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Haciendo
un poco de futurología, el ex presidente ecuatoriano Rodrigo
Borja Cevallos considera que las megafusiones del capital
multinacional tendrán una repercusión determinante y
decisiva en el ámbito político por cuanto desplazarán
el papel que cumplen actualmente los Estados. En ese sentido,
explica, “los futuros imperialismos no tendrán al Estado
propiamente como su protagonista”.
“TRANSNACIONALES
TERMINARÁN DESPLAZANDO PAPEL DEL ESTADO”: RODRIGO BORJA
Esta hipótesis la
sustenta en que es irrefutable la fortaleza económica de estas
transnacionales privadas, “aunado al hecho de que ellas manejan
el factor más importante de la dependencia externa que es la
ciencia y la tecnología, porque todas las denominaciones
externas en último término, son diferencias de poder
científico y tecnológico”.
Sobre
este tema y las implicaciones que la globalización viene
teniendo en América Latina y en el mundo dialogó
www.socialdemocracia.org con el ex mandatario ecuatoriano,
quien desde la década de los 90 está dedicado a
trabajar en su “Enciclopedia de la Política” (Fondo de
Cultura Económica de México), que ya va para la cuarta
edición. “Es un libro siempre inconcluso porque amerita
estar actualizándolo en forma permanente”, comenta.
Borja, une a sus
cualidades de profesor universitario y de tratadista de Derecho y
Ciencia Política su condición de gobernante (presidente
de Ecuador en el periodo 1988-92) y de fundador y dirigente de un
partido, de modo que en él se juntan, en un equilibrio poco
usual, la teoría y la 'praxis' políticas. Doctor
Honoris Causa de las universidades de Buenos Aires, San Andrés
de Bolivia, Carolina del Norte y la Sorbona de París.
ESTRATEGIA DE LA GLOBALIZACIÓN
No es que sea una
ficción, lo que ocurre es que es un continente muy
heterogéneo, muy disímil, lleno de diversidades de
todo género: étnicas, geográficas,
costumbristas, históricas, en fin. La gran farsa es la de
aquellos que nos quisieron hacer creer en el pasado que América
Latina era una unidad y no es así, hay una multiplicidad de
países que tienen sus propias características,
evidentemente tenemos muchas cosas en común empezando por el
lenguaje que hablamos, pero los intereses son distintos y eso ha
hecho que esa diversidad no pueda forjar una férrea unidad al
estilo de la europea. Sin embargo, creo que las circunstancias de la
globalización que hay que entenderla como una muy hábil
estrategia de los países desarrollados para cautivar los
mercados del planeta, nos va a obligar dentro de la política
de grandes frentes que se está estructurando en el mundo a
formar un bloque común, a pesar de nuestras diferencias, para
defender intereses compartidos en el ámbito internacional
frente a las aglomeraciones de Estados que se están
produciendo en diversas partes del mundo. Yo recuerdo que hace más
de veinte años, cuando el problema de la deuda, clamaba por
la unificación en un sindicato de los países deudores
para renegociar nuestras obligaciones con el exterior en forma
corporativa a fin de tener mayor fuerza en esa negociación.
Pero la falta de visión de los gobernantes de aquel tiempo
hizo que nos presentáramos aislada e individualmente país
por país para negociar con la constelación, esa sí
unificada, de nuestros acreedores. El resultado fue que nos
impusieron las más gravosas condiciones y nosotros no fuimos
capaces de aprovechar la fuerza de negociación que era,
precisamente, la ingente deuda que de no pagarse ponía en
proceso de inestabilidad a la propia banca acreedora. Esa que era
nuestra fuerza no pudimos utilizarla en la negociación, no
para no pagar la deuda sino para lograr una acuerdo no convencional
del tema.
Ahora, un cuarto de
siglo después de esa experiencia, espero que la América
Latina despierte a la realidad y se dé cuenta de que si no
forma un frente de negociación para la globalización,
esta no tendrá la equidad que le hace falta ni la simetría
que le es necesaria para que en su proceso económico sus
frutos sean igualmente globales, es decir, que favorezcan a todos
los socios de este conjunto universal.
Hay una crisis,
como usted afirma con mucha razón, del Estado, esa crisis es
multidimensional. El Estado no ha sido competente para solucionar
los problemas de la sociedad, entonces su vigencia está en
entredicho, pero hay otros factores mucho más preocupantes: a
partir de 1998 en el mundo desarrollado se ha producido un proceso
de megafusiones de colosales empresas que han formado grupos
económicos gigantescos, impensablemente grandes, cuyas cifras
de ventas anuales son inmensamente mayores a los productos internos
brutos de muchos países, por lo que se ha generado un poder
fáctico de enorme fuerza que son estas grandes corporaciones
transnacionales. Este poder privado es tan avasallador que haciendo
futurología yo preveo que dichas transnacionales se
superposicionarán sobre los Estados y de diversas maneras
dominarán a los gobiernos, hasta el punto que es presumible
que los futuros imperialismos no tengan al Estado propiamente como
su protagonista.
Exactamente, porque
la fuerza de estas transnacionales privadas es enrome, aunado al
hecho de que ellas manejan el factor más importante de la
dependencia externa que es la ciencia y la tecnología, porque
todas las denominaciones externas en último término,
son diferencias de poder científico y tecnológico. Que
quiero decir con esto, que la fuerza agrícola de países
que exportan sus excedentes es el resultado de su avance
científico-tecnológico; que el manejo de la
información internacional no es otra cosa que la tecnología
al servicio de las comunicaciones planetarias; que las propias
operaciones militares no son otra cosa que tecnología en el
arte de matar al prójimo. En último término,
todas las relaciones de dependencia están ubicadas en las
distancias científicas y tecnológicas que nos separan
de los países desarrolladas. Esta es la fuente de todas las
dependencias.
En el Sexto Foro de Biarritz realizado a
finales de septiembre en Bogotá usted suministró el
dato de que apenas el 0.26% del agua dulce en el planeta es de
consumo humano. ¿No deja un mal sabor el hecho de que Estados
Unidos quiera aprovecharse de la cuenca amazónica a través
de estrategias como el Plan Colombia e instale, al mismo tiempo, una
base militar en Paraguay muy cerca de la Triple Frontera donde se
ubica el Acuífero Guaraní, la segunda reserva de agua
dulce más importante en el mundo?
Yo tengo certeza
respecto de esto, porque ni los propios norteamericanos niegan que
en un futuro más o menos cercano va ser un punto estratégico
de la política internacional el control y dominio de las
fuentes de agua dulce, porque del agua general del planeta el 97.5%
es saladas y solamente el 2.5% restante es agua dulce, pero de este
porcentaje es aprovechable solo el 0.26%, por cuanto que la restante
o está congelada en los polos o en las cordilleras de nieves
eternas, o está almacenada en las profundidades de la tierra,
de manera que no hay manera de extraer esa agua. La humanidad tendrá
que vivir con esa realidad, lo que va a significar naturalmente una
penuria del líquido de la vida. En un informe del Pentágono
donde se trata este tema junto con otro preocupante como es el de
los desórdenes climáticos que se agudizarán a
partir del año 2015, causando millones de víctimas, se
prevé que las grandes potencias se verán forzadas a no
dejar morir de sed a sus pueblos y a conquistar el agua dulce por
las buenas o las malas, donde quieran que estén sus fuentes.
De manera que para mí no es un misterio que se ocupe
militarmente la hoya amazónica donde reside la quinta parte
de las reservas de agua dulce de la tierra ya que este recurso será
más caro que el petróleo, tendrá un gran valor
y será escaso.
Si bien usted viene contribuyendo al debate en América
Latina por encontrar un modelo alternativo al esquema de libre
mercado, propugnando por un sistema de economía mixta
(conjunción de lo público con lo privado), nuestros
países lo que están haciendo es, por el contrario,
profundizar el neoliberalismo con los Tratados de Libre Comercio que
vienen suscribiendo con Estados Unidos, ¿no le parece?
Sí, lamentablemente esa es
la miopía de nuestra América que no se ponga a
reflexionar en torno a que las aplicaciones de los principios y
medidas neoliberales en los últimos quince años han
producido una extensión de la miseria, una profundización
de la pobreza y una concentración enorme del ingreso. En ese
contexto, tampoco han resultado muy beneficiadas las acciones
productivas y comerciales privadas porque no ha habido poder de
compra en las poblaciones y por eso es que la aplicación de
esas medidas no solo que ha afectado la equidad económica y
la justicia social sino que ha terminado por perjudicar los propios
índices de crecimiento económico. Hoy estamos
creciendo menos de lo que hace veinte años con otro modelo
económico. O sea que con el modelo aperturista, privatizador,
de disminución del tamaño del Estado, de entrega del
comando de la economía a manos privadas se han tenido muy
negativos resultados, no solamente en términos de equidad
sino también en el orden de la propia eficiencia productiva.
Esto nos obliga a pensar muy seriamente, porque en los últimos
cincuenta años han fracasado los dos grandes modelos
económicos: el modelo estatista que resultó
tremendamente ineficiente desde el punto de vista de la
productividad y la producción; y el modelo privatista que
además de ineficiente ha resultado tremendamente injusto
desde el punto de vista social.
No queda más
remedio que ir hacia un sistema de economía mixta en el que
combinemos lo rescatable del mercado con lo valioso del Estado para
hacer una operación que produzca más y que distribuya
con mayor justicia lo producido. Es decir, la formación
de empresas de economía compartida, en cuyo capital aporte el
Estado con sus bienes y activos y los empresarios particulares
participen con dinero fresco, en una suma equivalente, para duplicar
la empresa en su tamaño, mejorar la prestación de los
servicios, modernizarla e incorporar a ella tecnología de
última generación. Creo que este puede ser el camino
para las empresas públicas de prestación de servicios.
Ahora, que el mundo vive una tremenda dependencia eso es evidente,
pero es una dependencia que se origina en lo tecnológico-científico.
El neoliberalismo terminó también
por horadar los partidos políticos en Latinoamérica,
afectando notablemente la gobernabilidad. Usted que es padre de un
partido político en Ecuador, como Izquierda Democrática,
cómo cree que se debe reinventar la política?
La fundación
de Izquierda Democrática para enarbolar una nueva ideología
en el Ecuador que es el socialismo democrático que combina la
equidad, la igualdad con la libertad política, fue el intento
de forjar una entidad diferente a la de los partidos tradicionales,
luego fue el intento de llevar al gobierno y a los lugares
directivos de la sociedad a nueva gente, a la juventud, a nuevas
promociones y fue también, el intento persistente y serio de
conciliar o reconciliar la política con la ética, y en
eso nos hemos pasado 34 años, pero lamentablemente los brotes
de corrupción en las más altas esferas gubernativas
han sido de tal magnitud que han desmoralizado a la sociedad entera.
Un líder político, un jefe de Estado no solamente es
un conductor de su pueblo o un administrador de los bienes
estatales, sino que debe ser un modelo de pulcritud, de honestidad y
de honradez en el manejo de los bienes de la sociedad. Cuando eso no
ocurre y el presidente es un corrupto, el ejemplo de inmoralidad
inmediatamente empieza a extenderse por el tejido social como una
metástasis y eso e lo que ha ocurrido en el Ecuador y en
otras partes de nuestra América.
En esto tienen mucho
que ver los medios de comunicación, porque así como un
presidente tiene que ser el modelo de buenas costumbres que debe
guiar a un país y a una sociedad, los medios tienen que
liberarse de ese cínico principio de la prensa mercantilista
y amarilla norteamericana de que una buena noticia, no es noticia.
Esto ha llevado a que solamente se publiquen cosas negativas, a que
los actos positivos y ejemplares no se difundan, lo que impide a un
presidente ser un modelo, especialmente para la juventud, porque la
prensa no se encarga de hacer visible ese modelo. Si se junta esto
con esos programas repulsivos de la televisión como los
reality show y esas novelcuhas al margen de todo
sentido ético y estético de la vida, termina
forjándose una niñez y una adolescencia con problemas
de percepción moral, con criterios descarriados respecto de
lo bueno y de lo malo, lo legítimo y lo ilegítimo.
fsarellano@cronicon.net
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