| Mitos sobre el mercado I: introducción |
|
|
El modelo económico (y de rebote social) que propugna el liberalismo afirma que no hay mejor manera de distribuir bienes y servicios, de cubrir necesidades y fomentar un intercambio que beneficie a todos como el libre mercado. A priori yo puedo coincidir que este modelo es correcto. Hoy por hoy, en los países del primer mundo los ciudadanos no necesitamos que el emperador nos proporcione grano para el pan, excepto en situaciones de guerra o extrema necesidad, en general los ciudadanos de los países mas avanzados podemos confiar en que el mercado nos proporcione bajo sus reglas lo mas necesario para vivir, como mínimo la alimentación, el vestido, etc... Esto a grandes rasgos y para la mayoría de la población de estos paises es así.
El modelo del mercado libre también es una buena forma de aproximarnos a casi cualquier actividad económica humana, y una buena herramienta para ver que es lo que no hay que hacer. En comparación, los sistemas planificadores o autárquicos han sido inferiores a los liberales a la hora de garantizar la cobertura de las necesidades humanas y la consecución de niveles de libertad mayores.
Eso no lo negaré, ahora bien, de tendencias liberales hay muchas, la que está en boga es la que aplica el modelo de libre mercado sin ningún tipo de matiz, que cree que cualquier intervención estatal es siempre negativa, que todo se autoregula mucho mejor sin nadie que incordie. O sea, que considera cualquier acción que tomemos desde fuera del mercado como la creación de ineficacias al propio mercado y alejarlo de su nivel de equilibrio: la competencia perfecta.
Los axiomas que sustentan esto son básicos: cada ofertante en plena competencia, ofrecerá su producto o servicio a un precio que vendrá fijado por la intensidad de la demanda y por la intensidad de la competencia. Ante un incremento de la demanda en un tipo de producto que es mas excaso al principio los precios serán altos y ese productor se enriquecerá recibiendo el premio de su éxito al arriesgar en una línea buena que nadie había pensado antes, poco a poco nuevos productores entran en la venta de ese producto llegando a la competencia perfecta donde los precios bajan. Cuando hay un bien que demandan los consumidores y que comienza a excasear se generan los incentivos (precios cada vez mas altos) para que alguien investigue o reaccione produciéndolo o encontrando una forma nueva de suplir esa necesidad y de paso enriqueciéndose (y generando empleo y todo eso).
Cualquier ingerencia en esa mano invisible, cualquier incentivo por parte del estado a un tipo de producto, cualquier coacción para tener que pagar un sueldo mínimo, cualquier competencia desleal, cualquier proteccionismo estatal significa pérdida de eficiencia en esa actividad casi mística que soluciona todos los problemas y necesidades humanas enriqueciendo a todos. Cualquier limitación o impuesto a las rentas altas es un desincentivo a invertir e intentar ganar mas.
Por tanto el estado es el enemigo del libremercado.
Ahora bien el mercado tal y como queda aquí descrito no es mas que una entelequia, una utopía, existen numerosas imperfecciones y problemas reales que hacen que esa situación idílica no se dé, algunas de ellas que expondré ahora. Es innecesario para algunos describir situaciones reales donde el mercado perfecto no se ha dado y donde el intervencionismo estatal o la existencia de una legislación o mecanismos de control han permitido que el mercado funcione de forma mas eficiente: desde estudios de como el sindicalismo ayuda a mejorar la productividad de las empresas, ha los datos de gasto en sanidad en sistemas con mas peso del sector público del privado o el efecto fomentador de empleo de un salario mínimo moderado, a la protección del consumidor mediante los mecanismos antimonopolio y anti-trust. Para algunos liberales, la mayoría por cierto, el mercado perfecto es solo un modelo, no EL ÚNICO MODELO, y mucho menos el modelo real para todas y cada una de las situaciones económicas de la vida real. Entrar a discutir los puntos donde es mas interesante un cierto intervencionismo o no, es el debate que han tenido socialdemócratas y liberales, centro-izquierdistas y centro-derechistas y que han permitido las mayores cuotas de libertad, de derechos, de riqueza y también de seguridad que haya habido en la historia de la humanidad.
Ahora bien, para una nueva ola liberal, los neoliberales, la realidad es algo que le pasa a otros. De hecho hay líneas de pensamiento que denostan cualquier comprovación de la teoría con respecto a la realidad, que la consideran que como realidad social no se pueden calibrar todas las variables, modificando solo la variable de control y por tanto niegan poder a cualquier comprovación empírica de la aplicación de la teoría. O sea, que se parte del siguiente axioma: "mi teoría no puede ser confrontada con la realidad social porque esta es muy volátil como para poder comprovar nada", o sea, créeme porque mi teoría es así de maravillosa. Da igual que la cadena teórica, o sea las concatenaciones desde lo que se considera primer efecto hasta la consecuencia supuesta, sea extremadamente larga y frágil, o que sus consecuencias no se hayan observado, eso no importa, tan solo es que teóricamente pueden llegar a producirse, aunque nunca se haya dado tal y como lo plantea la cadena teórica.
La ciencia social no se basa en la adscripción ciega a un conjunto de axiomas símplemente porque estos sean coherentes en sí mismos, o porque, lo mas importante, se adscrivan mejora a una ideología o a los intereses de un determinado grupo de poder. La ciencia social se basa en criterios de utilidad, si una teoría es menos buena que otra a la hora de describir un aspecto de la realidad social es desechada o ha de ser descartada en ese ámbito en favor de la mas útil y cercana en sus descripciones y predicciones a los datos reales. El resto solo son sofismas refinados.
Con respecto al modelo utópico liberal hay varias objecciones teóricas que confrontar que nacen de la observación de la realidad, descripciones de ineficacias del mercado y que sin intervención provoca sufrimiento y pérdidas innecesarias. Mas allá de valoraciones humanas de aceptar según que consecuencias del mercado sin intervenir que también citaré en los siguientes artículos. Mi intención no es satanizar ni el mercado, ni el liberalismo, pero sí poner en evidencia algo que “la sabiduría convencional”, utilizando la terminología de Galbraith considera axiomas y verdades o no cuestionadas o lévemente cuestionadas y que ponen en jaque algunas de las premisas básicas del modelo utópico de libre mercado que solo puede esperar por parte del estado o la acción pública (sometida a la voluntad democrática) cosas negativas tanto para el funcionamiento de la economía como para la vida de las personas.
No voy a destruir el principio básico, el modelo de aproximación cero, el principio desde el que estudiar la realidad económica (y también de forma indirecta social), que permite el modelo de mercado liberal. No es mi propósito hacer un alegato anticapitalista; me considero socialdemócrata, y los socialdemócratas no pretendemos destruir el sistema capitalista sino reformarlo tanto para hacerlo mas eficaz (como hizo el keynesianismo) como para hacerlo mas redistributivo evitando los efectos sociales mas dañinos. Tan solo indicar el porqué asumir las premisas liberales al pié de la letra, cosa que los liberales tampoco acostumbran a hacer excepto los mas radicales que se pueden adscrivir al bloque neoliberal, no es la postura mas honesta intelectualmente hablando.
En el próximo entraré a indicar como no podemos partir del supuesto básico de la soberanía del consumidor, como axioma incuestionable y algunas consecuencias que ello tiene.
|
mXcomment 1.0.3 © 2007-2008 - visualclinic.fr
License Creative Commons - Some rights reserved
| Escrito por Jose Rodriguez | |
| miércoles, 06 de diciembre de 2006 | |
| < Anterior | Siguiente > |
|---|
RSS










