| ¿Por qué negociar? |
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Los vi cuando regresábamos al camping, a dormir la juerga, la farra, o la mona, lo que fuera en cada caso. Era una pareja joven que sostenía en brazos a su hijo. Era verano, y en el pecho del niño se podía leer un mensaje tatuado, que pedía al Gobierno el acercamiento de los presos etarras. El cuadro resultaba macabro, pero también permitía extraer una conclusión que resultaba, si cabe, más aterradora: era una marca de nacimiento. Una señal que sus padres le habían dejado para llevar en vida, una etiqueta que probablemente no abandonaría hasta la muerte, con todas sus posibles consecuencias…
¿Qué mejor fotografía que aquella para definir la profundidad del mensaje abertzale en ciertas zonas del País Vasco y Navarra?. Las ideas de independencia –condición imprescindible para pasar, después, a construir el socialismo-, opresión de un Estado fascista contra los vascos y lucha armada para combatir por la libertad, se encuentran tan arraigadas, tan adheridas en la psique de estos grupos como el extenso tatuaje en la piel del bebé, cuyas primeras palabras aprendidas no serían probablemente ni papá ni mamá, ni casa…
Y es esta instantánea que recreo obsesivamente la que me lleva a pensar que el diálogo y la negociación son las únicas soluciones posibles para el fin del terrorismo en España. No hay duda de que el Partido Popular trabajó, durante sus años de Gobierno, para combatir el terrorismo; sin embargo, es cuestionable que lo hiciera para acabar con el terrorismo. Que se desarticularan comandos o se produjeran múltiples detenciones no significó que se avanzara en la línea correcta. También se produjeron enormes atentados, con muchísimas muertes. Para colmo, y cuando tuvieron la oportunidad, los conservadores intentaron llevar adelante una tregua, con un acercamiento de presos, en 1998. Hablar de los errores de Felipe González –tremendos, también- queda ya tan lejos como discutir de quién fue la culpa de la Guerra Civil. Nada aporta ya a la situación actual.
Cuando el problema es tan complejo que no puede ventilarse en una o dos tertulias radiofónicas, ni siquiera en un par de ensayos; cuando se trata de una cultura que ha calado tanto en grandes sectores de la población, no se puede proceder como si de eliminar una mafia se tratara. Una marca de nacimiento, igual que un tatuaje, no puede borrarse ni con jabón ni con lejía: la piel puede enrojecer, pero la marca seguirá ahí, incluso más clara. El fenómeno del terrorismo en el País Vasco puede y tiene que estudiarse desde múltiples perspectivas, que expliquen conjuntamente por qué este problema no se ha solucionado aún. El PP lo concibe como si de la eliminación de los cuatro gatos del Ejército Rojo de la RFA se tratara... Nada más lejos de la realidad. Afortunadamente, a los conservadores no les toca ahora el turno, por lo que hay vía libre para un camino con muchos baches, giros y otras dificultades, pero que, a diferencia de los previos, conduce, sin duda, a una meta exitosa.
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| Escrito por Andrés Villena | |
| lunes, 11 de diciembre de 2006 | |
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Recuerdo cuando visité por
primera vez Pamplona en San Fermín, hace muchos años.
Esta incursión me permitió conocer ambientes que, por
razones geográficas y de edad, sólo había podido
observar en la televisión. Las pintadas de Gora ETA en
las paredes, distintos gritos y la tensión que se mascaba allí
me impresionaron enormemente. Pero si tuviera que recordar una imagen
del viaje, no sería ninguna de éstas, sino otra que me
resultó más impactante aún.







