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Hay veces que el
recuerdo, el ejercicio de la memoria, la reconstrucción del pasado es la única
posibilidad de conciliarnos con el. Si el pasado es una infamia, llena de dolor
y odio, obviarla, enterrarla, desterrarla de nuestra memoria colectiva nos
lleva a la barbarie, a la renuncia de nuestra esencia como humanos, al dolor no
manifestado, escondido impérenme. Somos la única especie sobre nuestro planeta
capaz de recordar, evocar un tiempo pasado reconstruirlo y lo más importante aprender
de él, incluso sin haberlo vivido.
Es curioso que los que tienen miedo al olvido sean
precisamente los descendientes de aquellos que construyeron el pasado a
olvidar. Aquellos que mediante la fuerza y el ejercicio del poder absoluto
sometieron no tan solo a personas, ideas y sentimientos, sino a la misma
historia pervirtiéndola y falseándola.
Supongo que han identificado el título del artículo con el
precioso documental de Patricio Guzmán, La batalla de Chile o la Memoria
Obstinada. En él, la memoria obstinada en recordar que hubo un presidente
escogido democráticamente, Salvador Allende, muerto por un asesino de sueños,
proyectos e ilusiones un asesino de cuerpos, mentes y almas, pero en el fondo
el dictador ha fracasado, puesto que no ha podido con la memoria, esta memoria
obstinada en recordar lo que sucedió.
Lo que sucedió había pasado antes en España, con otro
infame dictador fascista. Sometió un pueblo a una guerra fraticida dirigida al
exterminio del otro. La memoria obstinada nos dice que alargó la Guerra Civil,
que justificó los muertos, los asesinados, los marginados, los humillados, en
fin la expresión básica del fascismo, la destrucción por la destrucción. Quizá
si en Chile se hubiera recordado lo que pasó en España no hubiera sucedido lo mismo,
quien sabe, aunque, no lo creo. Si se hubieran acordado de Lluís Companys otra
victima como Salvador Allende de esta barbarie, ejemplos ambos de dignidad y
compromiso no hubiese sucedido, pero no fue así y no hay que olvidarlo.
Hay gente obstinada en no recordar. Recordar que sus
padres, que sus abuelos cometieron crímenes atroces, de los cuales ellos se han
beneficiado, han sido y son usufructuarios. Sí, sus progenitores vivieron y se
enriquecieron con la infamia y trasmitieron sus ganancias a hijos y nietos. Una
importante parte del botín es de los obstinados en no recordar. ¿Es por esto
que no quieren recordar? ¿o no quieren recordar porque prefieren que la
historia tal y como la escribieron y falsearon los vencedores, esos vencedores
fraticidas? ¿les es emocionalmente más correcta la historia así contada?
¿problemas de conciencia? ¿tienen algo que esconder?
La memoria obstinada, obstinada en la vida, obstinada en
el futuro, obstinada en vivir en libertad, en ser igual y compartida por todos
los ciudadanos, es nuestra memoria. El mejor homenaje que podemos hacerles a
los que vivieron y los que vivirán, y hacérnoslo a nosotros mismos es recordar,
aquello horrible, bárbaro e infame que sucedió. Nunca más, nunca más.
david.fornons@hotmail.com
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