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sábado, 17 de mayo de 2008
La ciudad perfecta Imprimir E-Mail
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ImageAlgunos lo llamarán utopía, nosotros preferimos llamarlo Futuro.

Nadie tiene claro cómo debe ser una ciudad perfecta, es más, seguramente de una a otra persona esa idea cambie radicalmente.

Pero sí es cierto que poseemos una serie de puntos en común que, salvo una serie de excepciones interesadas, pueden hacer que nos pongamos de acuerdo en cómo sería una ciudad perfecta, o casi, para sus ciudadanos.

Y sobre eso va este artículo, sobre como fundar una ciudad perfecta, y cómo conseguir que el proyecto no se vaya al carajo, como hace estas cosas, cuando sus integrantes, y los que no lo son pero tienen interés en que fracase el proyecto, se tiren los trastos a la cabeza.


 

Creo que los tres pilares básicos sobre los que debe sustentarse una ciudad perfecta son el urbanismo, la energía y las relaciones jurídico-sociales.  Dentro de cada una de ellas se incluirían cosas tan banales como el transporte, el medioambiente y las relaciones familiares.

En primer lugar, el urbanismo, debe ser respetuoso con el medio ambiente y con el ciudadano. Permitir espacios de recreo, parques y jardines, y centros de ocio. Las viviendas, en mi opinión, deben estar construidas con materiales de calidad, que permitan aislar la vida personal de los vecinos. Deben ofrecer aquellas comodidades básicas, como un espacio amplio, y accesos fáciles.

Los centros de ocio abiertos en las calles también, pienso, son una necesidad. El pequeño comercio le da vida a las calles, les ofrece la posibilidad de pasear y adquirir bienes a sus ciudadanos (nótese que no he utilizado la palabra comprar).

Las calles deben estar cuidadas, y tanto la limpieza como la seguridad deben ser una de las prioridades de los ciudadanos.

La presencia vegetal también es fundamental para aumentar la calidad de vida de sus ciudadanos y visitantes. Parques y jardines cuidados, y dispersos por toda la ciudad, garantizando el acceso a los mismos, e incluso un pequeño bosque en las afueras, o acceso en transporte público a algún lugar natural.

Intercalados con las zonas residenciales, las comerciales y los parques, debería haber edificios de oficinas integrados que permitan que la gente pueda vivir cerca de su trabajo, o, en su defecto, los transportes públicos deberían ser  una alternativa seria al transporte privado para acudir a otras ciudades o a los polígonos de las afueras.

Los polígonos mismos deberían poseer unas características respetuosas con el medio ambiente, y los centros de trabajo en ellos instalados deberían estar adaptados a la nueva sociedad del conocimiento. Es decir, deberían ser centro de pensamiento, de creación, de diseño, de innovación e investigación. No fábricas y más fábricas donde sus trabajadores no pudiesen desarrollar todas sus capacidades.

En cuanto a la energía, no cabe duda de que la energía mueve el mundo, y las ciudades dependen de ella para desarrollar sus actividades, de la misma forma que los ciudadanos.

Por ello las construcciones de la ciudad no sólo deben estar construidas de acuerdo a estrictos criterios de ahorro energético (materiales aislantes, electrodomésticos de bajo consumo, etc.) sino que deben llevar incorporado un sistema de energía solar que cubra el máximo posible e las necesidades del edificio.

De la misma forma, polígonos y oficinas deberían respetar estos criterios de sostenibilidad, e incorporar medidas de ahorro y capitación de energía.

También el transporte público podría ahorrar energía mejorando su eficiencia, al tiempo que se impulsan autobuses ecológicos, y se prima un urbanismo donde se pueda ir paseando o en bicicleta al centro comercial, al trabajo, a ver a los amigos.

Los automóviles privados deberían ser, en su mayoría, híbridos, permitiendo aprovechar al máximo posible hoy día la energía para el transporte, sin perjudicar la seguridad, potencia y velocidad en carretera. Me atrevería a decir, incluso, que el biodiesel debería jugar un papel vital en esta ciudad, tanto en automoción, como en calefacción.

Idóneo sería también contar con una planta solar o eólica en las afueras, que proporcionase energía al alumbrado y a los servicios públicos.

Y una pequeña central de quema de biomasa para aprovechar los desechos vegetales de los parques y jardines.

No he hablado de alternativas como el hidrógeno, o la pila de combustible para automoción, porque son alternativas que no están desarrolladas, y que contarán con una oposición inmensa en su desarrollo por parte de lobbies, lo que puede reducir su aplicación, o incluso detenerla.

En cuanto a las relaciones humanas, debo decir que quizás es el terreno donde más disensión habría. Nadie concibe la vida exactamente igual a otra persona. Por ello, la principal base de esta ciudad sería el respeto. Nunca hubiese sido más cierto el principio que dice que: “mi libertad termina donde empieza la tuya”.

Libertad religiosa, de asociación, de pensamiento, sexual, de relación, todas ellas son fundamentales para que una ciudad alcance la armonía, pero también el respeto por los demás.

En una ciudad así, respetuosa con el medioambiente, que invita al ciudadano a participar, con centros de trabajo creativos, que intentan sacar provecho del mayor potencial de sus trabajadores, una vida personal, familiar y laboral plena es el elemento que falta para onseguir una ciudad perfecta.

Centros de ocio abiertos, públicos, donde las asociaciones de vecinos pudiesen llevar a cabo sus proyectos, y las personas desarrollar sus aficiones como un elemento más, enriquecedor de la cultura y la vid de la ciudad. Obras de teatro, exposiciones de pintura, campeonatos deportivos, talleres literarios, festivales de música…todo ello potenciado por los ciudadanos y por la misma ciudad, que, mediante sus recursos, invitaría a la gente a participar y enriquecer la vida cultural.

También Internet debe tener una presencia importante, en cuanto supone una ventana abierta al mundo, y a la participación de los ciudadanos.

En este caso yo apostaría por desarrollar una red Wi-Fi de acceso gratuito para todos, o incluso Wi-Max. Todo lo que sea necesario para que la gente pudiese participar en foros, crear sus propias webs y blogs, y expresar en ellos sus inquietudes personales y artísticas. Conectar la ciudad con el resto del mundo, y convertirla en un polo de influencia cultural y mundial.

Las relaciones de trabajo también deberían cambiar. Trabajar sólo por dinero no es la mejor forma de realizarse. Por ello, las escuelas de la ciudad deberían estar pensadas para sacar el máximo potencial de los estudiantes en aquellas áreas donde expresen una mayor capacidad o interés. Ayudándoles a enfocarse en aquellas tareas y futuros trabajos donde puedan ser más felices y productivos.

Llegado un momento, acudir al trabajo sería casi como un hobby, donde poder hacer algo que te gusta, y donde poder ver cómo tu trabajo contribuye a que la sociedad mejore.

Incluso el dinero podría, en un futuro, y si los sistema de producción y tecnológicos se desarrollan según sus posibilidades, desaparecer como motor económico. Y el premio al trabajo no serían billetes para gastar en comida, ropa o diversiones, sino que todas estas cosas estarían garantizadas por el sistema productivo.

Aquellos ciudadanos que creasen riqueza para sus congéneres (mediante un trabajo o mediante actividades creativas fuera del mismo) y que eligiesen trabajar o crear, obtendrían dinero, que podrían utilizar en adquirir bienes de lujo, viajes, etc.

La gente no necesitaría trabajar para poder vivir una vida plena, sólo para obtener bienes y servicios más “de lujo”.

Eso exige, lógicamente, una enorme responsabilidad al ciudadano, así como una enorme implicación del mismo en la vida y mantenimiento de la ciudad, algo para lo que, en la actualidad, muy poca gente está preparada.

En ella se experimentarían nuevos conceptos familiares, nuevos tipos de relaciones personales y sentimentales, respetados todos ellos y respetuosos con los demás. Matrimonios gays, tres personas compartiendo casa, personas que eligen vivir solas toda su larga vida, etc.

¿Y el Estado? ¿Qué grado de presencia debería tener. Evidentemente, para garanizar el funcionamiento de esta ciudad debería ser fuerte, pero al tiempo, invisible.

Es decir, nada de enormes ayuntamientos o concejalías altamente burocratizadas. Un Estado que funcione y haga funcionar esta ciudad debe basarse en la automatización de tareas y en las nuevas tecnologías, en el teletrabajo para sus trabajadores y en la economía del conocimiento para dar respuestas rápidas al ciudadano.

¿Es posible una ciudad así? Quizás sí, quizás no, pero es un elemento de sano ejercicio pensar que puede ser posible imaginar y crear una ciudad así.



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Escrito por Francisco Agenjo   
lunes, 30 de octubre de 2006
 
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