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Existen dos mitos extendidos, extendidísimos, sobre Hitler y el nazismo. Mitos que son convenientemente utilitzados por la derecha para criticar a la democracia y a las políticas de paz. En este primer artículo nos ocuparemos del mas falso y a la vez mas extendido de estos mitos: el de que Hitler ganó las elecciones alemanas y respaldó su tirania en este triunfo electoral.
Cuando un derechista dice cosas como que "la Ley de Matrimonios Gays es ilegítima, totalitaria y liberticida", uno suele responder "bueno, la Ley puede ser mas correcta o mas incorrecta, pero viene respaldada por una mayoría de un parlamento escogido mal que bien democráticamente, luego no es ni ilegítima, ni liberticida ni mucho menos totalitaria". La respuesta del derechista no se hace esperar: "si, bueno, Hitler también ganó las elecciones". Suponiendo que esto fuese cierto (que, como vamos a ver, no lo fue, al menos no tan descarnadamente), el argumento en si seguiría siendo una falacia muy poco elegante: el hecho de que un dictador como Hitler llegase al poder por medios democráticos no significaria que todo lo que se haga por medios democráticos y a uno no le guste sea "totalitario". Precisamente, lo que el derechista debe demostrar es eso: el totalitarismo de la citada Ley, su parecido con las medidas de por ejemplo un Hitler. Decir que una Ley es totalitaria pese a haberse tramitado por métodos democráticos argumentando que Hitler era totalitario pese a haber sido elegido por métodos democráticos es tomar como argumento precisamente lo que se tiene que argumentar.
Pero es que, además, este mito es eso: un mito. En las últimas elecciones libres que se celebraron en la República de Weimar, las del 6 de noviembre de 1932, los nazis obtuvieron únicamente 196 escaños de los 580 y pocos que tenia el Parlamento alemán, siendo la fuerza mayoritaria pero ni de lejos ocupando mucho mas del 30% del Parlamento alemán. En concreto, la distribución de escaños fue la siguiente:
Nacionalsocialistas: 196 Partido popular nacionalista alemán: 51 Partido Popular: 11 Partido económico: 1 Grupúsculos: 12 Centro Católico: 70 Partido popular bávaro: 20 Partido democrático alemán: 2 Partido Socialdemócrata: 121 Partido Comunista: 100
Como se ve, las izquierdas socialistas le ganaron claramente la mano a los nazis, pese a lo cual no pudieron evitar que ascendiese a canciller gracias a un dedazo del presidente Hindenburg, procedimiento que digo yo que no es muy democrático. Sin embargo, hay mas. En las anteriores elecciones libres, las de julio de 1932, los nazis obtuvieron 230 escaños: fue lo máximo que lograron nunca en democracia. Eso quiere decir que en noviembre del 32 habian perdido, ¡2 millones de votos! Los comunistas, por cierto, aumentaron de una elección a otra 10 escaños. Y, pese a todo, Hindenburg (derechista) nombró canciller a Hitler el 30 de septiembre de 1933.
Si a ello le sumamos que en estas elecciones de noviembre de 1932 los nazis venían respaldados por una campaña de terror callejero contra comunistas y socialdemócratas (reventando actos políticos y conferencias, rompiéndole las piernas a los candidatos locales izquierdistas, quemando locales...) y por generosas donaciones de los capitalistas alemanes que hacían que su presupuesto fuese notablemente mayor que el del resto de los partidos; si sumamos esto, digo, veremos que parece ser que no fue la democracia la que aupó a Hitler al poder, sino el desprecio hacia la democracia de los nazis combinado con la connivencia de los poderes fácticos de la República de Weimar y con el "mirar a otro lado" de las autoridades alemanas ante la violencia nacionalsocialista.
El final de toda esta historia no hace sino confirmar esto: en las elecciones de marzo de 1933, con un Hitler ya investido canciller con plenos poderes y con los partidos de Izquierdas perseguidos por las autoridades, los nazis obtuvieron 288 escaños, frente a los 200 de los partidos socialistas. Es decir, que en unas elecciones no-libres Hitler ganó pero no consiguió acabar con la democracia y el pluralismo. Solo en el momento en que Hitler decidió prescindir de todo procedimiento electoral y prohibir todos los demás partidos del Reichstag (que sumaban juntos mas escaños que el NSDAP), solo entonces, se instauró el totalitarismo. Y ello con el silencio del presidente Hindenburg, de los partidos de derecha, de las Iglesias alemanas (incluyendo la católica) y con el dinero y el apoyo de los grandes capitalistas. Como en el caso de la Segunda República española, quien acabó con con las libertades de todos fueron los derechistas y los ricos, y quienes las defendieron hasta el final, mal que bien, fueron unas Izquierdas divididas e inconfundiblemente socialistas. Y el instrumento que utilizaron para ello fue el mismo que los derechistas juzgan que llevó a Alemania al totalitarismo: la democracia. Este artículo pertenece al Dominio Público por expresa devolución del autor al mismo.
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