| Lecturas |
1449  |
|
Un cambio climático
es una cosa muy seria, tanto que a los que sabemos que ocurrieron en
el pasado los llamamos “glaciaciones”, la última de estas
“glaciaciones” acabó hace “escasamente” 10.000 años.
Esos cambios climáticos ocurridos en el pasado, que fueron más
o menos frecuentes – se cuantifican unos 8 grandes procesos, con
diversas “pulsaciones” en cada uno de ellos –, tuvieron como
consecuencia la extinción de especies animales y puede que
también humanas, porque la extinción del “homo
neanderthalensis”, acaecida año arriba o abajo hace unos
25.000 años, podría estar relacionada con alguno de
esos cambios climáticos. Por lo tanto, hablar alegremente de
cambio climático o trivializar sus consecuencias supone un
ejercicio de irresponsabilidad difícilmente justificable y en
todo caso criminal.
El sistema económico
en el que vivimos, al menos la mayor parte de la humanidad – y ya
somos seis mil millones de almas, que se dice pronto –, se sustenta
sobre la creencia de que el medio ambiente existe para nuestro
disfrute y explotación. Claro que la explotación y el
disfrute parece que no vaya ligado necesariamente, al menos para la
mayoría de la humanidad, porque para las empresas de
construcción el binomio disfrute-explotación es
dogmático. Pero, en general, a medida que se explota el medio
ambiente menos nos queda a las personas normales para disfrutar, y
viceversa. La viceversa es lo que fastidia al sistema económico,
que aspira a asfaltarlo todo y llenarlo de torres de apartamentos de
30 metros cuadrados, que es la filosofía
constructora-asfáltica del PP, o sea, todo es urbanizable. Lo
que pasa es que esa explotación “racional” del medio
ambiente, consistente en llenarlo todo de porquería, está
limitando nuestras posibilidades de supervivencia como especie. Esto
no es que sea necesariamente malo y en algunas interpretaciones
podría considerarse hasta bueno, porque en realidad nuestra
especie es la causante de la destrucción del medio ambiente,
que no sólo sostiene a la especie humana sino al resto de la
flora y fauna del planeta, sí, sí, que hay más
“bichos” que nosotros y que necesitan también del medio
ambiente para sobrevivir, ya sé que sorprenden estas cosas
pero alguien ha de decirlas alguna vez.
Otra cosa, sin embargo,
es definir con claridad las causas del cambio climático y
asignar a cada factor operante su grado correspondiente y equitativo
de responsabilidad, atendiendo a que, como he dicho, en el pasado
sucedieron no uno o dos sino muchos cambios climáticos, que
hay hasta quien ya ha establecido periodizaciones del fenómeno
de tal manera que se ve con coraje para predecir su advenimiento de
aquí a un suspiro, geológico se entiende. Aquí
es donde se encuentra el clavo ardiendo al que se agarra la industria
y los constructores para afirmar, ufanos, tal vez precipitadamente,
que el fenómeno del cambio climático es inevitable y
consecuencia de las pulsiones históricas del planeta en las
que nada tiene que ver la mano del ser humano, que habita aquí
desde hace cuatro días, como aquel que dice, tiempo
manifiestamente insuficiente para generar tamaño destrozo.
Pero lo cierto es que el mundo científico, esas personas con
bata blanca que viven en los laboratorios de las universidades –
bueno, aquí en España no – han descubierto que la
acción humana sí tiene que ver, si bien puede que no en
la producción del fenómeno sí en la virulencia y
en la aceleración de sus efectos. Es evidente, entonces, si
hacemos caso a la ciencia y no a otras creencias basadas en dogmas
mágico-religiosos, como a las que atiende el Presidente del
Mundo, el señor Bush y puede que también su amigo
español, el ex Presidente Aznar, el ser humano tiene buena
parte de responsabilidad en el cambio climático y, por lo
tanto, en su mano puede estar el evitar parte de la virulencia del
fenómeno y la rapidez con la que se va a allegar a nuestras
casas. Para ello es necesario que el sistema económico
entienda que el medio ambiente no está ahí para
explotarlo y asfaltarlo, llenándolo de porquería, sino
que es base de nuestro sustento como especie y del resto de especies,
por lo que se hace necesario, incluso desde un punto de vista
egoísta, que es lo que les gusta a esta gente, conservarlo y
respetarlo. Hala, manos a la obra.
Comentarios de los usuarios (0)
|
|
|