Un par de mitos sobre Hitler (II): "Fuimos demasiado blandos"
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Hablábamos el otro día sobre el supuesto fundamento democrático del ascenso al poder de Hitler. Hoy veremos otro mito: el de que Hitler prueba el fracaso de la política de distensión. Por una parte, este mito no es un mito: realmente las democracias occidentales rehusaron enfrentar a Hitler cuando debieron hacerlo, es decir, cuando este llevó a cabo pequeñas acciones expansionistas como la invasión de la Renania desmilitarizada. Unos (por ejemplo, Estados Unidos) porque optaban por una política aislacionista. Otros, como Gran Bretaña o Francia, porque creían poder apaciguar a Hitler. Y, efectivamente, esta voluntad de apaciguamiento fue la que permitió a Hitler expandir y afianzar su poder hasta que solo la unión de fuerzas sin precedentes de la Segunda Guerra Mundial pudo acabar con él.
De aquí, la derecha nacionalista española obtiene por ejemplo la conclusión de que “dialogar con los totalitarios, por ejemplo con ETA, no sirve de nada”. De aquí, también, los neoconservadores norteamericanos obtienen la justificación para su política imperialista, aduciendo que permitir a tiranos como Saddam Hussein permanecer en el poder es “cometer el mismo error que se cometió con Hitler”.
Sin embargo, contar esto es contar solo la segunda mitad del asunto. La primera mitad tiene un nombre: Tratado de Versalles. Por este tratado, las potencias vencedoras de la Gran Guerra impusieron a Alemania unas condiciones absolutamente injustas y humillantes para aceptar el cese definitivo de las hostilidades. Entre otras, se exigía el desarme total de Alemania, dejándola solamente con un ejército de unos 100.000 hombres sin apenas unidades blindadas ni aéreas, rodeado de ejércitos armados hasta los dientes como el soviético o el francés. Se le obligó a pagar unas abusivas reparaciones de guerra, asumiendo que la culpa de ésta había sido en exclusiva de Alemania. Se condenó a todo un país, en fin, a la bancarrota, a la precariedad económica y a la sumisión política. Se humilló a una nación entera por una guerra de la cual no había sido más culpable que las potencias vencedoras. Lord Keynes, con su perspicacia habitual, sentenció que si se imponían tales condiciones a Alemania la venganza no tardaría en llegar. Y llegó en forma de un Adolf HItler que jamás hubiese llegado a nada si los imperios europeos vencedores hubiesen tratado con justicia a Alemania. Entonces lo que primó fue precisamente la idea de que no se podía tratar con tibieza a una nación “belicista” como la alemana.
Así pues, parece ser que las potencias occidentales no cometieron el error de ser demasiado blandos con Hitler, sino sobretodo el de haber sido demasiado duros con Alemania. Fueron duros con quien debían tener manga ancha y se ablandaron con aquel a quien deberían haber parado los pies a tiempo. Si trasladamos el caso al mundo moderno, vemos que Estados Unidos ha invadido Iraq bajo el pretexto de luchar contra el terrorismo islámico, argumento un tanto sorprendente habida cuenta de que el régimen de Saddam, entre sus múltiples y fatales defectos, no contaba el de ser un régimen islamista. Mas bien parece ser que en Al Qaeda no podían ni ver a un presidente cuyo número dos (Tarek Aziz) era cristiano y cuyo régimen mal que bien era laico. La paradoja se hace aun más notoria cuando observamos quien es, tras Israel, el principal aliado de Estados Unidos en la zona: Arabia Saudí. La que con toda probabilidad es la tirania islámica mas obscurantista y fanática, el país de donde proceden las ideas que inspiran a Bin Laden y a los suyos, el mayor fabricante y exportador de odio anti-occidental, es el aliado en la lucha contra el terrorismo integrista. Una dictadura sanguinaria pero laica, en su día aliada de Estados Unidos, es el enemigo. ¿Alguien entiende algo?
Pero hay más. Resulta que por las mismas fechas en que se planificaba la guerra de Iraq, Corea del Norte volvió a jugar con armamento nuclear. La respuesta de Estados Unidos consistió más o menos en amenazar con la boca pequeña y a otra cosa. En cambio, a un régimen al que si que consiguieron desarmar, como era el de Saddam, finalmente le declararon la guerra. El mensaje no pudo ser mas claro: “si eres un tirano tercermundista y fabricas armas de destrucción masiva te trataremos con cuidado. Si en cambio no las tienes, nos inventaremos que si que las tienes, arrasaremos tu país y te detendremos”. Así que parece ser que los derechistas aciertan cuando dicen que Occidente parece no haber aprendido la lección que nos enseña la Segunda Guerra Mundial sobre a quien debemos tratar con dureza y con quien debemos intentar apaciguar, pero justamente al revés de cómo ellos entienden esa lección.
Buen paralelismo. Lo que mas ahonda en mi postura: no se puede trasladar en política internacional una solución de una década a otra sin tener en cuenta las condiciones y situaciones políticas. Por ejemplo, la eliminación del régimen Taliban en Afganistan puede que dote de algo menos de fuerza al terrorismo islamista, pero esa misma invasión en Irak ha provocado que ahora ese país sea foco de terrorismo. Esa lección que EEUU ha aprendido a sangre y fuego una y otra vez (no era lo mismo Vietnam del Sur que Corea del Sur) lo vuelve a provar nuévamente. A costa eso sí del sufrimiento de los iraquíes y arriesgando la vida de los soldados, que estan hasta el gorro de una guerra que no entienden, no de los congresistas belicistas ni de los magnates de la industria bélica.
Es muy interesante esta serie, Lluis. Pero el enfoque que doy yo a este asunto es diferente: no es que se "dialogara" con Hitler o se apacigüara a Hitler y luego la cosa resultara mal...es que la imagen de la Alemani nazi no era la que tenemos ahora.
Gran parte de la nobleza europea era pro-nazi. No pocos empresarios europeos se sentían aliviados de que alguien parara como fuera el comunismo. La administración de los EEUU fue amistosa con la Alemania nazi bastante tiempo, hasta el punto de felicitarla por carta por "la eficiente política eugenesica de la república alemana". Artistas como Chaplin tuvieron muchos problemas por meterse con la Alemania de Hitler.
Según lo veo yo no es que se apacigüara a Hitler...es que en gran parte había no poca gente que realmente le veía como un freno al comunismo. Y eso hacía que no se le viera como alguien malvado. El auge del fascismo hubiese sido dificilísimo (por los apoyos económicos sobre todo) sin el auge anterior del comunismo.
La situación es muy diferente hoy tanto con ETA como con el mundo islámico (si es que hay un mundo unificado que responda a ese nombre...).
La simpatía que pueda tener ahora mismo gente del PSOE por ETA o por Sadam Hussein no es ni comparable con la que sentían buena parte de los políticos conservadores, sacerdotes y empresarios por Adolf Hitler, fruto de lo que creo fue el "apaciguamiento".
Esa es la teoría de la opción cero. Parece que Carles es uno de esos hombres-termómetro que se suma al vuelo a las corrientes de opinión predominantes en la sociedad.
El punto de vista...
VERDAD BASTA DECIR LO QUE ES Y NO MAS , PUES MUCHAS VECES LOS POLITICOS DICEN COSAS QUE NO SON , BASTA CON DECIR LO QUE ES.EL QUE ESTE LIBRE DE PECADO QUE...