| Repartos de carnet, izquierdas y realismo |
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En El Socialdemócrata piden estos días una refundación del PSOE. Se quejan amargamente que el viejo partido del gobierno ha dejado de lado las ideas de la socialdemocracia clásica y se ha pasado a un liberalismo de izquierdas fofo, vacio e intolerable.
Oh cielos. Otra guerra santa por el derecho a reparto del título nacional de Paladín de la verdadera izquierda. Lo cierto es que estos cantos a la pureza ideológica del progresismo son bastante cíclicas, y a mi modo de ver, bastante equivocadas. Hay muchos y buenos motivos detrás del hecho que el PSOE de hoy no se parece en casi nada al partido de Pablo Iglesias, tanto prácticas como téoricas, y siempre hay un sector de la izquierda que parece empecinada en negar la realidad. Como hablamos de política, algo que esencialmente consiste en ver el mundo, deprimirse, y pensar en qué hacer para mejorarlo, no está de más dar un pequeño baño de realidad a algunos para discutir ciertos temas. Para empezar, es necesario utilizar la misma crítica que lanzo de vez en cuando a los seguidores de Hayek: los libros no tienen todas las respuestas, especialmente cuando se escribieron hace más de cincuenta años. Las recetas del marxismo clásico, que algunos parecen obcecados en no renunciar, parten del análisis (no necesariamente certero) de un barbudo hace casi 150 años, hablando de un mundo que apenas tiene nada que ver con el nuestro. En cierto sentido, es como tratar de reparar un reactor nuclear usando un manual de instrucciones de un máquina de vapor. Sí, los dos motores producen energía, pero los mecanismos que la producen son radicalmente distintos. Se puede argumentar, evidentemente, que cuando se habla de Marx se le trata como un punto de partida filosófico, no como un libro de recetas. Quizás una lectura tamizada por un análisis de la realidad actual (algo harto complicado, pero factible) dé algunas recetas relevantes. La pregunta evidente, claro está, es si estas recetas serían viables en el medio político actual, o dicho sin rodeos, si pueden ganar elecciones. La respuesta, me temo, es que no. Vamos, ni de broma. De hecho, ir por el mundo defendiendo que debemos impulsar cambios que nos lleven hacia una sociedad socialista es un billete en primera clase en el tren hacia el suicidio político. El último partido europeo más o menos importante en ir a las urnas con ese mensaje fueron los laboristas británicos a principios de los años ochenta, cuando Michael Foot llevo el partido a las urnas clamando nacionalizaciones y socialismo a espuertas. El resultado fue una espantosa caida de más de diez puntos para los laboristas (que ya venían de un derrota grave en el 79) quedando a 15 puntos de los conservadores. Por algo el programa electoral del 83 se le conoce como la nota de suicidio más larga de la historia. Tristemente, un político tiene que saber qué dicen las encuestas. Los votantes europeos (y vaya por delante, españoles) son en su inmensa mayoría centristas, y votan en consecuencia. Por muchos aspavientos y pedagogía que hagan los políticos, el electorado tiende a ignorar cantos de sirena revolucionarios o ideas demasiado lejos del centro, y huye de partidos que se alejen de una cierta normalidad. Un partido de izquierdas como el PSOE podría dedicarse a hacer honor a su nombre tradicional e irse a la socialdemocracia marxista desatada, si quiere; lo único que conseguiría sería darle una cómoda mayoría al PP. Si ser la verdadera izquierda le da el poder a la derecha de forma eterna, pues la verdad, prefiero ser una izquierda de segunda algo práctica y ganar elecciones de vez en cuando. Cosa que me lleva a la última falacia que usa Enric, la de decir que PSOE y PP son esencialmente lo mismo. Eso es, con perdón, ignorar la realidad con todas las letras. Uno sólo debe mirar al programa estrella de esta legislatura, la ley de dependencia, para darse cuenta que los patrones de gasto público de uno y otro partido no tienen nada que ver. Cuando se mira el gasto público de los gobiernos Zapatero con los años de Aznar (y es el gasto lo relevante; redistribuir por recaudación es poco factible), es fácil ver que los capítulos de gasto social han subido mucho más que en años precedentes, así como las políticas de igualdad. Lo cierto es que no sé que espera del PSOE. Si quiere un partido que propugne dar pasos hacia el paraiso comunista, los vecinos de Izquierda Unida (otro nombre contradictorio) están allí, esperándole. El apoyo electoral que han recibido últimamente le debería dar pistas sobre los motivos del PSOE para renunciar al Marxismo. Hablar de flojera de ideas para proponer recuperar libros centenarios como alternativa, la verdad, no es manera de ganar elecciones. Y sin votos, no se cambian las cosas.
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| Escrito por Roger Senserrich | |
| miércoles, 11 de octubre de 2006 | |
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