| El miedo a lo intangible |
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Si alguien recibe mala prensa de forma constante por parte de algunos sectores de la izquierda son los intermediarios,
especialmente los intermediarios financieros. Siguiendo una larga
tradición de muy católica desconfianza a todo lo que huela usura,
banqueros, agentes inmobiliarios y otra gente que trabaja con los
bienes de otros ha atraido las iras de aquellos que dicen defender la
economía real.
Esta tirria tiene, la verdad, muy poco que ver con un conocimiento cierto de cómo funcionan las cosas, y bastante de de mito ligeramente irracional. La alegación clásica en estos casos es decir que banqueros y agentes financieros no producen "nada tangible", ya que sus servicios son digamos menos sólidos que un zapato. En una especie de visión extraña sobre lo que es un bien con valor intríseco y lo que deja de serlo, que tiene poco de racional. Para empezar, vale la pena explicar en términos simples qué es lo que hace un banco, y en qué consiste exactamente su papel de intermediario. Supongamos que vivimos en una sociedad donde esta clase de intermediarios no existen, y que yo tengo un método revolucionario para producir gnomos de jardín de manera extraordinariamente eficiente y quiero construir una fábrica. El problema, claro está, es que no tengo dinero, así que necesito pedir a alguien que me lo preste. Como mi método es tan fabuloso, es bastante evidente que voy a multiplicar lo que me presten, así que en un principio no debería tener problema consiguiendo prestamos. En un mundo sin bancos, eso no resulta tan sencillo. Para empezar, no sé quién tiene dinero y quien no, y no tengo ni la más remota idea si están dispuestos a tomar riesgos patrocinando la producción de gnomos de jardín. Por añadido, es difícil que alguien quiera ser el mecenas único de mi fábrica, así que voy a tener que pelearme con cantidades ingentes de posibles prestamistas, con un gasto de tiempo considerable, y con una variedad de métodos de pago y devolución de préstamos mareante. Sí, a lo mejor puede financiar mi fábrica, pero lo cierto es que no será demasiado placentero. ¿Qué hace un banco, realmente? En esencia, simplificar esta clase de pérdidas de tiempo. Por un lado, el banco trata de atraer el dinero de la gente que tiene demasiado, haciéndole las cosas fáciles. Lo guarda para que nadie les robe, les ofrece gestionar cosas de manera automática, como pagar facturas, y con un poco de suerte, les paga una cierta cantidad (interés) a cambio de poder hacer lo que quieren con el dinero que les confían a largo plazo. En el otro lado, la entidad trata de poner las cosas fáciles a quien necesita más dinero del que tiene para hacer una inversión. Para empezar, simplifica el proceso de recogida de dinero; ellos guardan el capital de quien tiene demasiado (o de muchos pequeños ahorradores), precisamente para ofrecerlo a quien lo necesita. Evidentemente, uno toma un riesgo cuando deja dinero al que no tiene, así que establece un precio a este servicio de dar crédito. El precio, evidentemente, es el tipo de interés, que varía según la fiabilidad del interesado, la inflación (ya que el dinero pierde valor con el tiempo) y el riesgo que representa la inversión. Uno en teoría debería poder pedir un crédito para comprar loteria, a un tipo de interés proporcionalmente gigantesco. En esencia, la labor del intermediario no es más que esa: poner en contacto quien quiere vender con quien quiere comprar. Un intermediario produce un bien no demasiado tangible pero esencial para muchos mercados, la información. Ofrecen un servicio, ponen un precio, y oh milagro, la gente se decide utilizarlo por el sencillo motivo que hacer otra cosa es poco práctico o infinitamente más caro. No es que les obliguen, es que no hay alternativas razonablemente prácticas. En una sociedad capitalista avanzada, evidentemente, los bancos son bastante más complejos de lo que describo arriba, y vienen en infinitas variedades. Desde ayudar a invertir en bolsa (o dicho en otras palabras, financiar el siguiente líder en la producción de gnomos del jardín por tí, a cambio de una comisión), a ayudar a empresas a conseguir capital, pasando por hacer el comercio internacional sencillo a base de gestionar los cambios de divisas, los intermediarios son sencillamente esenciales, y una necesidad básica en un mundo complejo, donde conseguir información es complicado y caro. Sí, pueden ser abusivos. Sí, pueden ser malvados a veces. Pero no hay nada intrínsicamente malvado en la intermediación, igual que no hay nada malvado con fabricar coches; uno puede encontrar timadores chapuceros en en ambos mercados, no importa lo tangibles que sean. Cuando los intermediarios actuan de manera perniciosa es tema de otro debate; lo que debe quedar claro es que servicio intangible que ofrecen, el acumular y utilizar información, es absolutamente crucial.
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| Escrito por Roger Senserrich | |
| miércoles, 13 de diciembre de 2006 | |
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