| La Calidad es socialdemócrata |
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| Escrito por Miguel A. Escobar | ||||
| domingo, 19 de febrero de 2006 | ||||
Página 1 de 2 El discurso neoliberal identifica como indisociable el siguiente binomio: gestión de los servicios públicos e ineficiencia. Si desde la izquierda nos dejamos secuestrar por esa idea, será el fin de un modelo de cobertura social que nos ampara a todos por igual. La respuesta es comprometernos firmemente en la defensa de la mejora continua de la calidad de los servicios públicos.
El Estado debe llegar allí donde no lo hace la iniciativa privada. Un Estado sobredimensionado entorpece el dinamismo del sector privado. El Estado no debe regular, ya lo hará el mercado con la ley de la oferta y a demanda. Los servicios públicos son necesariamente deficitarios. Todas estas afirmaciones son para muchos la verdad revelada. Y para otros tantos un lugar común que comparten como el que comparte la tendencia de la moda. Sin prisa pero sin pausa, todos estos argumentos formulados por los traductores domésticos de las teorías neoliberales han ido empapando el discurso en relación a la gestión de lo público. Os propongo el siguiente juego. Sustituyamos todas estas “revelaciones” por éstas otras, un tanto más mundanas: El Estado debe asumir el coste de aquellos servicios que no suponen un negocio atractivo para la iniciativa privada. Un Estado fuerte impide convertir en una suculenta transacción la gestión de la pensiones, la sanidad y la educación. El Estado no debe regular el mercado, simplemente mirar de paliar sus efectos con cargo a sus presupuestos, claro. Algunos servicios públicos son un lastre demasiado pesado para los esforzados contribuyentes, en especial los de rentas más elevadas. Habrá quien, rápidamente, descalifique este inocente juego tildándolo de demagógico o políticamente trasnochado. Habrá quien, simplemente, lo observe como mera retórica socialdemócrata clásica, aunque en los tiempos que corren suene a radical y peligrosa. Los habrá, seguro. Serán los voceros del pensamiento único. Los que se han arrogado los protocolos de la excelencia en la gestión. Los que han sentenciado lo público desde sus atalayas de gomina y camisa italiana personalizada. Los que han hecho del discurso de la calidad un buen método para el desguace progresivo de las vigas que sostienen nuestro pequeño e inofensivo Estado del Bienestar en aras de la libre competencia, mientras las petroleras pactan precios, se promueven fusiones que no benefician a usuarios y mandan los oligopolios económicos en beneficio de unos pocos y poderosos. PP, qué curiosa coincidencia, no? Pues de nuevo os propongo que revisemos sus argumentos. Usemos sus mensajes para adaptarlos a nuestra estrategia de defensa de los servicios públicos. Y si la cosa va de Calidad, sostengamos sin complejos que la mejora continua de la calidad de los servicios es progresista. Y hagámoslo incluso ante aquella izquierda que desprecia este concepto por tecnócrata y exento de ideología. Es en el propio servicio público donde reside la propuesta ideológica, en su mejor prestación lo que yace es la garantía de su eficacia en relación a la administración de los recursos de todos. Un modelo de atención pública que sitúe en el centro de las decisiones al ciudadano; que se comprometa con un estandar de calidad y atención y se exija, así mismo, el progreso en términos de rentabilidad social y eficiencia, es el que puede demostrar que el binomio gestión pública-mala gestión es falso. Y lo es por incomparecencia de una de las partes. Me explicaré. La derecha neoliberal afirma que la gestión de lo público es ineficaz por culpa de una especie de pecado original que inhabilita genéticamente al Estado para la eficiencia. Y esta es su coartada para no ejercer su responsabilidad cuando las urnas les otorgan el gobierno. |
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El discurso neoliberal identifica como indisociable el siguiente binomio: gestión de los servicios públicos e ineficiencia. Si desde la izquierda nos dejamos secuestrar por esa idea, será el fin de un modelo de cobertura social que nos ampara a todos por igual. La respuesta es comprometernos firmemente en la defensa de la mejora continua de la calidad de los servicios públicos.





