| La ETA y el PP |
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Reflexionando sobre la violencia callejera, los tiros al aire y las negativas declaraciones del portavoz de los abertzales, podemos concluir que el radicalismo vasco sigue siendo un obstáculo, un hueso duro de roer para el proceso de paz. Y es sencillo entenderlo por la siguiente razón: la mayoría de estos radicales no comparten el concepto de democracia que entendemos los demás. Esgrimiendo una especie de leninismo revisado –un extrañísimo nacionalismo internacionalista- se postulan como miembros de una minoría obrera oprimida por poco menos que un Estado fascista. Esto, más que una consigna que se repite entre los miembros de una banda, se convierte en algo más que una cultura, algo que se aprende en sectores sociales vascos desde la infancia. Una cultura incompatible con nuestro sistema parlamentario.
Igual que un marxista ante cualquier medida progresista actual –que nunca le parecería suficiente, pues sería una concesión del capital para reforzar su hegemonía- los abertzales o batasunos no estarán nunca contentos con lo que el PSOE les ofrezca. Teniendo en cuenta esto, y sabiendo que el PSOE no cedería ni de risa a casi ninguna de las exigencias que llegan desde los independentistas vascos, hay que concluir con que el mundo abertzale tendrá que ceder, y mucho, para avanzar en el proceso. Y ceder duele. Mucho. De ahí los contenedores quemados. Y la salvajada contra los policías. Y los bancos atacados. Es el grito de aquel que sabe que no va a conseguir casi nada de lo que pide –pues son reivindicaciones injustas e inviables- y que, por ello, enseña los dientes.
Repasada la previsible conducta de la izquierda abertzale, lo realmente contradictorio lo encontramos al reflexionar sobre el PP. Depurado ya de su origen sociológicamente franquista, el Partido Popular ha estado siempre a favor de la democracia y en contra de la violencia. Por todos es conocida la lucha que el Ejecutivo Aznar entabló contra la amenaza terrorista, así como la existencia, en 1998, de una tregua con ETA. Esta fue gestionada por los conservadores, que contaron con el apoyo del PSOE. La tregua fracasó y la banda siguió matando. Ahora, después de tres años y medio sin ningún atentado mortal, la paz está intentando ser conseguida por otro partido democrático, el PSOE, que, además de luchar contra el obstáculo que suponen los terroristas, tiene que lidiar con los conservadores. ¿Pero es que no quiere el PP ahora el fin de la violencia?
Lo que resulta interesante preguntarse es cómo le vendría al partido de Aznar que fuera el PSOE el que pacificara definitivamente España. Cómo le sentaría que una enorme fuente de votos que actualmente recibe desapareciera de golpe. Cómo podría soportar las futuras campañas electorales, con los portavoces socialistas restregándoles lo conseguido. Y, peor aún: ¿qué alternativa podría ofrecer el PP ante la política económica liberal y las reformas sociales de Zapatero? ¿Bastaría el se rompe España, sin sangre alguna? ¿Cuántas cosas tendría que descubrir Pedro J. sobre el PSOE, las relaciones de Jesús Caldera con el gobierno iraní, los tratos de Zapatero con Kim Jong Il o la cercana colaboración de la formación de Pablo Iglesias con la dictadura primorriverista? La adhesión de parte del PP a la teoría de la conspiración demuestra un intento desesperado por seguir haciendo oposición. Se les escapa el proceso de paz, se lo pueden quitar de las manos, otros pueden conseguir el premio… Razones para pensar…
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| Escrito por Andrés Villena | |
| jueves, 28 de diciembre de 2006 | |
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No hace falta esperar a la semana que
viene para saber lo que va a seguir ocurriendo en relación con
el “proceso de paz”: ETA, Batasuna, y el PP, cada uno a su
manera, van a seguir “tocando las narices”. Las demandas de los
abertzales vendrán siempre completadas por las quejas de la
oposición derechista, que acusará al Gobierno de estar
prácticamente entregando el tesoro a Otegi y los suyos.






