| Estados Unidos: ¿nuevo rumbo? |
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Llevo varios días dándole vueltas a las últimas elecciones americanas.
La pregunta que muchos nos hacemos es si estas últimas legislativas son
el inicio de un cambio de rumbo real, a largo plazo de la política del
país, o son simplemente un resultado coyuntural, aislado, consecuencia
de un presidente que ha metido la pata hasta el fondo en política
exterior.
Tras mucho mirar resultados, encuestas, artículos de opinión y teorías variadas, lo cierto es que no creo que sea posible dar una buena respuesta, o al menos una con una base empírica sólida. Como mucho, me atrevo a especular que hay algunos síntomas de cambio, pero no creo que sea suficiente para decidir hacia dónde los vientos soplan. Hay dos datos que me llevan a pensar que el voto es indicativo de un cambio a largo plazo. El primero, el más evidente; la diferencia entre ambos partidos ha sido muy, muy considerable. Hablamos de 12 puntos entre ambos partidos, una diferencia que en casi cualquier otro país daría una mayoría abrumadora al partido gobernante. El segundo punto, bastante comentado por aquí, es el hecho que según las encuestas, los demócratas le deben la victoria especialmente a los votantes independientes, que es como se conoce aquí a aquellos que no están registrados en ninguno de los dos partidos. El centro político ha dejado de dividirse a medias entre ambos lados, con los republicanos movilizando a sus bases con espantosa eficiencia; en estas últimas elecciones ha votado predominantemente demócrata. Esto se puede deber en parte a que el hasta ahora partido gobernante se ha ido muy, muy lejos del centro estos últimos dos años, en parte porque la leal oposición ha decidido ser práctica y moderarse ocupando un centro que llevaba años huérfano. Si esta aserción es correcta, el realineamiento no sería tanto a nivel de los votantes, si no a nivel de los partidos políticos. Eso no hace el cambio menos significativo, pero sí lo hace menos permanente; los partidos tienden a aprender rápido de sus errores. No creo, sin embargo, que esa sea toda la explicación. El partido demócrata de hace dos años, el mismo que fue apisonado en las urnas, no era de hecho significativamente distinto al que ha ganado este año. A diferencia de 1994, en que los republicanos se presentaban como algo nuevo (recién salido de la américa de los años cincuenta, vamos), los demócratas no han hecho grandes cambios. No hay un gran cambio de retórica; una de las propuestas estrellas de la nueva mayoría del Congreso es subir el salario mínimo, algo perfectamente acorde con la tradición del partido. Sí, han dejado de lado parte de la retórica secularista en algunos sitios, pero la base del partido (redistributiva) sigue más o menos intacta. Sospecho, y eso es especulación de mi parte, que la sociedad americana está empezando a reaccionar a la globalización de una manera mucho más habitual de lo que parece. Tradicionalmente, los países desarrollados que más dependen de su conexión con la economía internacional han tendido a desarrollar un estado del bienestar más extensivo. Los ejemplos clásicos europeos (Suecia, Dinamarca, Holanda...) muestran en cierto sentido como el electorado reacciona a los vaivenes del sector internacional "asegurando" a la población mediante gasto público. Los vaivenes del mercado mundial, fuera del control de las empresas nacionales o el gobierno de una nación pequeña, producen prosperidad, pero también problemas a ciertos sectores de la economía. Los que se benefician, para asegurarse el apoyo de los que no lo hacen, tienden a aceptar una mayor carga redistributiva, a sabiendas que este incremento de gasto compensa las mayores oportunidades. Con la dominancia de la economía americana disminuyendo poco a poco, quizás ha llegado el momento en que el electorado empieza a ver los problemas de este modo. Veremos.
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| Escrito por Roger Senserrich | |
| miércoles, 15 de noviembre de 2006 | |
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