| Mitos sobre el mercado III: el estado es un obstáculo a la economía |
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No quiero en este artículo entrar en un debate esteril dicotómico, que a veces ocurre entre ultraliberales y estatistas. Mi objetivo en toda esta serie de artículos es eliminar algunos mitos o ideas preconcevidas que algunos economistas y algunos sociólogos tienen sobre el mercado. Mi propósito es refutar que el estado no ha de ser un obstáculo, sinó que en muchos sentidos es necesario incluso para el buen funcionamiento de la economía. Para los utopistas o el mercado lo resuelve todo o el estado lo resuelve todo. Para una sociología o una economía honesta intelectualmente ha de poder observar que para las economías reales, de mercados reales, y para los funcionamientos de estados reales, las utopías solo sirven para conseguir entusiasmar a unos cuantos intelectuales de café y poco más.
Entre otras, la sociología y la economía no ha de limitarse a observar la acción de los mercados perfectos o los estados protectores, sino los mercados reales y los estados reales Y el resto de instituciones sociales y económicas que no viven, o bien viven a caballo de uno y otro, en estos dos ámbitos, como puede ser la institución de la familia y como sus últimas transformaciones conllevan cambios que ni el mercado, ni el estado esán respondiendo adecuadamente.
Sin entrar en esta tercera pata de las instituciones económicas (que trata más a fondo el sociólogo Gosta Sping-Andersen), que me sirve para alejarme de las posturas anti-mercado o anti-estatalistas y la dialéctica de confrontación que tienen asociadas, seguiré adelante.
El liberalismo clásico se forjó en frente de unos estados absolutistas, con unos márgenes limitados de “poder” de los ciudadanos y ofrecía unos servicios mas bien mínimos, o incluso negativos, con respecto a los impuestos y prevendas que se pagaban. De hecho, la sociedad de los siglos XVIII y de inicios del XIX era una sociedad muy distinta a las industriales avanzadas en las que vivimos. Más allá de las obviedades tecnológicas, incluso en los países más avanzados los ciudadanos vivían mayoritariamente al borde de la subsistencia, en muchos casos eran vidas poco mejor que las de la edad media, en muchos casos cortas y brutales. Los impuestos de los estados feudales eran onerosos e iban a atacar las posibilidades de pervivencia de las personas: el impuesto a la sal podía gravar tanto que afectaba al índice de nutrición de los ciudadanos, hoy en día aunque nos pusieran un impuesto en la sal o en el pan que doblara o triplicara su precio, la inmensa mayoría de los ciudadanos de los países avanzados no nos veríamos en ningún tipo de privaciones, el coste del pan o de la sal hoy en día es minúsculo comparado con nuestros ingresos.
También la economía en aquél entonces era distinta, las inversiones producían mejoras mas o menos lineales, si en un taller de 10 telares se compraba un telar más con un operario más aumentaba la producción en un 10%, el margen de “intangibles” de una empresa y el “capital humano” era menos importante y había menos consciencia de ellos. Por otro lado, la investigación aplicada hasta finales del XIX era más bien el talento de un hombre (o de un grupo) y su capacidad e ingenio que podía producir patentes. De ahí que los “grandes inventores” fueran nombres del XIX e inicios del XX: Bell, Wright, Volta, Nobel, Westinghouse, Edison, Benz, Laval, Diesel, Tesla, Marconi. A día de hoy la mayor parte de la investigación, aplicada o no, la conforman equipos amplios, no forman parte de individuos talentosos sino que se parecen más a procesos industriales organizados. Además esta investigación, incluida la aplicada, necesita de avances en no aplicada y en ciencia básica, necesita que se exploten ámbitos de investigación que a corto, medio o incluso largo plazo no proporcionen patentes ni productos comercializables, pero en cambio dan la base para una investigación aplicada, tema que también trataré en un artículo de la serie.
Lo importante de toda esta introducción es explicar porqué perviven en alguna tradición liberal que el estado es un obstáculo a la creatividad individual y cuyos impuestos onerosos en el mejor de los casos sólo sirven para generar ineficacias en el mercado cuando no diréctamente liquida la economía y viola los derechos individuales. En el mundo de Ricardo o Adam Smith las necesidades de la economía y los servicios que demandaban los ciudadanos eran muy distintas a las actuales.
Y aquí es donde entro en el eje principal del artículo: ¿el estado solo sirve para aportar ineficacias en el mercado?. Obviaré el debate más básico sobre la seguridad. Hoy en día en los estados opresivos como Corea del Norte, o ante la ausencia completa de este, como en Afganistan, es la falta de seguridad personal o el verse sometido a una mafia arbitraria (sea de origen estatal com en Corea, o por los “jefes de la guerra” locales) la que limita y mucho cualquier actividad humana sea de carácter económica o no. El debate si la seguridad nacional, la persecución de los delitos, el sistema judicial o el legislativo lo ha de proporcionar el estado, concrétamente el estado democrático, es algo que tan solo los más fervientes creyentes de las tesis ultraliberales ponen en cuestión. Debate estéril, ya que incluso para muchos ultraliberales esto no está en debate ya que las alternativas anarquistas no dejan de ser utopías inaplicables en sociedades de mas de un puñado de docenas de personas. Mas allá de ello, una ciencia económica o social no puede solo plantear utopías sinó herramientas de análisis útiles y realistas. El hacer una ciencia económica basada en el “no estado y utopía libertaria” o en el “alzamiento revolucionario del pueblo y la implantación de la utopía comunista” no deja de ser un brindis al sol, casi tan irresponsable como asumir que ante las desigualdades flagrantes los ciudadanos sólo van a actuar como actores económicos y no políticos o humanos (como, por ejemplo, robando el pan que no pueden comprar, o organizándose sindicalmente para conseguir mejoras salariales a base de parones en la producción). Por tanto sigo adelante.
¿Pero que gestiona el estado en general?, si nos fijamos un poco, excepto para los más necesitados, el estado no se dedica a proporcionar el alimento. Hay unos ámbitos que parecen que caen en manos del estado con cierta naturalidad (que no quiero decir que sea “natural” que posea esas atrivuciones o no, no hay determinantes biológicos en que el estado asuma una u otra tarea o que el mercado sea de una u otra manera) y otros que en casi ningún estado democrático (donde se respetan ciertas libertades como la propiedad privada, por ejemplo) se proporcionan. Para ello citaré a Galbraith:
“...dentro de la evolución de la empresa económica los produtores privados se hicieron cargo de las cosas que podían ser producidas y vendidas a un precio. Las que no podían serlo, pero que en definitiva no eran menos importantes, quedaron en manos del Estado. El pan y el acero se encaminaron naturalmente a la empresa privada, ya que podían ser fácilmente producidos y situados en el mercado por los individuos y para los individuos. La protección policial, la higiene pública y los sistemas de alcantarillado permanecieron sujetos a la autoridad pública, y a que, en su conjunto no podían serlo. Una vez se tomó la decisión de hacer que la educación fuese universal y obligatoria, dejó de ser un bien susceptible de hallar un mercado. La frontera entre la actividad pública y la privada, tal como podeos contemplarla en todo instante, es el producto de muchas fuerzas – la tradición, las preferencias ideológicas, la importancia social y la conveniencia política, todo interviene hasta cierto punto. Pero en una proporción muchísimo mayor de lo que normalmente se supone, las funciones revierten al Estado debido a que, desde un punto de vista complétamente técnico, no hay otra alternativa que la administración pública.”
A pesar de todo hay otra institucion en toda esta distribución de funciones y que no suele citarse porque no es evidente mas que cuando hay cambios claves en él: y es la familia o la comunidad. Que entraré mas adelante.
El hecho es que parece que hay ámbitos que pertenecen por su capacidad de gestión más eficaz, o por una demanda que el mercadono cubre y que se considera esencial y necesaria que recaen en el estado.
A pesar de todo sigue funcionando la evocación de la economía de sus primeros teóricos sobre las onerosas cargas que suponen los impuestos, la degradación de la economía que por ello se produce, etc... Por tanto, ¿el estado es un actor que en su conjunto daña al mercado?. Por el momento, excepto en unos puntos concretos obviaré los aspectos de equidad (que no igualdad), de justicia social, de acceso a los servicios básicos que el mercado no proporiciona (y que colectivamente hemos decidido considerar que los ha de proporcionar el estado), o de igualdad (esta vez sí) de oportunidades y de no lastrar a las personas por la falta de éxito de sus progenitores o cuidadores. Tampoco trataré diréctamente el combate a la exclusión social y a la pobreza que se realiza en una parte importante a través del estado; para el pensamiento de algunas personas es más importante la afectación que hace el estado en la economía que todo lo demás.
¿Pero cuál es la esencia del problema del estado y los que defienden un mercado con las menos trabas posibles?, el primero es no contemplar la sociedad en su conjunto: hay servicios y bienes que no los proporciona el mercado, los primeros y obvios son los del estado. Otros que tampoco se tienen muy en cuenta pero que algunos economistas comienzan a cuantificar són los que proporciona la naturaleza: la luz del sol, los reservorios de agua, la renovación del aire, etc... Por último están los bienes y servicios que ofrecen las familias y las comunidades. Cuando los ultraliberales critican el estado por ocupar espacios que se le suponen que no le competen, ya que teóricamente genera imperfecciones (cosa que para otros generadores de esas ineficiencias no se preocupan tanto), y que aunque la intención del estado sea la de garantizar un servicio universal eso en el fondo hace que para todos sea más caro, o más ineficiente, o limita la riqueza disponible para todos. Según la hipótesis ultraliberal el mercado es el único mecanismo eficiente de proporcionar servicios y bienes, cualquier otro és más ineficaz (premisa por cierto, en más de un caso difícil de demostrar, y como veremos en la tercera entrega hay servicios que el mercado símplemente no proporcina).
Pero la protesta ultraliberal es sólo contra la institución del estado, cuando el mercado laboral por ejemplo recluta a las mujeres y un servicio que proporcionaba la familia a través de ellas, la función de cuidadoras de niños y ancianos, el mercado no garantiza esa nueva necesidad (que se traslada de la familia al mercado) ni si quiera a un porcentaje significativo de personas. Por ello el estado se pone, con unas cuantas décadas de retraso, décadas que por cierto, el mercado no consigue garantizar a un precio razonable ese servicio ni si quiera para un porcentaje grande de la población, no digamos ya para su universalización, a construir guarderias, a proporcionar servicios sociales a las personas no autónomas, a ayudar a las familias proporcionando centros de día y residencias para la tercera edad. Para los ultraliberales eso es una ineficiencia ya que el estado se inmiscuye en las cosas del mercado, cuando el propio mercado no está proporcionando unos servicios a precios razonables que él mismo ha provocado al reclutar a las mujeres urbanas en el mercado de trabajo y ha vaciado a la institución familiar de la capacidad de proporcionar ese servicio (por cierto, proceso que yo personalmente valoro de forma positiva, ya que a pesar de los problemas asociados y que requieren una gestión pública hacia la atención a la infancia y a las personas dependientes, ha contribuido, grácias a una convinación de mercado, que genera esa demanda de trabajadoras, y al estado socialdemócrata o social-liberal, a que las mujeres, al menos en el mundo avanzado tengan las mayores cotas de libertad y autonomía respecto a sus parejas). En cambio a los liberales no les preocupa que el mercado se vacíe y sean las familias la que adquieran esas funciones, cuando el mercado no puede proporcionar empleo a los jóvenes, estos caen bajo al amparo de su familia que se encarga de darles los ingresos necesarios para seguir adelante. Cada vez que aumenta el paro juvenil, las familias proporcionan esos ingresos a estos jóvenes. Y nadie empieza a criticar este sistema de subsidio familiar, como hacen con los sistemas públicos de prestaciones de desempleo, ya que suponen la generación de ociosidad subvencionada.
Y hay cierta ironía en todo esto, porqué si hay algo que perturba el mercado de forma profunda es la familia. Bourdieu hablaba de 4 capitales que se juegan en nuestra sociedad: el capital económico, el capital cultural, el capital simbólico y el social. La familia es el capital social, la red de contactos sociales, la clase social, e incluso fuente de ese capital económico. Cuando en un sistema que parece necesitar con una urgencia pasmosa, al menos tal y como lo plantean los ultraliberales, una eficiencia máxima y no puede tolerar ineficiencias provocadas por un sistema sanitario universal, se alerta del empobrecimiento que provocan los impuestos a los grandes capitales y lo mucho que desincentiva a los pobres el tener un subsidio por desempleo, se obvia efectos tan esenciales en los mercados como la red de contactos, que es mucho más importante que las capacidades objetivas, y que aporta una ventaja competitiva espúrea a las personas de orígenes sociales más altos que otros a la hora de encontrar buenos puestos de trabajo y de dirección. Tampoco se cuestiona el sistema de herencias, que rompe el criterio liberal de “premiar el talento y el éxito personal”. Es decir la influencia de la familia de forma directa en la eficiencia de los mercados. Por otro lado se obvia muchas veces, como antes he dicho, el papel de esta institución en el funcionamiento de la economía (sin jóvenes que consuman la demanda caería por los suelos).
Es decir, el estado es una molestia, la familia algo que se obvia claramente, entre otras por un perverso mecanismo ideológico de obviar las ventajas de las clases altas y pasar de puntillas por las carencias de las clases bajas y que el mercado no proporciona (y no hablamos de diferencia en bienes de consumo, sinó de penalidades como la falta de ayuda en el cuidado de una persona dependiente). Con ello a parte de no entenderse algunos comportamientos de los mercados (por ejemplo, hay quien le cuesta entender que hay trabajadores que no trabajarán por 100, ni por 200, ni por 300, ni por 400 y que si el SMI está por debajo de 500 no entrarán al mercado laboral, ya que el coste de oportunidad, lo que aporta en la labor familiar, etc.. que se pierde no queda compensado por estos ingresos adicionales, la elección muchas veces es dejar de trabajar o no entrar al mercado laboral porqué el cuidado privado de los niños o de las personas dependientes va a ser mayor que los ingresos), se entra en una estrategia ideológica que esconde los privilegios y desestima el esfuerzo de las familias a la economía.
Por poner un ejemplo, la falta de guarderias públicas (e incluso privadas, y en 30 años la oferta privada no ha podido ofrecer este servicio a una mayoría, ni aunque se lo pudieran permitir ya que no está generando esas plazas, y menos aún a un precio asequible) en las zonas urbanas hace que el cuidado de los niños recaiga en los abuelos que dependen sus ingresos de una pensión (mayoritariamente pública) y permite que las parejas puedan seguir con su proyecto vital ya que se requieren dos salarios ya que el mercado ha puesto el precio de las viviendas muy alto (o más alto que el precio que tenían con el anterior modelo familiar de un único trabajador). Es decir, sin la liberación mayoritaria de las personas mayores de cierta edad del mundo del trabajo garantizándoles de forma universal un cierto nivel de ingresos, hoy en día no podrían constituirse nuevas familias con sus hijos. En este fenómeno que hay aspectos que recaen en 3 de las instituciones, los ultraliberales sólo perciven que las pensiones públicas son onerosos impuestos recogidos de forma coactiva para empobrecer a los trabajadores en activo.
Otra justificación de los ultraliberales a un antiestatismo radical, es la argumentación de que el estado del bienestar está en crisis. Se lleva diciendo que está en crisis casi desde su creación entre los años 40 y 50, se le ha cuestionado en todas las décadas, casi con la excepción de los años 60. Hoy en día también, que si está colapsando económicamente (fantasma que se agita cada década y que en 50 años aún no ha entrado en colapso ni una vez en ningún país de economías avanzada y las crisis económicas han sido tan o menores como las que ha sufrido países con estados más minimizados), que si está en crisis, que si el mercado es la mejor solución para todo. En lugar de ver la economía en su conjunto con todas sus instituciones: mercado, comunidad/familia y estado, y las limitaciones y suministros de la biosfera y de los recursos naturales a los que podemos acceder, cada vez que hay una crisis económica o unos índices altos de desempleo o cualquier parón en la economía la culpa es del estado, concrétamente del estado de bienestar. La justificación del paro en España en los inicios de los 90 para los ultraliberales (hoy día hay liberales que sus argumentos no son tan lineales) corresponde únicamente a las rigideces que tenía el mercado laboral (cosa que era cierta), en cambio no achacan el tema a cuestiones de mercado: la desindustrialización en España comenzó en los 80 cuando aún no había acabado la desruralización y los empleos que absorvía el sector servicios no podía compensar los que perdía la industria y el mundo rural; la entrada de la mujer en el mercado laboral español se aceleró en los 80 y 90, la entrada de las generaciones del baby boum en el mercado laboral como demandantes de empleo; cosas que no tienen nada que ver ni con el estado, ni con los salarios mínimos, ni con las rigideces legales (Spin-Andersen, 1994)
Es esa reducción de la economía a dos instituciones, obviando los límites en los que la biosfera dejaría de proporcionarnos ciertos servicios esenciales (aire respirable) y los factores en que la familia o la comunidad intervienen en la economía, y una fé, fundamentada en el éxito que tienen los mercados en proporcionar innumerables bienes y servicios a precios razonables (pero que no proporcionan muchos otros), en que el sólo el mercado puede proporcionar de forma efectiva todos los servicios, una identificación simbólica del estado con el estado absolutista (o en el mejor de los casos con las distopías estatalistas) que evocan la opresión de los individuos, la violación de las libertades y los impuestos onerosos que dejaban a la mayoría de ciudadanos en la depauperación, es lo que hace de los ultraliberales opositores al estado, de formas que algunas veces resulta incluso acientífica e irracional.
En el próximo entraré en algunos aspectos concretos en los que el estado actúa de forma positiva para la economía o suministra servicios que el mercado no proporciona pero que son esenciales para el funcionamiento de las economías y el bienestar social e individual.
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| Escrito por Jose Rodriguez | |
| martes, 26 de diciembre de 2006 | |
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Entre las tesis liberales más
radicales se parte de la premisa que el estado aunque esté
bien gestionado, se respeten las leyes y las libertades individuales,
si este interviene en la economía o intenta proporcionar
servicios básicos mas allá de los de la seguridad
nacional o ser el garante del cumplimiento de los contratos y una
legislación penal básica su función será
negativa para el conjunto de la economía y la sociedad.






