| La doblez moral |
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Azúa rememora viejas polémicas sobre un polémico pero a pesar de todo interesantísimo Foucault. Este arqueólogo del saber y del poder que combatió las sacralizaciones, ahora en peligro a su vez de ser sacralizado. De la oposición de las ideas mediante el diálogo surgen nuevas que superan las dos antecesoras. Siguiendo esa línea atribuida única pero injustamente a Hegel, en el fondo la discusión de las ideas mediadas por la razón humana son la base del avance del progreso entendido como producto de la cognición. Es en definitiva la ganancia para lo humano. Seguramente estoy dando rodeos a lo que el autor del artículo expone claramente al final, tras meditar sobre un debate filosófico histórico más que moral, ético, y sus consecuentes justificaciones relativistas que huyen de la responsabilidad, en definitiva del compromiso con el género humano. Reproduzco la impresión del autor en la política de nuestro tiempo: “Tiene mucha gracia que se enfrenten dos posiciones de las que no hay una que defienda la razón o la verdad, o algo similar y otra que la relativice, sino que ambas defienden la inexistencia de verdad, razón o algo similar en el terreno moral. Ambas saben que sus discursos sobre la justicia, el derecho, la patria o la libertad son una mera defensa del poder que administran y que la verdad se construye relativamente al discurso enemigo.”
¿Realmente la mujer del Cesar tiene que ser casta y pura o con parecerlo ya basta, o mejor aún con parecer que lo parece ya basta? Creo que los discursos políticos actuales están fundamentados, tanto a la derecha como a la izquierda, en la oposición al otro discurso antagónico. Se fundamenta una moral y una ética en contraposición a su contrario. Existe la materia, porque evidentemente existe la antimateria, aunque nadie la haya mesurado. La referencia es el reflejo del cristal: nuestra izquierda corresponde al lado derecho de la imagen reflejada, y a nuestra derecha corresponde el lado izquierdo de la imagen. Pero sólo lo que nos interesa, porque en el fondo la parte superior nuestra es la parte superior del espejo y la parte inferior es la inferior del mismo. La relativización, el giro y el cambio sólo es en una “digámosle ficticia dimensión moral y ética, alejada de la realidad racional y humana de la ciudadanía. Nos están acostumbrando a un relativismo justificador y a una moral post-post modernista que niega aquellos valores que aunque antiguos y supuestamente denostados, defendieron bajo el lema igualdad, libertad y fraternidad. ¿Es relativo, amoral o antiético y estético hablar de responsabilidad y coherencia?
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| Escrito por David Fornons | |
| lunes, 23 de octubre de 2006 | |
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Felix de Azúa en el artículo publicado el sábado 14 de octubre en el país y titulado No me lo puedo creer expone de forma didáctica, a mi siempre subjetivo parecer, la crítica a la deriva relativista en la política o lo que es lo mismo el legado post-post modernista en nuestro imaginario y “realitario” popular aplicándolo al mundo de lo que concierne a la política. 





