| Descentralizaciones y miedos infundados (I) |
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Es una tradición. Cada vez que hay elecciones autonómicas o una reforma estatutaria tenemos los clásicos comentarios quejándose que todo esto de la descentralización y los gobiernos regionales no ha sido más que una mala idea. Las acusaciones son variadas, y van desde hablar de despilfarro y corrupción a ver adoctrinamiento de los pobres niños en odas al nacionalismo. Hora de volver, me temo, a otro de mis viejos posts sobre tonterías autonómicas; esta vez, hablando de descentralización a nivel comparado.
Del funcionamiento del sistema autonómico en España he hablado en repetidas ocasiones. Es un arreglo institucional complicado, pero mucho más funcional, flexible y racional de lo que la inmensa mayoría de comentaristas dicen. Aún con sus problemas (el sistema de financiación está roto. Punto), sólo hace falta ver el crecimiento del país para darse cuenta que algo estará haciendo bien, aún cuando la redistribución entre regiones haya sido relativamente ineficiente. Vale la pena analizar, de todos modos, si este crecimiento es gracias a las autonomías o a pesar de ellas. ¿Qué efectos suele tener la descentralización política? Para empezar, una acusación habitual es la de ineficiencia. Al multiplicar las administraciones por 17, se pretende que eso crea despilfarro, y esto se supone que lastra la economía. Obviando el hecho que existe algo llamado "división del trabajo", si la descentralización política tiende a desperdiciar recursos, sería natural que los países con una estructura federal o son más pobres, o crecen más lentamente. ¿Sucede eso en la realidad? En pocas palabras: no. Si miramos los países del G7, tenemos cuatro federales o muy descentralizados (Estados Unidos, Canadá, Alemania e Italia) y tres más o menos centralistas (Japón, Francia y Reino Unido). De los siete, tres han crecido con fuerza los últimos diez años (Estados Unidos, Canadá y Reino Unido), con los otros cuatro no haciendo gran cosa. Hay dos éxitos para el federalismo (en el caso canadiense, incluso con gente pidiendo secesiones) y uno para un estado centralizado; no podemos decir que un sistema sea mejor que otro. Si tomamos más casos (toda la OCDE, por ejemplo), el crecimiento económico medio es más o menos parecido, con una ligera ventaja (pero poco significativa) para los países descentralizados. No parece que a nivel comparado la descentralización sea perniciosa; es natural pensar que España no tiene porque ser una excepción en este aspecto. Otra acusación que se lanza a menudo es que la descentralización favorece el caciquismo. Aparte de ser este un estupendo argumento en contra de la independencia municipal (las administraciones tradicionalmente más corruptas, por cierto), de nuevo deberíamos echar una ojeada a los datos a ver que hay de cierto en ello. Podemos mirarlo desde dos puntos de vista distintos. Por un lado, si la descentralización favorece el caciquismo, los sistemas federales deberían producir patrones de voto mucho más estables que los sistemas centralizados. Por otro, los países descentralizados deberían puntuar peor en los índices de corrupción internacionales debido a este patronazgo rampante. ¿Sucede esto? La verdad, sólo puedo responder la segunda pregunta con relativa certeza, en parte porque traté de escribir un artículo académico partiendo de esa hipótesis. Y no, no hay nada; no hay una relación digna de mención entre federalismo y corrupción política entre países de niveles comparables de renta. La primera parte, estabilidad en el voto, es un artículo esperando ser escrito, o al menos no conozco estudios sobre el tema. Me temo que el resultado será igual de negativo. Más allá de la comparación internacional, si el origen del caciquismo fuera la corrupción, en España o Italia veríamos niveles parecidos de caciquismo en todas partes. Sin embargo, la variación regional es realmente gigantesca; está claro que la fuente de la corrupción tiene que venir de otra parte, no únicamente del sistema autonómico. En fin, esto es un principio. Hay más elementos a discutir, algunos realmente absurdos, como que el sistema educativo en mano de las autonomías crea nacionalistas (por eso el voto y el sentimiento nacionalista a nivel agregado permanece invariable desde la transición, claro) o que es una "fuente de división" (porque claro, en democracia todos deberíamos defender lo mismo), pero lo dejo para otro día. Cuando se habla de las ventajas e inconvenientes de un sistema político, no es mala idea echar una ojeada a cómo ha funcionado en otros sitios. Parece bastante claro, viendo los datos, que los sistemas federales o descentralizados no son necesariamente más ineficientes que los estados unificados. Sabiendo que España es un sistema o bien muy descentralizado, o casi federal, y de su relativo éxito económico, la verdad deberíamos buscar problemas en otra parte.
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| Escrito por Roger Senserrich | |
| miércoles, 08 de noviembre de 2006 | |
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Es una tradición. Cada vez que hay elecciones autonómicas o una reforma estatutaria tenemos los clásicos comentarios quejándose que todo esto de la descentralización y los gobiernos regionales no ha sido más que una mala idea. Las acusaciones son variadas, y van desde hablar de despilfarro y corrupción a ver adoctrinamiento de los pobres niños en odas al nacionalismo. Hora de volver, me temo, a otro de mis viejos posts sobre 





