| La triste unidad de las izquierdas |
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Para las últimas generales yo
no pensaba votar, no quería ayudar a Zapatero a alcanzar el poder.
Quince días antes de las elecciones, decidí hacerlo. El motivo fue
triste, sentí que el PP me estaba obligando a ello. Luego se produjeron
los atentados del 11-M y ya me quedó claro que hasta Zapatero era
preferible.
Lo que más me fastidia de la ultraderecha actual es que me siento obligado a defender posturas y grupos que nunca jamás hubiera defendido en circunstancias normales. No hace mucho tuve que hacer una defensa de un grupo islamista, muy radical pero contrario a la violencia. Se trata de un grupo que se encuentra en las antípodas de mi pensamiento moral y político, pero eso no les niega derecho a expresar sus ideas libremente, especialmente cuando lo único que hacían era criticar el corrupto régimen marroquí. Poco a poco, y sin darme cuenta, he sido arrastrado a defender posturas que distan mucho de ser las mías. Me veo obligado a defender al PSOE, me veo obligado a defender a los nacionalistas perifericos, me veo obligado a defender a grupos ultrareligiosos y todo por culpa de la poderosa ofensiva que ha lanzado la ultraderecha religiosa española. Existe un poco la sensación de que, ante tanto odio que despide la COPE todas las mañanas, todos somos aliados. Todos debemos ayudarnos. Yo no había visto una camaradería entre las izquierdas como la que vivimos ahora. Los voceros de la derecha están consiguiendo lo que parecía imposible. Están consiguiendo la unidad de las izquierdas, incluso de algunas fuerzas de derechas (CiU, por ejemplo), contra ellos. Desde luego, es una práctica suicida para ellos. Algún día se darán cuenta, supongo. Pero también es incómoda para nosotros. El radicalismo de personajes como Losantos nos dificulta a los izquierdistas criticar los muchos defectos del gobierno de Zapatero. Además, varios sectores del PSOE pueden tener la tentación de volver a las prácticas asimilistas que ya intentaron en el pasado. A primera vista puede parecer que la táctica del PP nos beneficia. Pero en realidad sólo beneficia al PSOE. Las políticas de economía derechista del gobierno de Zapatero, o sus intolerables apoyos al Imperialismo en Afganistán y en Líbano, pasan desapercibidos. Porque contra la radicalidad del PP cualquier cosa parece mejor. Pero ¿qué podemos hacer? no podemos permitir que los conspiranoicos y los fundamentalistas se salgan con la suya. Supongo que no nos queda más remedio que seguir y seguir aguantando mecha, criticando las cosas más gordas del PSOE, y esperar a tiempos mejores para poder volver a plantear una oposición de izquierdas.
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| Escrito por Jorge Coto Bautista | |
| lunes, 27 de noviembre de 2006 | |
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Para las últimas generales yo
no pensaba votar, no quería ayudar a Zapatero a alcanzar el poder.
Quince días antes de las elecciones, decidí hacerlo. El motivo fue
triste, sentí que el PP me estaba obligando a ello. Luego se produjeron
los atentados del 11-M y ya me quedó claro que hasta Zapatero era
preferible.






