| Mitos sobre el mercado II: la soberanía del consumidor |
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Hay una serie de necesidades que compartimos todos los humanos, da igual la cultura o grupo social al que pertenezcamos: necesidad de vestido, comida, agua, refugio, seguridad. Estas son consustanciales con el hecho de poder seguir vivos y con nuestra condición de especie animal.
Mas allá de esas necesidades hay otras, que los psicólogos y los expertos en márketing categorizan de diversas maneras, una de ellas la pirámide de Maslow, que no es mas que una manera de las existentes de determinar las prioridades humanas, es clave para los expertos en márketing poder identificar productos y servicios con categorias de necesidades.
Para el modelo económico liberal el sistema productivo esta volcado a satisfacer las necesidades, tanto básicas como no básicas de los ciudadanos. A cambio de un pago por ellos claro. El modelo básico (al cual se adscriven pocos liberales por cierto) es que no existe mejor manera de satisfacer estas necesidades que el libre mercado, a traves de la mano invisible, que consigue premiar a los productores que mejor satisfacen esas necesidades y se adaptan con mejor eficacia a los cambios en las necesidades. En el modelo mas básico se parte del mito de la soberanía del consumidor, en que sus necesidades no vienen condicionadas por el productor. No importa que estas sean necesidades generadas por la influencia social del grupo o nazcan de pruritos personales independientes, pero sí que son una decisión libre del individuo y que el productor tiene poco que hacer aquí mas que satisfacer estas demandas.
De hecho, incluso se describe un proceso de creación de necesidades muy sociológico: “la emulación”, o sea, la envidia cochina de ver que tu vecino tiene un coche mas grande. En el modelo básico se acepta sin problemas que la diferencia entre tú y tu vecino puede provocarte necesidades que si vivieras en otro territorio con gente que no tuviera mas bienes que tú no tendrías. Esto a diferencia de otros mecanismos que citaré para la creación de nuevas necesidades, se acepta sin problemas porque son mecanismos de generación de necesidades que surgen del ámbito de la demanda y no de la producción y por tanto se puede mantener la tesis de que la demanda es soberana en sí misma. Las necesidades que se planteen satisfacer pueden ser lo mas espúreas que querramos, pero como nacen de la toma de decisiones individuales y sin la afectación directa del productor son aceptadas sin problemas por el modelo económico.
El sistema incluso va mas allá, para el modelo el individuo se mueve a satisfacer las necesidades no satisfechas. Para el modelo una persona con lo mínimo para vivir se moverá para intentar conseguir su primer bien de consumo no básico, para una persona sin lo necesario para comer se moverá para conseguir satisfacer su necesidad de comida y para una persona con holgura económica se moverá para conseguir sus bienes de lujo. Da igual la situación personal, cada uno se moverá a satisfacer las necesidades personales, da igual para el modelo si estas son básicas o no.
Ahora bien el mundo real no es exáctamente así y esto encaja con bastante dificultad con el modelo económico básico (que reitero, pocos liberales, solo las tesis mas neoliberales se atreven a defenderlo tal cuál). Hay algunos mecanismos para que esta forma de generación de necesidades sea tan pura y propia tan solo del entorno de la demanda.
La publicidad es una de ellas. A través de la publicidad se generan nuevas necesidades que antes no existían, sin la publicidad no hubieramos comprado Tamagochis, o la extensión de nuevos bienes sería mucho mas problemática. La necesidad de un MP3 o un reproductor de DVD no nace, se produce, y en principio no por emulación. Desde la década de los 50 a hoy en día el gasto en publicidad de las compañías ha aumentado de forma exponencial, tanto en gastos absolutos, com en porcentaje. Se considera de hecho un gasto de inversión, y no hay productor que lance un nuevo producto y que no genere anteriormente la necesidad entre el comprador.
El “pensamiento convencional” de la economía no acepta muy bien esta realidad, es curioso que un mecanismo como la “emulación” se considere clave para explicar la aparición de necesidades no básicas pero en cambio el machacamiento a través de los mass-media, a través de nuestros modelos mediatizados (como pueden ser actores, personajes públicos, personajes de ficción, etc...) que consumen productos en la pantalla (como una estrategia de márketing), se considere que no afecta la demanda de una forma tan clara. La cuestión no es discutible, al menos no desde la teoría económica, que al menos debería aceptar lo que los estudiosos de la comunicación (desde la escuela de Frankfurt, la canadiense o la hermenéutica o estudiosos del fenómeno media como Eco o Bourdieu) que tratan como un hecho real la influencia directa en la construcción de valores y en la generación de necesidades y en nuestra realidad simbólica y por tanto en lo que consideramos como útil o no, lo que deseamos o no y por tanto en lo que queremos comprar o no. Si el mecanismo de emulación es considerado como válido, también el de la influencia mediática y controlada por los productores que son los que contratan publicidad y ayudan a generar un sector económico que hoy en dia tiene un gran peso en nuestras sociedades, como el sector del márketing y la publicidad.
Existe ese mecanismo que cortocircuita la soberanía del consumidor. Con esto no quiero alegar como algunos intentan describir para denostar este argumento que el “individuo termina siendo un autómata a las órdenes de la publicidad”. Simplemente que negar la influencia de la publicidad en las necesidades de los consumidores es una postura acientífica y que niega una realidad mas que evidente. Los mismos que nos consideran unos “autómatas envidiosos” sin ningún problema, o al menos que consideran que la emulación explica una parte de la demanda, no deberían tener problemas en aceptar que parte de nuestras necesidades son creadas por la publicidad.
Una respuesta mas refinada al respecto por parte de la “sabiduría convencional” es que la publicidad al final no genera mas demanda artificial sino que en plena competencia lo que hacen los productores es confrontar los valores de su producto con los del competidor, y que la publicidad no es mas que una forma mas de hacer valer el producto. Que el producto o servicio ya es demandado, y que a parte de los factores de precio, accesibilidad, calidad, etc... que influyen en que el consumidor compre ese producto o servicio, tambien su estrategia publicitaria es un factor que influye. Podríamos aceptar este argumento para describir una parte de la actividad publicitaria, pero no permite escapar del todo a la influencia de la publicidad en la creación de nuevas necesidades.
Y es que en la publicidad hay diversas formas de publicidad. Hay publicidad diseñada para ser defensiva o para marcar la diferencia de un producto sobre otro parecido, que es la que describiría la anterior situación. Esta publicidad es cierto que sirve para marcar una diferencia entre zapatillas (en teoria la necesidad de calzado no nos viene impuesta por ninguna publicidad, ha sido universal en casi todas las culturas) de una marca y la de otra. Ahora bien, incluso esta publicidad tiene sus “peros” en mas de un sentido. Por un lado eleva los costes de un producto y por tanto el precio al que pagará ese producto el consumidor, todos sabemos las diferencias de precio (y no muchas veces viene asociado a una mejor calidad o una mejor condición laboral de los trabajadores que lo producen) entre una marca estrella y una marca “blanca”, pero la marca comercial se vende mas y mejor gracias a esa publicidad que al final termina pagando el consumidor. Es un factor que va en contra del principo al que en teoría sirve el sistema productivo: satisfacer lo mejor posible y de la manera mas eficiente la demanda del consumidor. Esto es una influencia negativa en la eficiencia del sistema. Tanto que le tiembla el pulso al productor ante una demanda de incrementos salariales de sus trabajadores o los costes adicionales de respetar la legislación ambiental o la salud laboral por miedo a “trasladar el coste al consumidor”, mensaje que acostumbran a repetir (lo hacemos todo para nuestros clientes), en cambio no tiembla ni un ápice a la hora de destinar un porcentaje significativo de sus beneficios en inversión en publicidad, inversión que paga en definitiva el consumidor.
Por otro lado esa publicidad de diferenciación de producto tampoco es que sea inocua, entre otras porque la mayoría de estos productos nacen de necesidades creadas con la publicidad destinada a generar mercado, como ya trataré mas adelante, y por otra generan demandas reales que no nacen del propio consumidor. El hecho no es comprar zapatos o zapatillas deportivas, sino que se genera la necesidad de que las zapatillas deportivas sean con cámara de aire, y no solo eso, que tengan una decoración especial y no solo eso sino que sean de tal o cual marca. El refinamiento es tal que muchas compañías llegan a ser tan solo eso una marca y un logo: han logrado refinar su publicidad para generar la demanda de sus productos, sean los que sean, sean camisas o zapatillas, sean gorras o relojes. Lo importante es que compres la marca X, y han generado una cultura simbólica alrededor de sus marcas que las convierten en sí mismas en productos. Alguien que no compraría una camisa lo hace si lleva el logo X. Generan necesidad de ellas mismas, directamente sobre el consumidor. A parte y esto será tratado en otros apartados aumentan la barrera de acceso a futuros productores, haciendo mas difícil que aparezca competencia en un sector con un gran peso de publicidad en su oferta, hay incluso estrategias para conseguir monopolios a la práctica a través de esta publicidad como la estrategia de “bloqueo de marca” que forman parte de la estrategia básica del márketing empresarial.
Ahora bien, la generación de demanda no es tan refinada como la anteriormente descrita. En otras ocasiones la publicidad no es tanto de diferenciación de producto sino en la de generación de nuevos mercados. Se define groséramente como una forma de generación de un mercado de demandantes por un nuevo producto. Hoy en día, cualquier productor que ofrezca algo nuevo (o nuevo en apariencia) no lo lanza a la venta si no es bajo una estrategia de márketing que genere demanda a ese producto. Esto es tan grosero y claro y evidente como lo afirmo: hay estrategias destinadas simple y llánamente para generarnos nuevas necesidades y que vienen dictadas desde los productores.
Esto es extremadamente demoledor para el pensamiento económico convencional ya que destruye parte de la soberanía del consumidor y de hecho define que el sistema productivo que en teoría estaba para servirle (a cambio de su dinero, claro), el sistema que estaba a su servicio, le genera servidumbres y le genera necesidades. El sistema productivo le convierte en su servidor. No es por la dificultad de aceptar la influencia que tiene la publicidad o los mass-media en el consumidor, hecho objetivo y no discutido por ninguna escuela de comunicación ni tampoco por ningún psicólogo, y por la evidencia de una rama del conocimiento llamada márketing destinada a estudiar como influir y crear estas demandas mediante la publicidad. El pensamiento económico convencional le cuesta aceptarlo (y menos aún las posiciones ultraliberales) por sus consecuencias en la línea de flotación del pensamiento económico.
Con esto no quiero decir que del hombre libre que decide cuales son sus prioridades y necesidades pasemos a un modelo del autómata que responde a los impulsos de la publicidad como un ser pasivo. Lo que tampoco podemos es negar que el modelo real se encuentra entre ambos puntos, al ser individual que solo tiene influencias de su entorno social inmediato pero que realiza sus demandas de bienes o servicios sin influencia del productor hay que contemplarlo como algo mas complejo, en conjunto los humanos compramos y consumimos servicios y bienes afectados en un porcentaje de nuestras decisiones influenciados por la publicidad del productor y su efecto propagador (reforzados por mecanismos de emulación, por la moda, por la creación de valores simbólicos). No denosto tampoco la publicidad, sin ella hoy en día sería mas difícil la difusión de aparatos que parece que han mejorado nuestra vida como el teléfono móvil, el PC o servicios como los de consultoría que teóricamente también han permitido gracias a su difusión entre las propias empresas para mejorar la productividad y la actividad económica en casi todos los sectores.
Ahora bien, la situación donde los productores generan su propia demanda es algo a observar y a considerar. Esto tiene diversas consecuencias. La primera es que no hay tanto problema en clasar las necesidades humanas, algo que el pensamiento económico convencional le cuesta mucho de aceptar, para este pensamiento es como ir en contra de la libertad de elección del individuo y anteponer unos supuestos valores colectivos a los individuales, cosa que en esta circunstancia no es tan grave, los valores individuales son construidos sociálmente y estos a su vez sometidos al arbitrio de unos productores y de su estrategia de márketing, al menos en una parte significativa. Por tanto el argumento de “coaccionar la libertad del individuo” al clasificar las necesidades es bastante espúreo, al menos éticamente poco sostenible para los defensores del libre mercado (cuya consecuencia tiene la preeminencia del productor sobre el consumidor a través de la publicidad), un hombre de paja.
Porqué aunque no lo diga, el pensamiento económico convencional considera que para un magnate la necesidad de alcanzar un lujo nuevo es la misma que para un depauperado el poder conseguir un trozo de pan que llevarse a la boca y que nadie debería meterse en ello ni afectar al mercado en estas situaciones porque lo que haría es crear ineficiencias y por tanto generar mas sufrimiento del necesario. Este argumento es desmontable por varias vías. La primera porque no hay ser humano que pueda sostener con honestidad intelectual ante la evidencia de alguien que carece acceso a agua potable o a alimento o a cobijo que es la misma intensidad de necesidad que el magnate que no tiene un coche último modelo y que el sufrimiento es el mismo. No es un argumento emotivo, es de una evidencia atroz que alguien que lleva sin beber dos días tiene una necesidad vital mayor que alguien que carece del último modelo de móvil. Por otro lado, poca broma: si el productor afecta creando nuevas necesidades o intensificando otras de forma directa, el considerar algunas como mas básicas que otras no es ningún delito o atentado a la libertad individual. Si de forma colectiva a través de los mecanismos de decisión democrática se considera que el acceso a la sanidad, a una educación básica y a una alimentación y un techo son básicos (a parte como ya trataré en un futuro artículo esenciales para una mejor eficiencia de la economía), no tendría que plantearnos dudas éticas que mediante los mecanismos de redistribución (que para los ultraliberales son coactivos y contrarios a la voluntad de los individuos) se garanticen estos derechos básicos para toda la población, incluso para aquellos que no podrían conseguirlos por si solos.
La segunda forma en que afecta al pensamiento económico convencional es que tenemos un sistema productivo que en un porcentaje solo sirve para él mismo, no solo es que se generen gastos espúreos que superan a cualquier burocracia o a cualquier impuesto (los gastos en publicidad superan con creces los gastos fiscales), sino que está produciendo por producir, o sea la generación de la necesidad la hace en un porcentaje el propio sistema productivo y es el propio sistema productivo el que satisface esa demanda que en porcentaje él mismo genera. Es decir, tenemos un sistema económico que solo se sirve a sí mismo en un porcentaje. Como mucho el valor que tienen ciertas actividades económicas es tan solo la de generación de empleo y de salarios, ya que su valor real a la satisfacción de necesidades es nulo (satisfacen las mismas que ellos generan). Por tanto si encontráramos formas de generación de esos empleos y salarios y a la vez satisfacen necesidades mas objetivas, pero que no tienen el apoyo de la publicidad, pero que son esenciales para la vida moderna, no estaríamos haciendo de hecho nada malo como algunos críticos a los servicios públicos intentan decirnos.
Por poner un ejemplo, si el sistema impositivo introduce ineficacias, que para nada son comparables a las que introduce los costes del márketing y por ello no pudiera crearse una nueva empresa de DVD o los productos ser algo mas caros, productos que por otra parte estan en un porcentaje generando su propia demanda y no satisfaciendo demanda real; pero con estos impuestos estamos generando los mismos o mas puestos de trabajo con una masa salarial tanto o mas alta que la que generaría esa actividad económica no producida y a la vez estuviera proporcionando un servicio que el mercado no está satisfaciendo (porque o bien son externalidades generales como los servicios de limpieza municipal, o bien son servicios que los ciudadanos menos favorecidos no se pueden permitir, como el acceso a una sanidad avanzada) y que además permiten una mejora de la actividad económica (como trataré en otro artículo), no estamos generando ineficiencias sino todo lo contrario estamos mejorando el sistema económico y por tanto la capacidad del mercado.
Pero lo mas esencial de todo es el cambio de valores culturales que conlleva la identificación de esa generación de necesidades que realiza els sistema productivo, a través del márketing, entre otras formas (otra es la financiación de “estudios” sobre la bondad de un producto o la propia I+D orientada a investigar productos o servicios diseñados para poder ser vendidos de forma eficaz por el márketing, o la compra de patentes para evitar que ciertos productos lleguen al mercado hasta no haber agotado los stocks de los productos que quedarían obsoletos), la cultura de la producción queda tocada en su esencia. Que gran parte o una parte importante de la producción solo viene encaminada a reproducir el propio sistema económico y no a satisfacer necesidades del consumidor, es poner en cuestión el sistema económico en su esencia. Es una herramienta para los que van un poco mas allá de mi planteamiento político y económico para poder plantear alternativas mas efectivas. El propio sistema que necesita perpetuar su producción y generar su propia demanda para crecer, contiene el germen de su propia destrucción. Entre otras cosas, ante posibles catástrofes ambientales o de afectación a la salud pública, sean locales (como Bophal) o globales, el argumento de la producción pierde su peso frente al argumento de la seguridad y la pervivencia como especie.
Esta lectura crítica de uno de los aspectos, esenciales, del sistema económico tampoco es una defensa de sistemas planificadores, o de utopias estatalistas o de otro tipo. El mercado sigue siendo una buena herramienta para satisfacer gran parte de las necesidades y para conseguir una creación de riqueza. Mi lectura aboga por modelos económicos mas complejos que desmitifique todo lo posible algunos axiomas y dogmas que el pensamiento convencional da por sentado y se acerquen a la realidad con mayor perspicacia y acierto. Como ya dije en el primer artículo de esta serie, el mercado no es malo, y el sistema económico liberal es una buena primera aproximación, pero tenemos la posibilidad de acercarnos con mucho mas acierto a la economía real, no solo a la modélica y utópica y que no se ha dado ni tampoco estamos acercándonos a ella precísamente. Notas a pié: Grácias a una primera lectura de un par de amigos (Carlos y Antonio), creo necesario ampliar y aclarar algunas ideas. - Me refiero con "el pensamiento económico convencional" o "sabiduría convencional". Estoy utilizando terminología Galbraithiana, el pensamiento económico convencional es lo que a priori la mayoría defiende. Por poner un ejemplo, la preponderancia de la producción no es un concepto que sea de una única escuela económica y que incluso el pensamiento convencional de izquierda. En otros casos, aclaro que "es el pensamiento de una minoría de liberales", pero que en cierta manera forman parte de unas tesis ultraliberales que corresponden a una cierta doctrina política y económica que desde los 80 en adelante ha intentado ser aplicada en algunos países. En el fondo la expresión intenta reflejar "lo que a priori parece muy razonable" en el pensamiento económico, aunque es cierto, que la mayoría de economistas, liberales o no, por muchos otros motivos (por ejemplo, la inaplicabilidad práctica de algunas propuestas) y no solo por los aquí expuestos. - Es cierto que el márketing no genera necesidades de la nada, todas las estrategias van destinadas a uno de los grupos de necesidades de la pirámide de Maslow, las marcas buscan la identificación de grupo, el sentimiento de reconomiciento, etc.. los Tamagochis van a las necesidades de compañía y afecto, etc.. Ahora bien, transforman una necesidad "genérica", en muchos casos brumosa, e incluso cubierta a rasgos generales, en una necesidad imperiosa, focalizan nuestra atención en ella y le hacen que la valoremos con mas fuerza de la que nosotros le estamos dando, a parte de decir que el producto o servicio que publicitan nos la cubrirá. Cosa que tampoco es así. La necesidad de reconocimiento o de éxito ya existe en cada individuo, ahora bien la focalización en ella de una manera que nos haga movilizar grandes recursos para adquirir el último modelo de coche o el reloj de superlujo es lo que consigue la publicidad. Es decir la publicidad afecta diréctamente a la categorización de nuestras necesidades, nos focaliza y pone en valor unas sobre otras para hacernos consumir un producto. Mas allá de eso, y los teóricos de la comunicación analizan como la publicidad genera espectativas que el producto no satisface y fomenta una necesidad extra que no se satisface mas que por un ansia aún de mayor consumo. Es decir, la publicidad tiene como efecto secundario no sólo la necesidad de consumir el producto que publicita, sino una necesidad de consumo en general. Fomenta la cultura de la insatisfacción y el ansia del consumo. Indiferentemente que se fundamente en necesidades generales que de fondo tenemos los seres humanos, la publicidad no deja de ser una acción directa desde la oferta sobre la demanda y sobre los gustos de esta, es un condicionamiento por parte de la oferta en un porcentaje de la demanda y por tanto a pesar de las matizaciones expuestas en este apartado la tesis del artículo sigue vigente. Por otro lado, cada individuo es mas o menos influenciable por la publicidad y por sus efectos de rebote en el resto de la sociedad (si la colectividad considera que poseer un móvil es esencial, a pesar que alguien sea refractario a la publicidad de ese producto, el efecto de esta en el conjunto de la sociedad por efecto de la propia sociedad en el individuo le hace mas propenso al consumo de este producto y servicio), habrá muchos factores que afecten: la cultura de consumo que tenga (las personas mayores son menos propensas a espirales consumistas que los adolescentes, no solo porque estén sometidos a menos impactos publicitarios sino porque su cultura del consumo es de una sociedad de excasez y no de opulencia), los valores personales (que se ven influenciados por la familia, su entorno social, su educación, etc...). También la publicidad tiene sus limites: desde la saturación de mensajes a la propia competencia de mensajes, o incluso cierta "reacción" a los mensajes publicitarios que pueden provocar efectos contrarios a los buscados por los publicistas. No se trata como decía en el artículo de definir al ser humano como un autómata que se mueve según dictan los gabinetes publicitarios, pero sí que en el conjunto de la demanda la publicidad (entre otros factores que estan en manos de los productores y de la oferta) afectan a la demanda de forma directa e indirecta.
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| Escrito por Jose Rodriguez | |
| martes, 12 de diciembre de 2006 | |
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Hay algo esencial en la teoría
económica y es la soberanía del consumidor. En
principio el sistema productivo está montado para satisfacer
las diversas demandas que los ciudadanos hacen (y ganar dinero de
ello, claro), el modelo dice que el que mejor sabe suministrar lo que
los consumidores demandan y de la forma mas eficiente y barata son
los que se ven premiados con la riqueza y el éxito. El modelo
parte de que cada ciudadano es soberano de lo que demanda y que esta
no se ve controlada por el productor. Pero este modelo es tan solo
una aproximación lejana al mundo real.






