| La(s) socialdemocracia(s) |
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“Socialdemócrata” fue en su día el nombre que adoptaron diversos partidos socialistas europeos, muchos de ellos inspirados de un modo u otro en las teorías de Karl Marx. Estos partidos se confederaron en la II Internacional, fundada por Engels, de manera que los partidos asociados a esta, independientemente de su nombre oficial (“laborista”, “socialista obrero”...), fueron generalmente conocidos como “la socialdemocracia”. Lo que distinguía a a buena parte de la socialdemocracia de los demás movimientos socialistas era, a parte de su afiliación a la II Internacional, una práctica política alejada de las tácticas insurreccionales de antes de 1848. Lejos de las sociedades secretas conspirativas, la socialdemocracia se constituyó en un movimiento legal con una práctica diaria de tipo reformista, tanto fuera como dentro de los nacientes parlamentos europeos. La excepción la constiuyeron los socialdemócratas de aquellos Estados que, como la Rusia zarista, seguían anclados en las estructuras políticas y sociales de la Europa anterior a 1848. Ahí, los socialdemócratas fueron un grupo político clandestino abocado de manera natural a la actividad insurreccional. La práctica política habitual de la socialdemocracia fue, pues, de tipo reformista, aunque no siempre ni en todos los Estados. La visión a largo plazo, los fines y la misma visión de lo que era la socialdemocracia eran, no obstante, dispares. A grandes rasgos, al llegar los albores de la Primera Guerra Mundial podemos distinguir entre cuatro visiones diferentes de la socialdemocracia. 1) La visión revolucionaria determinista: amparados en una cierta interpretación de las teorías de Marx pasadas por el filtro de Lassalle, socialistas como Kautsky adoptaron una postura consistente en asumir que el capitalismo estaba destinado a desaparecer bajo una revolución proletaria igualmente inevitable. En esta visión, la clase obrera era la única clase considerada revolucionaria; el resto de clases, el “otro mundo”, era un amasijo de clases reaccionarias capitaneadas por la burguesía. Con estos supuestos, la táctica socialdemócrata debía consistir en dos tareas: 1) organizar el “mundo obrero” como embrión de la futura sociedad socialista, de manera que los obreros tuviesen todo lo necesario (comedores obreros, ateneos obreros, publicaciones obreras, universidades obreras...) para desarrollar su vida sin salir de este “mundo”; y 2) luchar por reformas parciales que fuesen elevando el nivel de vida de los obreros para que su expectativas de bienestar material fuesen creciendo hasta un punto en que ya no pudiesen ser satisfechas por el capitalismo, momento en el cual se desataría espontaneamente la Revolución. Una idea esta última, como es fácil ver, del todo punto irrealista. No obstante, esta visión de la socialdemocracia sería dominante en Europa y sobretodo en Alemania hasta el estallido de la Gran Guerra. 2) La visión revolucionaria insurreccional: una parte de la socialdemocracia europea anterior a la Gran Guerra participaba de la idea de que la Revolución socialista teorizada por Marx no debía ser esperada como un fruto maduro sino que debía ser conscientemente preparada por los revolucionarios y por el proletariado. Está visión triunfó sobretodo en aquellos lugares que, como Rusia, aun no gozaban de regímenes constitucionales y ya no digamos parlamentarios o democráticos, y donde por tanto la situación social y política empujaba inexorablemente a la actividad insurreccional propugnada por grupos como los bolcheviques de Lenin. No obstante, también hallamos grandes representantes de esta tendencia en Alemania (Rosa Luxemburg) o en los Países Bajos (Anton Pannekoek). Para esta visión la teoria de los “dos mundos” carecía de fundamento: no todas las clases no-proletarias eran reaccionarias. Los bolcheviques, por ejemplo, insistieron en la necesidad y oportunidad de la alianza con los campesinos pobres. 3) La visión evolucionaria: una vez muerto Engels, el socialdemócrata alemán Eduard Bernstein sometió a revisión las ideas de Marx y de sus seguidores <em>à là</em> Kautsky y en general todo el ideario socialdemócrata de la época. Bernstein llegó a la conclusión teórica de que ni era previsible el hundimiento del capitalismo, ni su perpetua inestabilidad, ni la depauperación del proletariado, ni el hundimiento de las clases medias. De ahí, Bernstein inferia varias conclusiones políticas. Primero, se tenía que abandonar toda veleidad insurreccional: el único camino de la socialdemocracia debía ser el de las reformas. En segundo lugar, se tenía que abandonar la teoría de los “dos mundos” para dar paso a alianzas con los partidos burgueses de izquierda. Y en tercer lugar, se debía abandonar la concepción misma del socialismo como un objetivo a alcanzar. En su lugar, el socialismo debía ser tomado como un principio ético a seguir, como un ideal de guía para las reformas, que eran lo realmente importante. Es famosa la sentencia de Bernstein de que en el socialismo ”el objetivo final, sea cual fuere, no es nada: el movimiento lo es todo”. Estas concepciones fueron duramente condenadas por la II Internacional pero de hecho fueron táctiamente adoptadas por el grueso de la socialdemocracia alemana una vez acabada la Gran Guerra. 4) La visión de la “evolución revolucionaria”: finalmente, nos encontramos con un tipo de socialdemócratas que, como los anteriores, eran firmemente reformistas y evolucionarios. Creian que la época de las insurrecciones pertenecia al pasado pre-democrático y que en las modernas democracias parlamentarias lo único que cabia hacer a los socialdemócratas era conquistar para si la mas amplia mayoría posible, tanto dentro como fuera del Parlamento, haciendo de la causa de la clase obrera la causa de todo el pueblo. Tampoco en esta visión tenia sentido la teoría de los “dos mundos”. La diferencia respecto a la anterior visión era que para los “evolucionarios-revolucionarios” las reformas no solo tenían valor por si mismas, sino que debían servir para encaminar a la sociedad hacia la estación de destino deseada, que no era otra que el socialismo y la desaparición de la sociedad capitalista y de clases. Otra diferencia estribaba en la poca confianza que estos “evolucionarios-revolucionarios” depositaban en la estabilidad del capitalismo. Esta visión fue teorizada y sostenida por diferentes socialdemócratas, siendo el mas ilustre sin duda Jean Jaurès, que en su libro Estudios Socialistas desarrolló ampliamente el concepto de “evolución revolucionaria”. También los austromarxistas como Otto Bauer participaron, en gran medida, de esta visión de la socialdemocracia. Así pues, hasta la Gran Guerra la única definición de “socialdemocracia” que se podía dar era, prácticamente, “movimiento socialista compuesto por los partidos agrupados en la II Internacional”. El amasijo de visiones ideológicas y estratégicas no daba para una definición mucho mas ajustada. Con la Gran Guerra, sin embargo, se produciría la escisión del ala revolucionaria insurreccional,que adoptaría el nombre de “comunista”. Con esta escisión, la socialdemocracia perdió definitivamente las veleidades insurreccionales que aun latían en el fondo de la visión kautskiana, que fue cediendo paso a las variantes mas desacomplejadamente reformistas: la de los evolucionarios à là Bernstein y la de los evolucionarios à là Jaurès. Desde entonces hasta esta parte, “socialdemocracia” ha ido adquiriendo el significado de “socialismo reformista”, manteniendo una tensión interior entre las dos visiones del reformismo que sobrevivieron a la debacle de la Gran Guerra. Con el final del siglo XX se ha añadido al escenario un nuevo actor: la llamada “Tercera Vía” que, a mi juicio, supone el abandono disimulado (y a veces ni eso) del ideal socialista y que por tanto difícilmente se puede considerar como heredera de la tradición socialdemócrata. Entre Bernstein, Jaurès y Blair, la socialdemocracia europea deberá escoger tarde o temprano lo que quiere ser de mayor. Yo, personalmente, me decanto por seguir la veda abierta por Jaurès: la lucha política por una mayoría popular socialista que, sirviéndose de la democracia política a la vez que ampliándola, guíe a la sociedad por el camino de la evolución hacia el socialismo. Ahí, las reformas y el Estado del Bienestar son un paso necesario e importante, pero no un fin en si mismo. Al contrario que para Bernstein, para mi lo importante del socialismo es tanto el movimiento como el objetivo final. Y creo que el gran error de la socialdemocracia, lo que la ha llevado a su situación de desorientación actual, ha sido precisamente centrarse en los procesos hasta el punto de olvidar el proyecto. Al fin y al cabo, cuando emprendemos un camino se supone que queremos llegar a algún sitio, ¿no? Este artículo pertenece al Dominio Público por expresa devolución del autor al mismo.
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| Escrito por Lluís Pérez | |
| domingo, 05 de noviembre de 2006 | |
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“Socialdemocracia” es, como la mayoría de los conceptos políticos, una categoría fundamentalmente histórica. Esto significa que su significado nace con uno o mas hechos históricos y evoluciona con ellos. 






