| Lecturas |
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Los hombres no escuchan y a las mujeres
nos encanta relatar los pormenores de nuestra tarde de compras. Ellos
van al grano, son competitivos y agresivos, ellas se pierden en
circunloquios y adoran la colaboración (cuando no se están
tirando puñaladas traperas). De tanto en tanto, una conocida
revista de divulgación científica publica el
archiconsabido artículo sobre las diferencias entre sexos.
Siempre tienen una cosa nueva que contarnos, los muy jodidos.
El artículo estaba compuesto por
las típicas diferencias entre los usos de los hemisferios
cerebrales, etc, y apuntaba- creo que ya he hablado de eso por aquí,
en alguna ocasión- que los hombres tendían a hablar más
en público, desechando así el mito de las mujeres
parlanchinas. No estaba mal el articulillo, pero, como todo lo bueno
no puede durar, tuvieron que hacer aparición las teorías
del Dr. Sax.
El Dr. Sax es un titulado en
psicología- o eso dice- que se ha hecho famoso escribiendo un
libro intitulado “Por qué el género importa”. En
el, glosa las supuestas diferencias “naturales” e “inherentes”
a los sexos y defiende una educación segregada en la que se
estimulen esas diferencias. Con técnicas como por ejemplo:
Los chicos tienden a juegos más
agresivos, mientras que las chicas prefieren cuidar de los niños.
Así, se permitirá a los chicos jugar a actividades
rudas y movidas, pero no a las niñas, que no podrán
soportar tanta agresividad (uf, me desmayo sólo con leerlo).
Los chicos se desenvuelven mejor
que las chicas en tareas bajo presión. No se establecerán
límites estrictos de tiempo para que las niñas cumplan
con sus tareas, no se vayan a estresar. (y si no completan el
temario, no se preocupen, total para lo que les va a servir).
Las chicas necesitan aplicaciones
prácticas para comprender las mates. Para ayudarlas, se harán
salidas en las que podrán usar la trigonometría para
calcular la altura de los edificios representativos de la ciudad...
noooooo, eso es muy complicado... mejor las ponemos a contar pétalos
de flores, que total con que aprendan a no descontarse mientras
tricotan ya van que sobran.
Los chicos no-so-por-tan que les
pregunten sobre las emociones en clase de literatura (mmmh, chicos
duros), así que los profesores deberán centrarse en
los hechos. Las chicas no hace falta que aprendan de qué va
la historia, pero me hagan un trabajo de tres folios sobre la
impresión que las landas inglesas causan sobre el
protagonista (sin prisas, eh... no os vayáis a estresar).
Evidentemente, si algún
niño manifiesta alguna inclinación por la lectura, los
sentimientos, le interesa poco el deporte y darse de puñetazos
con los compañeros, no cabe otra explicación que la
anormalidad, la cual deberá extirparse con firme disciplina y
obligándoles a pasar el mayor tiempo posible con otros niños
“normales” (que obviamente harán gala de su natural,
instintiva y tan deseada agresividad y le enseñarán
qué es ser un hombre).
Digo yo que, antes de citar a este
“doctor” en un artículo, hubiera estado bien que se
informaran mejor de sus teorías... no quisiera tener que
sospechar que coinciden con ellas.
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