| La riqueza de los ciudadanos |
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Desde que escribió el Shock del futuro, y La Tercera Ola, es admirado por muchos, como precursor del pensamiento del cambio. Otros muchos gurús le han seguido Tom Peters, Guy Kawasaky, Gary Hamel. Pero sin duda, el fue el primero y el mejor. Ahora llega un nuevo libro suyo, La Revolución de la riqueza, que habla de nuevos paradigmas socioeconómicos, de nuevas tecnologías, de una nueva forma de trabajo y de onsumir, el prosumismo, y profundiza en los fundamentos del término que él acuñó, La Tercera Ola, en cuyos inicios que nos hayamos inmersos. Derechas e izquierdas, liberales y socialdemócratas han intentado acercar su discurso a las percepciones de Toffler, tanto en el ámbito empresarial como político. Feroz crítico de los representantes del “anticambio”, Toffler no puede ni debe ser enclavado en una ideología particular, a mi modo de ver, pues representa una fuente ideológica única en si mismo. En su último libro, habla de un concepto como el prosumismo, que es la riqueza que se genera al margen de los movimientos económicos medibles. El cuidado de los enfermos, las aficiones de las personas, el conocimiento masivo que cada día los ciudadanos vuelcan en Internet, la evolución y el cambio que éstos traen de la mano. Todos ellos ejemplos de una economía que se superpone y que se va imponiendo a la economía de PIB´s, porcentajes de incremento de beneficios, ratios de ventas y rentabilidades. Ideas muy interesantes que me han dado que pensar, y gracias a las que he reforzado algunas de mis ideas sobre el futuro que nos espera. En un mundo donde la riqueza puede crecer exponencialmente, y nuestro acceso a ella también, ideas como el nacionalismo centralista, o la acumulación de bienes materiales, verán como su significado queda relegado a un segundo plano ante la avalancha de cambios que interconectará a los ciudadanos del mundo, y nos convertirá a todos en nuestra propia patria y en patria de los demás. Veremos cómo poco a poco, la riqueza generada irá calando, haciendo que instituciones arcaicas (estatales o privadas) vayan perdiendo su influencia y su lugar, hasta llegar a un punto de no retorno en el que el dinero y la riqueza no serán lo que marque el destino de la Humanidad, sino algo accesorio de puro abundante. En el que los ciudadanos verán cómo las empresas y los Estados adquieren más poder sobre ellos, para de repente, colapsarse ante los nuevos paradigmas que ellos mismos han creado, y dar paso a un sistema en el que no habrá líderes ni jefes, y donde el único valor será el de las emociones, los sentimientos y la exploración del mundo y el cosmos. Pero me estoy adelantando mucho. Uno de mis primeros artículos, en este lugar privilegiado en el que somos más quienes lanzamos ideas renovadoras, trató sobre mi concepto del sector público. En este artículo, fuertemente criticado por quienes no entienden la riqueza sino como algo que pueden poseer, usar a su antojo, destruir o vender, decía que me consideraba uno entre muchos millones de accionistas del Estado. Que cada uno de nosotros tiene el deber, y cada día más la necesidad, de conservar los bienes y la funcionalidad del mismo. Aplicando a esta idea el concepto de prosumismo, cada uno de nosotros puede, de forma libre, enriquecer el mundo que nos rodea. Aumentar la riqueza colectiva en nuestras ciudades, en nuestros pueblos. ¿Ejemplos de ello? Muchos, mantener la calles limpias no ensuciando, reciclar, conservar el mobiliario urbano, pero también crear asociaciones culturales, cursos de cualquier tipo con los que llevar nuestras aficiones a un nuevo nivel, crear contenidos gratuitos para Internet. Demostrar, en definitiva, que no sólo el dinero mueve a los ciudadanos del mundo. Que, en un mundo donde todo cambia, donde todas las instituciones pierden parte de su importancia, y muchas de ellas, antes referentes, están evolucionando, como la familia, la religión, la universidad. Demostrar que en un mundo así, los representantes del inmovilismo no van a lograr impedir que el pueblo, que la gente, que cada individuo, cada persona, alcance su máximo potencial. Por el bien de la Humanidad, porque todos nos necesitamos, unos a otros. Necesitamos nuestro potencial, nuestros conocimientos, nuestro apoyo mutuo y nuestra solidaridad. Ante el todo vale para triunfar, el sólo importo yo y lo que siento, la izquierda y el pueblo debe alzar una voz que diga claramente que no. Que no queremos doblegarnos ante quienes nos consideran meros organismos trabajadores-consumidores, ante quienes nos quieren reducir a un número, a un DNI. Ese es el reto de la izquierda contemporánea. Demostrar que es capaz de crear riqueza, y que esto no significa anular la individualidad del ciudadano. Sino todo lo contrario. El pensamiento de izquierda debe encontrar el camino que permita que cada uno de nosotros pasemos de ser meros trabajadores a productores de riqueza, que pasemos de ser consumidores aborregados a ser individuos realizados, que valoren las experiencias, pero también su capacidad de crear. En definitiva, que cada uno de nosotros pueda hacer lo que quiera para contribuir a la solidaridad y al bienestar común, y al tiempo, disfrutar de un Estado del Bienestar creado entre todos, cuidado por el Estado y alimentado por la creatividad y los valores de cada uno de los ciudadanos.
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| Escrito por Francisco Agenjo | |
| miércoles, 18 de octubre de 2006 | |
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Siempre, o casi siempre, mejor dicho desde que estudiaba en la universidad, he admirado a Alvin Toffler (y su mujer Heidi). Este escritor, sociólogo, economista sin título, pero sobre todo futurólogo, da sopas con hondas a especialistas de todas las áreas por su presciente clarividencia y su visión nítida y anticipadora de por qué derroteros va a ir el destino de nuestra sociedad.






