Fútbol, patria y política en la Comunidad Valenciana
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Que el fútbol es más un negocio que un deporte constituye una hipótesis ampliamente demostrada en la praxis como para poder ser considerada una teoría en firme y de la que últimamente hemos tenido noticia en la Comunidad Valenciana de la mano de una sociedad anónima deportiva que responde al nombre de Valencia C.F.
Al parecer dicha entidad ha negociado con el Ayuntamiento de Valencia y la Generalitat Valenciana la construcción de un nuevo estadio que sustituya al vetusto recinto que en la actualidad utiliza la sociedad anónima deportiva antes citada; en dicho acuerdo se incluye una recalificación de terrenos, que tal y como está el asunto del urbanismo patrio es asunto del que cabe sospechar. Así las cosas y llevado este asunto al Parlamento Autonómico, seguramente ante la proximidad de unas elecciones autonómicas y locales, los grupos de la oposición le han reprochado al Govern de la Generalitat, actualmente en manos del PP, que en esa operación urbanística han primado los intereses particulares de una empresa privada sobre los generales de la ciudadanía valenciana. El sr. President de la Generalitat, el Molt Honorable d. Francisco Camps (PP) le ha espetado a los representantes de la oposición, el sr. Joan Ignaci Plà (PSPV-PSOE) y el sr. Joan Ribó (EUPV-IU), que lo que tienen es falta de sentimiento valenciano y un desconocimiento palmario de la realidad social valenciana, dado que el Valencia C.F., pese a ser una sociedad anónima deportiva, no puede considerarse en el mismo plano que, pongamos por caso, una conocida red de supermercados, porque al club de fútbol le sigue una afición con sentimientos de pertenencia y de patriotismo, cosa que dice el sr. President no le acompaña a la cadena de supermercados.
No creo que tengan razón los rojos del contubernio cuando dicen que el club de fútbol es como una sociedad anónima más, porque es cierto lo que dice el President sobre los sentimientos que despierta en la afición; pero tampoco creo que tenga razón el sr. President en decir que esos sentimientos de pertenencia y de amor a “los colores” sean generalizables a toda la ciudadanía valenciana, ni que sea lícito ni razonable vincular el interés general de toda la ciudadanía al interés particular de una sociedad anónima deportiva. El Valencia C.F. es una sociedad anónima deportiva, con sus accionistas, su consejo de dirección y su cotización el bolsa, como cualquiera otra empresa de tal envergadura, y en el actual sistema capitalista los sentimientos no cotizan en bolsa ni realizan operaciones urbanísticas. Si el Valencia C.F. necesita un estadio nuevo ha de contar, en primer lugar, con los sentimientos de la afición (o accionariado, porque hablamos de una s.a.) y de este modo acudir a los bolsillos de “los colores” para sufragar sus gastos, a tanto por acción, como en todas partes del mundo civilizado, a ver cuánto tira el sentimiento y cuánto retiene la cartera; y, en segundo lugar, es cierto que ha de cumplir las leyes urbanísticas y negociar con la Administración Pública aquellos aspectos que sean susceptibles de tal negociación, eso sí, atendiendo a las mismas reglas de juego que el resto de s.a.
El Valencia C.F., S.A.D., ha emitido una bochornosa nota pública en la que avisa a su afición de cuáles son los “enemigos de la causa”, identificados en el PSPV-PSOE y EUPV-IU, Pero el Valencia C.F., S.A.D. se equivoca, porque quien está en su contra, es quien está mezclando deporte, negocio y política en bien de un interés claramente privado y no teniendo en cuenta ningún interés general. No se puede alegar sentimientos de pertenencia a un equipo de fútbol como argumento suficiente para justificar la vulneración del ordenamiento jurídico vigente, porque en un Estado Social y Democrático de Derecho toda la ciudadanía y todas las instancias de la democracia están sujetas al “Imperio de la Ley” en las mismas condiciones; y mucho menos se puede acusar a quien pretende, al menos en este caso, defender ese convencimiento que es base de nuestro sistema político, de atentar contra la patria o de desconocer la realidad social de nuestra Autonomía, porque, por si alguien no se había dado por enterado, vivimos en un país que se llama España y en una Comunidad Autónoma que se llama Comunidad Valenciana, no en un Reino de Taifa.
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