| El fín de la hegemonía del dólar |
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El orden económico internacional está cambiando desde hace unos años, a ritmos cada vez más acelerados, y aspira a modificar la estructura política mundial. Las diferentes guerras que han tenido lugar en estos tiempos han estado directamente relacionadas con este conflicto económico de fondo, que tanto preocupa a las élites de poder occidentales, mientras se ha pretendido hacer creer lo contrario.
Tras los acuerdos de Bretton Woods, en 1944, el dólar se convertiría en el punto central de la economía internacional, al tener una convertibilidad fija con el oro en una relación de 35 dólares por onza de oro. Esto significaba que poseer dólares era equivalente a tener oro, e incluso mejor, dada la inmensa cantidad de operaciones realizadas con la moneda norteamericana. Sin embargo, la administración estadounidense no pudo mantener su promesa de mantener una equivalencia fija, y tuvo que abandonar el sistema. Fue sustituido por el sistema de cambios de flotación libre, donde el precio de cada moneda se establecía en el mercado, y no por el reconocimiento de un lider económico como había ocurrido hasta entonces. A pesar de este cambio, EEUU logró seguir ostentando el dominio económico. La razón se encuentra en que la élite estadounidense, apoyada por las autoridades de ese país, logró un trato comercial con la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) para valorar el petróleo en dólares de EEUU. De esta forma, se conseguía que el dólar mantuviera un lugar preferente en el global de todas las monedas circulantes en el mercado, al estar respaldado por el petróleo. La contrapartida que ofreció EEUU fue la de ofrecer su protección a las monarquías del petróleo en el Golfo Pérsico ante cualquier ataque interno o externo. Las reservas internacionales, que son los medios de pago internacionales detentados y administrados por el banco central de cada país, están constituidas principalmente por Oro, garantía última de una economía, y divisas extranjeras utilizadas normalmente en operaciones comerciales. Obviamente, con un dólar hegemónico, y valorándose todos los barriles de petróleo en dólares, la moneda estadounidense es la principal de este conjunto. Más del 65% de las reservas de los BC de todos los países estaban, a finales de los 90, en dólares(1). La razón está en que el mercado petrólifero funciona como cualquier otro, de modo que para comprar petróleo en dólares se requiere la compra previa de esos mismos dólares, lo que permite mantener artificialmente a dicha moneda en niveles muy altos. La aparición del Euro fue el gran peligro para la economía dominante. Aprovechando esta nueva circunstancia, en el año 2000, un atrevido gobernante desafió las reglas del juego y cambió las reservas en dólares de su país por reservas en euros, perdiendo en el cambio –el euro se encontraba entonces por debajo del dólar- ingentes cantidades de dinero. Con la posterior subida del Euro, se recuperarían aquellas pérdidas, y todas las transacciones petroleras se realizarían desde entonces en la moneda europea. Sin embargo, aquel país fue acusado, en una farsa internacional, de la posesión de armas de destrucción masivas, por lo que fue invadido velozmente. Tras la guerra, el dólar volvió a imperar en Iraq. A pesar de ese ejemplo, otros países como Irán y Corea del Norte removerían sus reservas en dólares para sustituirlas por euros. El gobierno venezolano de Hugo Chávez sugeriría lo mismo en 2001, pero sólo un año más tarde un golpe de estado orquestado por la CIA interrumpiría el proceso. China y Rusia, desde el año 2002, comenzaron a cambiar sus haberes a Euros, y también Jordania había aceptado ya la divisa europea en sus intercambios con Bagdad. La creación de una bolsa petrolera por parte de Irán, cuyo aplazamiento parece haberse debido a la amenaza bélica que EEUU ha hecho recaer sobre el país, y cuyas transacciones se realizarían en euros, se ha convertido en otro importante obstáculo para la hegemonía internacional del dólar. No puede olvidarse que las reservas de Irán son muy importantes, y que en 2004 eran de 132 billones de barriles. El impacto macroeconómico que tendría ésta creación es igualmente de magnífica importancia. Y es que, si los principales países exportadores de petróleo y de gas decidieran modificar la moneda con la que realizan sus ventas de petróleo, los países consumidores habrían de sustituir sus actuales reservas en dólares por reservas en euros. El efecto, la vuelta a casa de grandes cantidades de dólares, significaría el colapso de la gran superpotencia mundial, que se vería incapacitada en sus pretensiones imperialistas. Algunos congresistas republicanos han alzado su voz cuestionando las estrategías estadounidenses, que parecen responder a un intento desesperado de mantener el poderío dominante, económico y militar. No en vano, preocupadas ante tal situación, y como primera medida de respuesta, las élites estadounidenses optaron en marzo de 2006 por no publicar más el indicador M3, que mide cuánto dinero imprime EEUU. La pérdida de transparencia es, efectivamente, un paso más para evitar ese desplome que parece, salvo que alguna guerra tenga lugar, inevitable. http://www.agarzon.net (1) Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria.
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| Escrito por Alberto Garzón | |
| martes, 19 de septiembre de 2006 | |
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El orden económico internacional está cambiando desde hace unos años, a ritmos cada vez más acelerados, y aspira a modificar la estructura política mundial. Las diferentes guerras que han tenido lugar en estos tiempos han estado directamente relacionadas con este conflicto económico de fondo, que tanto preocupa a las élites de poder occidentales, mientras se ha pretendido hacer creer lo contrario.







