| La difusión del conocimiento económico |
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Podría incluso llegar a decirse que, salvando las distancias, la democracia ha llegado a la economía de forma que cualquier ciudadano puede comprender los fundamentos básicos de la economía y el mundo de la empresa. Todos contemplamos cómo multitudes crecientes se lanzan a invertir en Bolsa, bonos o todo tipo de bienes. Los diarios económicos y las revistas de empresa y gestión, han acercado a nuestros quioscos lo que antes no era sino un arcano misterioso reservado para unos pocos. Incluso la televisión intercala ahora noticias económicas con las habituales de deportes, internacionales y políticas. Pero esta situación, que permite a los ciudadanos comprender lo que pasa en el mundo en términos económicos, no ha hecho sino comenzar. La llegada de Internet nos permite, en tiempo real seguir las evoluciones de las bolsas de valores del mundo, y acceder a una variedad de fuentes de información con las que los expertos no hubiesen soñado hace pocos años.Más que eso, esta democracia, que no carece de riesgos, permite a un particular invertir en la Bolsa de Japón, en materias primas en Rusia o saber de antemano cuando van a subir o bajar los precios de los inmuebles. El gobierno debe proteger a los pequeños inversores, velando por la transparencia de unos mercados y una competencia que, en su mayoría de los casos, son imperfectos, y en casos extremos, inexistentes. Es aquí donde el Estado adquiere mayor relevancia en esta nueva "democracia económica", velando por los ciudadanos, y adquiriendo un papel fundamental en el acceso a la información y oportunidades económicas y la protección de todos los ciudadanos frente a quienes mantienen dicha información como su bien más preciado. Paradójicamente, es el Estado tan repudiado en el paradigma liberal, el necesario protector de la transparencia de los mercados, frente a quienes juran y perjuran defender la libertad, pero impiden la necesaria formación económica del pueblo. Por último, decíamos que esta democratización económica poseía algunos riesgos porque a pesar de todos nuestros conocimientos al respecto, el ciudadano de a pie no puede competir en información, influencias y oportunidad con los grandes gestores de fondos y, en ocasiones, se producen situaciones en las que inversores particulares pierden sus ahorros por malas prácticas o un mal momento económico o bursátil. ¿Significa eso que debemos alejarnos de estas prácticas y que debemos dejar la economía a los expertos, a los brokers y a los empresarios? Al contrario. Estas situaciones se producen porque nuestros conocimientos no son todavía completos (ni tan siquiera profundos), pero sí lo suficientemente aproximados para comenzar a entender, en la mayoría de los casos, el funcionamiento de mercados y empresas. La democracia económica exige que todo el mundo pueda poseer, si lo desea, información suficiente como para valorar una inversión, montar una empresa o lanzar un proyecto. Lejos de lo que las mentes que propugnan un paradigma liberal, pero erigen barreras de entrada a los pequeños inversores y a que estos adquieran los conocimientos necesarios en este tema, los gobiernos deben velar porque la información financiera fluya en mayor medida hacia los ciudadanos. Y por mejorar el acceso a los canales de inversión e información que garanticen la igualdad de todos a la hora de valorar, y aprovechar una oportunidad de inversión, de negocio o de crear riqueza para ellos y para sus semejantes.
Y por añadidura, los ciudadanos debemos
adquirir una mayor formación en estos temas, aumentar nuestros
conocimientos e interés por algo que, a falta de un sustituto por el
momento, mueve el mundo. La economía. Publicado en Red Economía Crítica, por Francisco Agenjo
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| Escrito por Red Economia Crítica | |
| lunes, 13 de noviembre de 2006 | |
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