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La portada del Jueves de esta semana hacía referencia al cambio climático. Esto se acaba, señores. Irónicamente, la revista se vendía retractilada, con un plástico que contenía además un folleto publicitario. Es decir, un residuo inútil más.
Aún con las fauces del lobo amenazándonos con el fin del mundo, y por mucho que personalmente nos esforcemos en reducir los residuos, no podemos sustraernos al derroche de las empresas. Sea en forma de una revista hiper envuelta o de esas galletas que, lo queramos o no, van en “prácticos envases individuales”, o de las compresas que se disimulan en paquetitos de colorines para que nadie sepa que estás con la regla, como si no resultara ya revelador que insistas en ir al baño cada dos horas con el bolso puesto, el caso es que el mero hecho de existir (y consumir) nos convierte en basureros andantes.
Igualmente, el intento de regular el gasto doméstico de agua, con todo necesario, es insuficiente si las empresas siguen malgastando el agua en sus procesos productivos. Y lo mismo se aplica para los recursos energéticos: yo ya uso la regleta con interruptor, pero de qué sirve eso si el mundo empresarial no minimiza el gasto eléctrico.
No se puede empezar la casa por el tejado: si queremos salvarnos, hay que dejarse de campañas de concienciación medioambiental y meterle mano a los que nos están fastidiando de verdad, y advertir al mundo corporativo que los destrozos que provoquen los van a pagar ellos. Mediante multas e inversiones en mejoras medioambientales hoy, o mediante crisis generalizadas en un futuro.
Comentarios de los usuarios (3)
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Escrito por Mireia Ortega
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jueves, 09 de noviembre de 2006 |
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