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Lo pregunté en un artículo anterior, y vuelvo a insistir ahora: si el sentido común nos sugiere que la privatización de la justicia acabaría con el sentido de la justicia misma... la privatización de la educación, ¿respetaría al conocimiento como tal?
Hace unos meses, ayudando en la redacción de un artículo, trabajé con ciertos datos del Ministerio de Educación y Cultura sobre la evolución de los alumnos matriculados en universidades públicas y universidades privadas. Calculé el crecimiento porcentual para hacerme una mejor idea, y con ayuda de un editor gráfico confeccioné las imágenes que en este mensaje deberían observarse al lateral.  La evolución se refiere al intervalo que comienza en el curso académico de 1994-95 y termina en el pasado 2004-05. Dicho proceso es muy diferente según se refiera a la educación pública o privada.  En términos generales el crecimiento de alumnos matriculados en las universidades públicas es moderado durante los diez años que analiza el informe, superando el 15%. A pesar de esto, hay que precisar que del mismo documento se desprende la existencia de un descenso ligeramente superior al 4% en los últimos tres años.  En cambio, el incremento de alumnos en los centros universitarios privados es espectacular, superando un crecimiento del 210′26% en el tramo temporal analizado. Además dicha evolución es especialmente llamativa en la rama de las ciencias experimentales, que han visto incrementado su cuota de alumnado en un asombroso 1880′85%. No obstante, la rama de este tipo de educación que menos ha crecido mantiene una evolución que supera el 148%. No podemos olvidar, en cualquier caso, que estamos hablando de aspectos cuantitativos, en los que no están incluidos la creciente financiación privada que recibe la universidad pública y que, junto con los nuevos planes económicos de liberalización, pretenden transformar a la misma en un mero reflejo de lo que “necesita” el mercado. Hay que insistir, para finalizar, en que la sumisión de la universidad a los designios de un abstracto mercado, que entiende al ser humano como un simple consumidor, desechando su naturaleza humana, es también el fin del conocimiento mismo. http://www.agarzon.net
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