| El porqué el 24 de diciembre no compraré por la tarde |
|
|
Rompo el ritmo de artículos sobre “mitos del mercado” para tocar un tema que es de urgencia en estas fechas. En el sistema de convivencia actual nos sometemos a las reglas del mercado, y el mercado les hace pensar a los empresarios que es rentable abrir el día 24 de diciembre hasta las 8 de la noche. Es posible que sea así, sin ver los números de lo que ingresan esas fechas no lo puedo decir con seguridad, pero mi intuición me dice que sí. Pero esas reglas del mercado también dependen de lo que hagamos la demanda (o sea el consumidor), si boicoteáramos al comercio el día 24 por la tarde al menos no seríamos cómplices del mantenimiento de unas tiendas abiertas a costa de la vida personal y familiar de sus trabajadores que de forma onerosa se ventila el acuerdo de la mesa del comercio.
¿Y porqué considero que no es una ventaja para el resto de trabajadores que no son del sector el poder comprar un 24 por la tarde?. Un buen amigo, me comenta que la ampliación de horarios comerciales es un logro que beneficia a los trabajadores que no estan de 6 a 15 en los turnos típicamente industriales y les permite comprar a pesar de tener una jornada partida. Pero de ahí a que el 24 de diciembre permita una mejoras de nuestras libertades sustancial va un trecho y hay que ver que bien se perjudica. En este caso el descanso de los trabajadores de un sector donde no se acostumbra a pagar horas extras y se acostumbra a trabajar durante más horas que las acordadas por convenio (y sin pagarlas).
En otros artículos más sesudos hablo de la generación de necesidades espúreas por parte de la oferta, en este caso, el comercio, sobre nosotros. Este sería un caso, la gente no “necesita” comprar el 24 de diciembre por la tarde, las compras se pueden hacer objetivamente antes, pero, ¿verdad que es un lujo y un placer poder pasearnos por los centros comerciales y hacer las compras a última hora?. Que menos que el día 24 de diciembre pasearse por las calles todas iluminadas con las tiendas abiertas (y los bares y cafeterías, otro sector del que ahora no hablaré), hacer las últimas compras (muchas de ellas compulsivas y no planificadas, ni racionalizadas por el consumidor), y volver a casa a cenar a tiempo con los familiares, con los amigos o símplemente a tomar una copa.
Todo sería fantástico si no fuera que la realidad del trabajador del sector del comercio (y el de la hostelería) no es de color de rosa, que muchos de ellos se ven forzados a trabajar por encima de sus horas acordadas, ya que ha fecha de hoy ya han superado las horas anuales por las que teóricamente están contratados, y que el pagar horas extras es un concepto muy, pero que muy raro. Según el pensamiento económico convencional estos trabajadores están ahí porque quieren (es verdad nadie les apunta con una pistola), y forma parte del acuerdo tácito que tienen con sus empleadores y la verdad como beneficia al empresario y hace feliz al cliente le garantiza su empleo. Todo sería así si no fuera que hay una coacción implícita: si no te pliegas a mis condiciones laborales (fuera de convenio y de contrato) te despido y hay 50 como tú dispuestos a trabajar en estas condiciones o peores. Siempre pueden trabajar en otro sector, o no, porqué la realidad del “pleno empleo” siempre ha sido una entelequia (hay mucho trabajador potencial en el sector de los no activos donde reclutar trabajadores), y ante este pensamiento convencional hay que recordar otro y es la asimetría en la información y en la capacidad de negociación que tienen los trabajadoress: aquí la regla de la oferta y la demanda se rompe a favor de los empresarios (de ello ya hablaré) y hay cierto monopsonio empleador.
Todo ello a largo plazo perjudica al trabajador del sector y al del resto de sectores. España tiene unos horarios laborales infames; en comparación con Europa trabajamos muchas más horas y con una rentabilidad por hora pésima. Hay una muy mala organización del tiempo de trabajo, y la cultura del trabajo (por no cargar las tintas contra el empresario) no es mejorar esta organización para producir más en menos tiempo (cosa posible con nuestra productividad baja cambiando la cultura del trabajo, la organización de este, le eliminación de reuniones espúreas, de errores subyacentes en la forma en que trabajamos). El que los trabajadores del sector del comercio hayan perdido la guerra de este 24 de diciembre (hay que decir que la recogida de firmas tuvo especial éxito entre los propios trabajadores del sector) no es sinó una forma de profundizar en esta cultura del trabajo de muchas horas y poca productividad.
Aunque esta campaña sea seguida por una minoría, tendrá éxito solamente con conseguir conscienciar a unos pocos centenares de consumidores de que detrás del mostrador de una tienda hay una persona que trabaja en un sector donde se acumulan horas y horas, apenas hacen fiesta y que esa noche buena no podrán conciliar, no es un argumento púramente emotivo o solidario (que no estaría mal, de todas formas), sinó una pequeña protesta contra una cultura del trabajo en la que no se optimiza nuestro trabajo y tenemos que trabajar más horas para producir lo mismo que nuestros vecinos. Sé que la campaña no tendrá éxito, que será seguida por una minoría negligible de personas, algunos sindicalistas convencidos, personas con consciencias de que con su consumo pueden hacer política y familiares de los trabajadores del sector, pero aunque sea una lucha sorda e inútil, como individuo me daré el lujo de seguirla (considerando que el coste además sí que és negligible, y que me ahorraré el dinero de la compra compulsiva de última hora, que realizaría en ese momento en una gran parte por la presión de grupo y el gregarismo que conlleva estar con un montón de personas que están haciendo estas compras y la sobredosis de incentivos publicitarios directos e indirectos).
¿De verdad tanto vale el pequeño beneficio para nosotros (el poder hacer compras el 24 que segúramente haríamos antes sabiendo que ese día cierran por la tarde y el vernos absorvidos por las compras compulsivas, adicionales, y que no haríamos y que satisfacen necesidades creadas o incentivadas por los publicistas) a cambio de tanto (desde los derechos de los trabajadores del sector, como el arraigar aún más una cultura del trabajo que nos lastra a todos, empresarios incluidos)?
Yo al menos, me sumo, y no soy el único, al boicot en las compras navideñas del día 24 de diciembre.
|
mXcomment 1.0.3 © 2007-2008 - visualclinic.fr
License Creative Commons - Some rights reserved
| Escrito por Jose Rodriguez | |
| martes, 19 de diciembre de 2006 | |
| < Anterior | Siguiente > |
|---|
RSS


Después de meses de 






