| La deriva política del PSOE |
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El PSOE ha dejado de ser un partido “socialista” y “obrero” para convertirse en un partido político de ideología liberal “progresista”, pero sin cambiar de siglas. El hooliganismo de una parte de la militancia, profundamente desideologizada, sustenta en la dirección a un grupo de personas cuyo único objetivo es alcanzar el poder y no transformar la sociedad por los principios del socialismo. En la última Conferencia “Política” el PSOE ha puesto de manifiesto los síntomas que anclan su proyecto político en el liberalismo, que también es la apuesta ideológica de los conservadores españoles del PP, y que lo alejan de los postulados de la izquierda.
En estos tiempos de "crisis ideológica" - tal vez explicar el concepto requeriría la elaboración de una tesis y no tengo ni la competencia ni el tiempo necesarios - es relativamente frecuente identificar ideología y partido político, no siendo objetivamente conceptos equivalentes y por tanto no sustituibles. No quiere decir esto que estemos frente a una antítesis conceptual, pero sí ante un error de interpretación que es necesario aclarar. Objetivamente las ideologías y las religiones - estos sí que pueden ser conceptos equivalentes - no precisan para su existencia de organización alguna, ni por supuesto de jerarquías dirigentes o interpretaciones exclusivistas y excluyentes de sus postulados. La izquierda y la derecha políticas, con todos los matices que pueden definirse en un contínuo en cuyos extremos se encuentren las esencias, existen "per se" - a priori, que diría Kant - independientemente de los partidos políticos. Y los partidos políticos se definen, al menos en teoría, en base a la pre-existencia de las ideologías, decantándose por uno u otro extremo del continuo, pero sin alcanzarlo, como en puridad ninguna religión alcanza a Dios en estado esencial. Algunas personas creen, desde mi óptica personal equivocadamente, que afiliarse al PSOE es condición "sine qua non" para ser socialista cuando, en realidad, es precisamente al revés - o debería serlo -, esto es, que para afiliarse al PSOE tendría que ser requisito ineludible comulgar con las ideas del socialismo. En este contexto la primera opción no pondrá reparos a que una persona de ideología no socialista milite en el PSOE, en tanto que para la segunda opción esto es impensable. Mi experiencia personal me obliga a confesar que, al menos en el PSOE - supongo que en el PP ocurre tanto igual -, manda la primera regla. En el fondo una catástrofe, pero que da soporte a la explicación de determinados fenómenos como que en esencia los proyectos políticos de PP y PSOE sean idénticos, hablen de lo mismo y, lo que es peor, aspiren a lo mismo. Si alguien había sido tan ingénuo como yo para creer que el PSOE de ZP iba a dar un paso, aunque fuere tímido, hacia la izquierda, que debería ser su lugar natural al tenor de sus siglas - tan maltratadas por la dirección del partido con la aquiescencia mayoritaria de una militancia en conjunto desideologizada y hooliganizada -, se habrá sentido tan defraudado como yo ante lo acaecido en el fasto organizado por la dirección del PSOE en Madrid - no podía ser en otro sitio - bajo el epígrafe engañoso de "Conferencia Política 2006". No hay aún conclusiones oficiales colgadas en la web del PSOE, ni creo que las haya en breve, pero de la lectura del documento marco, que es un tocho infumable lleno de paja sin espacio apenas para el grano, que es escaso y leve como pompa de jabón en un vendaval, se puede concluir sin llevarse a excesivo engaño que el liberalismo campa a sus anchas por ese partido, que dice ser "socialista" y "obrero". Hay que dejar claro que una persona no puede ser liberal y socialista a la vez y en el mismo espacio-tiempo, salvo esquizofrenia, por lo que resulta necesario definirse en uno u otro lado. Si una persona es liberal optará por el individualismo, el egoísmo como motor económico, social y cultural, así como por la libertad en sentido amplio y generalista; si una persona, en cambio, es socialista optará por el colectivismo, la propiedad pública de los medios de producción, la solidaridad como motor de cambio y avance, y por la igualdad en sentido amplio y global. Es incompatible conjugar ambos enfoques, cualquiera puede verlo por sí mismo, salvo desideologización galopante que apunta al hooliganismo como medio de ejercer la política, que es lo que le pasa a una buena parte de la militancia - que no de la dirección, que estos se mueven por dinero -, que apoya al PSOE como lo hace con su equipo de fútbol, sin más componentes intelectuales que el color de la camiseta. El PSOE es un partido liberal, puede ser que le añadamos el componente "progresista" para diferenciarlo del liberalismo conservador en lo social, pero salvo ese matiz, es liberalismo en sentido estricto, tanto como el del PP. Una persona al azar puede establecer su discurso en torno al maniqueísmo de que el liberalismo es malo y el socialismo bueno, o al revés, y estará de nuevo equivocado. Lo bueno y lo malo es subjetivo y, por lo tanto, relativo. Lo que es bueno para unos es malo para otros y viceversa. No se trata de una batalla de buenos y malos, sino de opciones políticas y engañadores profesionales. Se debe un mínimo de respeto a las siglas de un partido que nació para la defensa de los intereses de la clase obrera desde el socialismo, y no a un partido liberal - llamémosle "progresista" - para la defensa de los intereses de la clase media y la pequeña burguesía. Quien opte por el liberalismo, el conservadurismo, el fascismo, el anarquismo, el comunismo o el socialismo, que lo haga con los partidos políticos que defiendan esa opción política y no con unos que se autodefinen de una manera pero hacen política de la otra, que es lo que hace el PSOE. Al hilo de esta reflexión me gustaría añadir, para finalizar esta digresión, que me produce cierta envidia esa radicalización ideológica del PP que el Presidente del Gobierno, un tal ZP, califica de "extrema derecha", haciendo buena la moderación y malo el extremismo, condenando al socialismo al ostracismo, que es otro "ismo" mucho menos atractivo para los socialistas. Pocos caminos se nos abren a los socialistas para participar en la política española ahora que el PSOE definitivamente se ha salido del camino y ha decidido converger con los conservadores españoles en el liberalismo que buscó Aznar en su epopéyico y frustrado viaje al centro. Aznar se quedó a medio camino entre su bienamado José Antonio Primo de Rivera y Alberto Ruiz Gallardón. Ahí acabará ZP y su Gobierno liberal, junto al Presidente de la CAM, compartiendo principios y finales ideológicos, pero no habrá socialistas en ese sitio, que es el colmo de los colmos, que no haya socialistas en el partido socialista. Cosas de la modernidad.
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| Escrito por Enric Casanova | |
| miércoles, 20 de septiembre de 2006 | |
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El PSOE ha dejado de ser un partido “socialista” y “obrero” para convertirse en un partido político de ideología liberal “progresista”, pero sin cambiar de siglas. El hooliganismo de una parte de la militancia, profundamente desideologizada, sustenta en la dirección a un grupo de personas cuyo único objetivo es alcanzar el poder y no transformar la sociedad por los principios del socialismo. En la última Conferencia “Política” el PSOE ha puesto de manifiesto los síntomas que anclan su proyecto político en el liberalismo, que también es la apuesta ideológica de los conservadores españoles del PP, y que lo alejan de los postulados de la izquierda.







