Sé que tú y yo estamos muy unidos. Para ser justos, se nos podría llamar amigos íntimos. Hemos estado juntos en la escuela desde la guardería.Sé que tú venías de una familia acomodada, y yo venía de un hogar a ratos monoparental con unos ingresos inestables- y sin educación religiosa. En el instituto, yo iba a una escuela alternativa, tú fuiste a la esuela privada cristiana.
En casa, yo hablo un “idioma extranjero”. Tú hablas un inglés perfecto. Tú eres heterosexual.Yo no. Tú no sólo tuviste un coche al cumplir los dieciséis años ¡tuviste uno nuevo al entrar en la universidad! A pesar de que tuvimos la misma educación elemental y ahora vamos a la misma universidad, hay pocas cosas que veamos con los mismos ojos, así que cuando tú te indignas porque hay un club hispánico/asiático/para mujeres/para negros/ para sordos, y no hay un “club para blancos”, yo encontraré tu irritación desagradable. Tú entraste en esta universidad directamente desde el instituto hacia un puñado de profesores que estrechaban tu mano y pedían conocerte – hay partes del campus que tienen el nombre de tu familia. Yo me pasé dos años trabajando 60 horas a la semana y yendo al community college para llegar al mismo sitio. Así que cuando mi vida sobresaturada no me sirve para conseguir ese 4.0 que a tí no te cuesta más esfuerzo que estudiar, me encantaría tomar la tarjeta de tu papá y ver cómo te apañas sin ella. Cuando tengo que perderme una clase para asegurarme de que puedo ir a la clínica gratuita ese día – o cuando mi mejor amigo tiene que ponerse en una lista de espera de dos semanas para ver un terapeuta a causa de sus desordenados hábitos alimentarios, cuando todo eso para tí está al alcance de una llamada, no me cuentes necesitas alguien que vele por tus intereses. Este mundo fue creado por tu gente, para tí, y tú te has beneficiado increíblemente de él. Un “Club blanco” o un “Club para hombres” o quejarse de que haya un “Curso de defensa sólo para mujeres” - tristemente necesario- es enfermizo. Porque yo he trabajado tan duro para mantenerme donde estoy, y tú aún eres tratado como superior a mí, y aunque te esfuerzas, no, tú no has pasado por la mitad de lo que yo pasé. No se trata de un puñado de mujeres quuienes pensaron “Igual no deberíamos tratar de detener el cáncer cervical porque las mujeres podrían ponerse subidas y abrirse de piernas”, no eres TÚ quien tiene que sufrir porque alguien tome esa decisión por tí. La gente en el poder es como tú, y toman decisiones paraayudara gente como tú. Tienen en cuenta tu mayor interés, porque es el tuyo propio. No necesitas luchar para ser un chombre blanco rico. A todo el resto del mundo le encantaría estar en tu situación.
Y sé que sabes de qué hablo, cuando tienes que devolverme a casa porque pensamos “Está bien, no hay problema en ver una película en tu casa”, pero tu padre se pone como una fiera. Tal vezpara tí no sea “para tanto”, pero no eres tú a quien se le pide abandonar la casa no por hacer algo incorrecto, sino por ser alguien “incorrecto”. Tus padres llamaron a mi madre preocupándose porque yo te pudiera volver gay, preguntándole cómo pensaban resolverlo (enviándome fuera, por supuesto. Campamento anti-gay durante siete meses y no he tenido una relación reconocida desde hace más de tres años).
Así que sí, tus comentarios eran poco oportunos, de mal gusto, y en realidad altamente ofensivos para mí. No hay ninguna ley que restrinja tu libertad, la del hombre rico blanco. Yo, sin embargo, no tengo un control completo sobre lo que puedo hacer con mi cuerpo, y en esta ciudad, no se me recetarán ciertos medicamentos a causa de mi capacidad de ser “futurible embarazada”. Tú probablemente conseguirás un salario base más alto que el mío. No te sientes culpabilizado paraque te quedes en casa por la noche a causa del índice de criminalidad. Si tú no eres capaz de ver que tienes más privgilegios inherentes que yo, tenemos un serio problema.
Traducido de un mensaje escrito en inglés por lillybeloved. Gracias por permitirme ponerlo aquí, thanks for allowing me to repost it here.
Encuentro que el artículo es en el mejor de los casos algo corto de miras. Así que no me queda más remedio que intentar darle una perspectiva personal y transferible más amplia. Para empezar, la autora debería reconocer que ella es la que pertenece a un “club” de privilegiados, porque la distancia que le separa del ser humano medio en Asia, América Latina o África en cuanto a la calidad de la alimentación, educación, los cuidados médicos o el tren de vida en general, es mayor que la que le une a su rico amigo. En vez de reconocerlo, prefiere señalar con el dedo a su amigo diciendo que es él quien tiene “un serio problema”. ¿Tienen un serio problema o cada uno defiende lo suyo? No es extraño que, como se insinúa en otro texto de este portal, y salvo honrosas excepciones, los privilegiados son de derecha y los que creen que se pueden beneficiar de la redistribución de riqueza votan a la izquierda. Tampoco es extraño, que el votante medio de izquierda, que aprueba la redistribución a nivel “nacional”, esté a favor de que se den limosnas al tercer mundo (ayuda al desarrollo) para tranquilizar su conciencia (aquí hay un paralelismo con lo que decía Jose en otro texto sobre los privilegiados que dan más dinero a ONGs), pero esté en contra de que le toquen lo suyo y de que la redistribución se haga en pie de igualdad favoreciendo a todos los ciudadanos del planeta. En fin, que aunque nos revistamos de grandes ideales, a grandes rasgos cada uno defendemos nuestros intereses. Esto enlaza con el siguiente punto. El artículo se queda en condenar la desigualdad como si fuese una realidad unidimensional que acabase en sí misma, pero por supuesto no es así. La desigualdad es un fenómeno complejo relacionado con la creación de riqueza para todo el mundo. Décadas de historia económica de las sociedades modernas nos dan ejemplos una y otra vez de que la desigualdad y la ambición de unos cuantos, es el motor que crea empresas productivas, puestos de trabajo y en riqueza en general. Al contrario, los experimentos que se han intentado de imponer una relativa “igualdad” (URSS, China pre-capitalista, Cuba, Corea del Norte) han acabado en pobreza y estancamiento. Una vía intermedia de intervención en las empresas por parte del Estado también tiene más probabilidades de acabar en corrupción e improductividad que en lo contrario. Mi inspiración en cuanto a política económica es un país donde hay desigualdades evidentes, y donde hay personas asquerosamente ricas y privilegiadas como el Sr. Ikea. Efectivamente no me estoy refiriendo a los EEUU, sino a Suecia y a los países nórdicos en general. Su secreto es combinar los instrumentos del liberalismo (libre mercado, libre empresa, flexibilidad laboral…), con un estado del bienestar que proprociona servicios básicos para todos, oportunidades y capacitaciones para que todo el mundo pueda beneficiarse subiéndose al carro de la economía capitalista y una red para los que por algún motivo no logran ayudarse a sí mismos. Idealmente, y simplificando muchísimo, el Estado no se “mete” en el modo en que las empresas crean riqueza, y las empresas no se meten en el modo en que el Estado mejora las oportunidades, proporciona servicios sociales y rellena los agujeros redistribuyendo recursos. En este sentido la desigualdad se podría considerar un mal menor, digamos que saludable, si lo comparamos con el estancamiento económico que empíricamente hemos observado en los intentos de imponer la igualdad, o incluso de interferir en la creación de riqueza por parte de las empresas. La experiencia, tras muchas pruebas y errores, nos dice que, pese a lo que puediera pensarse después de leer este artículo corto de miras, lo saludable económica y socialmente no es intentar abolir los privilegios como los del señor Ingvar Kamprad, o más de actualidad los de los señores de Gates, (premios Príncipe de Asturias como ejemplo de altruismo), sino en mejorar la situación de los que están en la parte de debajo de la escalera, para que suban cuanto más arriba mejor. Sobre todo dándoles oportunidades para que suban por sus propios medios, y proporcionando escaleras mecánicas para los que por circunstancias ajenas a su voluntad y esfuerzo no pueden subir por sí mismos.
Una puntualización. Estaba argumentando antes que las desigualdades meritocráticas son un mal necesario. Sin embargo el artículo ponía un ejemplo de privilegio por herencia, aunque supongo que es generalizable a los privilegios en general.
En cuanto a la herencia, una fuente de desigualdad completamente inmerecida, a ver quien es el guapo o guapa que le pone el cascabel al gato. Tendrá que pelear contra los instintos de la naturaleza humana y eso es muy duro. Como humanos vemos en los de nuestra sangre, nuestros hijos, una prolongación de nosotros mismos, y en la herencia una prolongación de la propiedad privada. Al menos los que tienen algo que heredar, claro.