentos que come estan en condiciones, que el tendero no le podrá estafar porqué tiene que publicar sus precios, que los aviones no caeran porqué los ingenieros saben hacer su trabajo, que las guerras no estallarán porqué los políticos trabajaran para ello. Pero este tipo de confianza es débil. No es como el presencial, donde conoces a quien te proporciona las patatas, conoces a todos los miembros de tu comunidad, tus posibilidades vitales estaban muy prefijadas. Eso genera inseguridades. Ademas la necesidad del “otro” para definir nuestra identidad es esencial y en un entorno donde la familia es mas pequeña, la comunidad ha perdido su sentido, donde al salir a la calle solo vemos caras nuevas y anónimas, donde los rituales de socialización se han alterado hasta el punto que han llegado incluso a institucionalizarse (como la escuela, el hospital, etc..) tal y como han ido definiendo los antropólogos como Foucault o los sociólogos urbanos como Castells o los lingüistas como Chomsky. La construcción de nuestra identidad tiene pilares directos mas débiles que en las sociedades premodernas. Por tanto los mecanismos que permiten dotar de identidad a los individuos, de definirse como miembros de una comunidad son no solo positivos sino necesarios para la coherencia y la maduración del propio individuo. Y los nacionalismos lo proporcionan con una enorme eficacia. De hecho es casi imposible que un individuo no tenga esos sentimientos, de una forma u otra. El que no vibra con la bandera lo hace con la selección de baloncesto y el que no con Fernando Alonso y el que no con la senyera o la selección de korfball. No hace falta ser un nacionalista para simplemente sentir cierto orgullo de pertenecer a la misma comunidad nacional que la que tuvo Cervantes o a la que perteneció Pau Casals. Es algo bastante presente en todas las sociedades modernas. Y este nacionalismo “light” que ayuda a identificarte con el vecino forma parte de muchas de estas formas de socialización “light”. El ser de un club de futbol, el sentirte identificado con el grupo de trabajadores de tu empresa, el pertenecer a la misma red de internet. No son socializaciones “hard” como las del mundo premoderno, pero ayudan a configurar las identidades de los individuos. Además ayuda a que la solidaridad, sea privada o pública, en esto no entraré ahora, sea proporcionada con mas alegría y con menos oposición. Los sistemas impositivos redistributivos hacen que las personas con mas rentas den parte de sus ingresos a proporcionar servicios para todos pero que consumen mas las personas con menos rentas. Las donaciones a fundaciones y a proyectos de solidaridad (mucho menos cuantiosas y por tanto con menores resultados dentro de los países) la hacen personas que deciden desprenderse de un capital para ayudar a otros que creen mas necesitados o en una situación mas desvalida. El nacionalismo ayuda a que alguien de la clase alta que tiene un estilo de vida totalmente distinto, que no compartiría ningun sentido de pertenencia con un indigente, que incluso no llegará a ver en su vida ni a saber de su existencia, done dinero o no ponga demasiados reparos en pagar sus impuestos por colaborar con un “nacional”. Aquí se mezclan otros sentimientos como el egoismo, la solidaridad con el semejante, la caridad, la ideología, la percepción que puedan tener los individuos de la utilidad de los servicios públicos, etc... Pero el nacionalismo ayuda a cohesionar los ciudadanos de un territorio en buscar el provecho mútuo. Incluso en el caso mas extremo de que ese grupo de ciudadanos vea amenazada su forma de vida y su modelo social por un agresor externo, hace que esa defensa sea mas eficaz. No entraré en ejemplos concretos, pero los ejércitos nacionales son superiores y lo han sido históricamente a los ejércitos mercenarios, ya que la motivación de los segundos es solo la pecunaria (y tal vez la del orgullo), y a la que las tornas se ponen malas son los primeros en huir acelerando la derrota. De hecho incluso partidos nacionalistas de izquierdas son capaces de vertebrar proyectos sociales que superen el concepto de etnia, idioma o incluso nación y sean actores que ayuden a la cohesión social que es necesaria tanto para el funcionamiento de la economía como para la paz social. Ejemplos, de hecho muy cercanos a los barceloneses, que hemos gozado de la coalición de los partidos de izquierda catalanes en el ayuntamiento haciendo un modelo de ciudad socialdemócrata que ha permitido una mejora de calidad de vida de sus ciudadanos en un entorno sociológico muy complejo y donde el partido independentista también ha jugado un papel positivo y esencial junto al partido socialista y al ecosocialista. La única capital importante que en democracia no ha sido gobernada por la derecha es de hecho la ciudad que ha mantenido en su gobierno permanentemente a regidores independentistas de ERC y con unos partidos de izquierda como el PSC y ICV que se definen como catalanistas y que ha mantenido un modelo de ciudad densa, europea y con unos altos niveles de convivencia, cuando partía de una ciudad de extremos, segregadora, marginadora y excluyente. Es decir, el nacionalismo no puede ser satanizado sin mas. Hay algo aún mas importante para alguien no nacionalista como yo. El nacionalismo “light” lo sienten la mayoría de mis conciudadanos, con la paradoja de compartir ese sentimiento con otras formas de nacionalismo “light”. Sería absurdo satanizar algo que ayuda a que los ciudadanos de la sociedad en la que vivo se sientan mas agusto entre ellos. Lo que hay que evitar son los efectos de los nacionalismos excluyentes, los gérmenes de la xenofobia, del racismo, de la insolidaridad con el extranjero, los efectos que llevan a imponer un nacionalismo sobre otro, que pretenden imponer una única forma de entender la convivencia colectiva. Los efectos que anulan al individuo y rompen el pacto social tácito y el respeto por los sentimientos individuales. Ante ello, sí que debemos ser tajantes, no dar ninguna oportunidad para que el nacionalismo “light”, degenere en mecanismos de coherción ideológica, de sometimiento del individuo, de anulación de la persona y de su individualidad.
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| Escrito por Jose Rodriguez | |
| miércoles, 13 de septiembre de 2006 | |
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El nacionalismo ha sido la semilla de ideologías atroces a lo largo de nuestra historia. La patria, la nación, ha sido utilizada como escusa para realizar asesinatos, para manipular a los ciudadanos, para llevarlos a guerras sin sentido contra los vecinos. Es incluso utilizado como cantos de sirena para defender intereses empresariales particulares con el esfuerzo de todos. Pero no todo es negativo en el nacionalismo.







