| De indecisos y nueva política |
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Estos días leo constantemente por la blogosfera proclamas sobre el advenimiento triunfal de la nueva política. Ya sea hablando de cyberdemocracia, política 2.0, e-gobierno, FLGJ o matriz cósmica universal de dirección del destino del mundo, parece que la cosa electrónica va a cambiar todo para siempre jamás.
Pues mira, no. Es hora que la blogosfera se quite de encima estos aires de grandeza y deje de proclamar su importancia suprema, como antes mejor. Y por varios motivos. El primero, y más importante, hay algunos que empiezan a sonar como Pedrojota o Carnicero, hablando de su poder de influencia. Una de las virtudes de las bitácoras es en un principio la falta de pretensiones de la mayoría de sus participantes; la cuestión central es soltar ideas, debatirlas, y tratar de aprender algo a base de liarse a guantazos con los vecinos de al lado. Algunos, sin embargo, parecen ver la blogosfera como una extensión de la estrategia mediática de los partidos; una especie de cuarto pilar acompañando prensa, radio y televisión, con las bitácoras complementando las páginas de los candidatos. Por añadido, como comentaba hace varios meses, el peso de la blogosfera en los mecanismos de creación de la agenda política no es, ni será, necesariamente sustantivo, al menos a corto y medio plazo. Y eso es así por varios motivos. Primero, porque como herramienta de comunicación política va en el sentido contrario de lo que requieren los partidos. La base en la transmisión de un mensaje, como el PP parece haberse dado cuenta de forma dolorosa estos días, es saber que uno tiene un tiempo muy limitado para explicarse. Los informativos en televisión tienen 15 minutos, como mucho, para dedicarse a hablar de política. Más allá de eso, el ciudadano medio (no el friki político, que es escaso) no va a escuchar o leer sobre oscuros temas económicos más de media hora al día, siendo muy generoso. Si un partido quiere transmitir ideas de forma que alguien les escuche y entienda, debe priorizar y concentrarse en una serie de puntos, no irse por las ramas. En otras palabras, que todas sus voces hablen de lo que toca para que un mensaje claro llegue a tantos votantes como sea posible, y no tener una cacofonía de sonidos y caer en el riesgo que sea la prensa la que escoge lo que dices, y no tú. La blogosfera, por su mismo caracter descentralizado (aunque jerárquico), va en dirección opuesta. Es un lugar estupendo para que los politico-obsesivos lean y troten alegremente en verdes campos de debate perpetuo, pero que aburrirá de manera soberana al ciudadano medio. Es necesario repetirlo, una y otra vez, pero la participación en un sistema de debate asambleario como es la blogosfera no es necesariamente representativo de lo que es la sociedad, más bien lo contrario. La prueba más evidente, me temo, es el nombre que se usa a menudo como ejemplo entre los defensores de la "nueva política", Howard Dean. Sí, Dean tuvo una espectacular campaña electoral en las primarias del 2004, apareciendo de aparentemente ninguna parte y cobrándose montones de titulares. El problema, claro está, es que no era un desconocido (era gobernador de Vermont, al fin y al cabo) y que acabó perdiendo igualmente. La campaña funcionó hasta cierto punto en las primarias, donde tratar de movilizar a los frikis obsesivos dentro de un partido tiene sentido, pero no fue capaz de salir del grupo de militantes con dedicación intensiva, señal que usar los mismos trucos con el electorado en general no es necesariamente una mala idea. Por mucho que les reviente a algunos, la democracia no es patrimonio de la pequeña horda de ciudadanos activos, sino de mayorías, y la blogosfera no deja de ser un lugar para la minoría. Los políticos continuarán prestando atención al centro, no a los idealistas en las esquinas. A fin de cuentas, nosotros no les ganamos elecciones. Y eso es, mal que nos pese, la base del sistema.
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| Escrito por Roger Senserrich | |
| miércoles, 01 de noviembre de 2006 | |
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