| La cultura libre y la miopía de la Izquierda |
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Los orígenes de la Izquierda se encuentran en las luchas contra el privilegio propias de los montagnards
de la Revolución Francesa. Unas veces eliminando privilegios legales,
otras veces eliminando privilegios sociales alegales, la Izquierda ha
tenido siempre como pesadilla a evitar la constitución de una segunda
edad media donde los feudos sean de capital en vez de serlo de tierra.
El mundo que tenemos hoy en día en las manos nos da tanto la medida de
sus triunfos como la estatura de sus fracasos.
Una parte de las desgracias de la Izquierda posterior a la Segunda Guerra Mundial guardan relación con el no haber sabido ver a tiempo la importancia de las nuevas luchas emergentes en contra de los privilegios. Así, solo tarde y mal entendieron los socialistas (la columna vertebral de la Izquierda moderna) la relevancia de luchas como la feminista, la ecologista o la homosexual, manteniéndose en la indiferencia en el mejor de los casos y en la hostilidad, en otros. Así, durante mucho tiempo era opinión de uso común en el socialismo obrero que el feminismo era un artificio de la burguesia para dividir al proletariado (inciso: ¡cuanto me recuerda esta absurda excusa a la absurda excusa que oponen los socialistas españolistas a las reivindicaciones nacionales catalanas!), o que el ecologismo era un corriente de pensamiento burgués reaccionario que se oponía al despliegue de fuerzas productivas que se suponía que debía traer el socialismo. Solo cuando estas luchas ya estaban plenamente asentadas y en movimiento fue cuando recibieron de la Izquierda organizada el reconocimiento que se merecían, aunque con trampa: siempre se las intentó dominar e instrumentalizar en provecho del "partido de vanguardia" de turno. Hoy, en plena era de auge de las nuevas tecnologías de la comunicación, está sobre la mesa la cuestión de la liberación de la cultura, una causa que por definición es anti-privilegio y cuya primera manifestación moderna fue el movimiento por el software libre, habiéndose extendido después a ámbitos como la música o el cine. "Liberar la cultura" quiere decir suprimir total o parcialmente las patentes y los derechos de autor en su vertiente de derechos de explotación y de control, al tiempo que se mantienen por lo que respecta a los derechos morales. Dicho de otra manera: usted tiene derecho a exigirme que yo le reconozca la autoría de su canción (o de su programa, o de su libro), pero no puede prohibirme que haga copias, las distribuya, las venda, haga versiones, etc. Ni me lo puede prohibir, ni me puede exigir una suma de dinero a cambio de su permiso. Eso es la cultura libre (obsérvese, por cierto, que buena parte del material jurídico de Creative Commons tiene poco o nada que ver con esto). Luchar por la liberación de la cultura quiere decir luchar para evitar que el software (soporte de buena parte de la actividad social y política de hoy en día) quede bajo el control de unas pocas manos que en cualquier momento pueden decidir chantajear a los regímenes democráticos so pena de prohibirles usar "su" software. Significa, también, asegurar el derecho de los ciudadanos a distribuir libremente música y arte sin tener que estar sometidos a las restricciones de lobbys de intereses privados como la SGAE. Significa, en fin, acabar con (o cuanto menos revisar) los privilegios que el sistema de propiedad intelectual propio del capitalismo moderno ha otorgado a programadores, científicos o artistas sobre la cultura. Por tanto, al tratarse de una lucha contra el privilegio, inevitablemente debe interesar a la Izquierda. Otra cosa es que evidentemente podemos discutir sobre hasta donde podemos liberar la cultura sin poner en peligro tal o cual factor que juzguemos importante (la supervivencia económica del artista, la situación laboral de la gente empleada en el mundo editorial...), hablar de caminos realistas hacia la cultura libre (limitar las patentes gradualmente en vez de eliminarlas de golpe, por ejemplo), etc. Eso son cuestiones técnicas, sin duda importantes. Normativamente, sin embargo, toda lucha contra el privilegio debe interesar a la Izquierda. También la de la cultura libre. Pues bien, ante una lucha tan importante en el mundo informatizado de hoy en día, ¿como se están comportando los partidos de Izquierda? Pues como en el caso del ecologismo o del feminismo en su dia: basculando entre la indiferencia y la hostilidad. Hay honrosas excepciones, como la del Partido Socialista en Extremadura, que de una manera decidida está apostando por la liberación de la cultura. Sin embargo, en general, los partidos de izquierdas suelen no atender demasiado a este problema, llegando al punto de que hasta hace poco muchas webs de partidos izquierdistas del Estado español solo podían verse óptimamente en el navegador privativo Internet Explorer. Todo esto del copyleft, el software libre o la libertad de intercambio les debe sonar a chino a las cúpulas de los partidos de Izquierda, y seguramente no ven en ello mas que otro movimiento utópico sin demasiada importancia real. Y no solo eso: algún que otro partido de Izquierda mantiene una política de compadreo con la SGAE que me ahorraré comentar, pero que ha dado como fruto la implantación de ese atraco a mano armada que es el cánon sobre los soportes vírgenes. Por supuesto, las luchas a favor de la liberación de la cultura van a seguir adelante con o sin el patrocinio de la Izquierda. Eso no me preocupa. Lo que me preocupa es que, una vez mas, la Izquierda se está quedando rezagada en una lucha que atenta directamente contra un privilegio. Uno de los privilegios, creo yo, mas importantes en una Sociedad que se hace llamar "de la Información": el control sobre las ideas. Me preocupa eso y que como no se corrija esta tendencia pasará que, una vez mas, los que vamos a pagar la miopía de los dirigentes de hoy vamos a ser los militantes de mañana. Tiempo al tiempo. Este artículo pertenece al Dominio Público por expresa devolución del autor al mismo.
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| Escrito por Lluís Pérez | |
| domingo, 19 de noviembre de 2006 | |
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de la Revolución Francesa. Unas veces eliminando privilegios legales,
otras veces eliminando privilegios sociales alegales, la Izquierda ha
tenido siempre como pesadilla a evitar la constitución de una segunda
edad media donde los feudos sean de capital en vez de serlo de tierra.
El mundo que tenemos hoy en día en las manos nos da tanto la medida de
sus triunfos como la estatura de sus fracasos.







