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Hace
tiempo alguien, no recuerdo quien, escribía un artículo
en la web del PSOE relacionando liberalismo y socialdemocracia,
llegando a la concusión de que no se excluían, al menos
a priori, en un discurso político de izquierdas. Y es cierto,
pero conviene matizar esta afirmación porque si bien es
razonable suponer áreas comunes éstas existen en base a
divergencias ideológicas, esto es, variedades bien
determinadas del acervo común ideológico en ambas
posturas, y siempre en un contexto político y no en uno
ideológico. Es necesario tener claro que una cosa es el
discurso político y otra el fundamento ideológico.
Los
partidos políticos, al menos en España, son en su mayor
parte heterogéneos ideológicamente, de tal manera que
en su seno, y también en su discurso, conviven – a veces a
duras penas – posicionamientos ideológicos diferentes cuando
no abiertamente opuestos. En este sentido resulta poco adecuado
identificar partidos políticos con ideologías concretas
y sería mejor situarlos en el continuo izquierda-derecha, en
algún punto intermedio, bien entre la mitad y la izquierda,
bien entre aquella y la derecha. De esta manera es razonable suponer
que socialdemocracia y liberalismo puedan encontrarse en un discurso
político e incluso compartir postulados ideológicos
dentro de ese discurso y en ese contexto. Como ocurre, por ejemplo,
con la defensa de la competencia empresarial, los derechos
individuales y colectivos de la ciudadanía, y determinados
aspectos de regulación económica del sistema.
También
hemos de tener en cuenta que ambas ideologías no son
monolíticas y uniformes sino que admiten, en un tronco común,
la existencia de variedades, corrientes, sensibilidades y opiniones,
de tal manera que, por ejemplo, tan socialdemócrata es quien
defiende el modelo de Estado de Bienestar como estación de
tránsito como quien lo hace con el carácter de objetivo
final; o tan liberal es quien contempla como únicas leyes las
dictadas por el mercado como quien estima conveniente que el Estado
tenga competencias legislativas para regular la convivencia y
establecer derechos individuales y colectivos al margen y por encima
del mercado. Y esto es así en la medida en que sólo
desde la asunción de esta pluralidad – que, parafraseando a
dña. Gloria Marcos (EUPV-IU), es característica “sine
qua non” de la izquierda – podemos entender el encuentro entre
posiciones políticas opuestas.
Pero,
como ya he dicho, creo que no es razonable identificar postura
política con acervo ideológico, porque si bien en la
primera considero razonable el encuentro entre socialdemocracia y
liberalismo, en el segundo, y siempre en mi humilde opinión,
tal cosa no es posible. Una cosa es que alcanzar el poder político
haya de pasar necesariamente por convencer a determinado sector del
electorado que por sus características intrínsecas no
se ha definido ideológicamente y otra, muy distinta, es
globalizar la indefinición ideológica en aras a
alcanzar el poder. Liberalismo y socialdemocracia son ideologías
opuestas que contemplan modelos sociales radicalmente diferentes y
que proponen a la ciudadanía sistemas incompatibles entre sí,
resultando antitética la unión semántica e
incluso el mero contacto, pese a lo que propone el articulista,
confundiendo ideología y discurso político, no sé
si de manera interesada.
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