| Sandeces navideñas |
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Superarse no es lo mismo que sobrevivir, aunque él había hecho las dos cosas. Primero sobrevivió a su origen, después a su destino, y después a la conciencia que la suma de su origen más su destino no era más que morir de apatía y aburrimiento como una salsa pesada. Pero sobrevivió, y no sólo eso sino que se superó haciendo de su triste y anodina vida de superviviente un suflé. Claro que únicamente lo probó él, puesto que en los fogones de su vida sólo había sitio para uno, él. Sus otras habilidades vitrocerámicas se pagan a precio de oro. Su cabeza con microondas fue un horno en ebullición de ideas delirantes pero constructivamente equilibradas y dulces. Eran ni más ni menos repostería devorada por empresarios ávidos de ideas. En un mundo en que el pez grande se come al pez pequeño, sólo hace falta saber como sazonar el pescado. Ya no se bañaba en zumos varios, aunque recordaba aquellas tardes nateadas con fresas exprimiendo su pasión locamente con un ligero toque de licor de cerezas eso sí light. Pero da igual está allí, es el mejor. Es caviar ruso del de verdad, del que nadie, o casi nadie, ha probado. No obstante y muy a su pesar, con todos los honores incluidos, es uno más. Uno más, dotado del sentido de la conveniencia y complacencia. Sabe que con la carne hay que tomar vino negro; con el marisco, blanco; que las copas se sitúan a la izquierda de los vasos, que los codos no se apoyan, ni se empinan en la mesa. No es lo mismo la originalidad que la orinilaridad. Pero, por más tiempo que pasa aquella pregunta sigue como seguía y sabe que seguirá allí. Le oprime, le tortura, le inquieta. Se esconde en una vana elocuencia pensando que nadie denota su perturbación. Los triunfadores no dudan, no dudan nunca. Hierven y cuecen con todo. Pero él duda, aunque sólo haya sido una vez: él ha dudado y lo sigue haciendo con insistencia. Maldita pregunta: En la comida de Navidad, qué hay que hacer de primer plato: ¿huevo con caviar sobre puré de coliflor y mantequilla de cebollino, o bien ravioli de Pularda o mejor aún lubina con vieras y ceniza de puerro?
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| Escrito por David Fornons | |
| lunes, 01 de enero de 2007 | |
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Se
ha sobrepuesto a todo tipo de adversidades. No tuvo escapatoria
puesto que ellas habían ido a por él, querían
comérselo. Con nombre de desgracias, de problemas, de
enfermedades de tropiezos, de traspiés e infortunios ante él
desfilaron insípidos e insultantes al gusto. Pero las superó,
superó las adicciones, las enfermedades de mente, corazón
e hígado con cómo no: sangre sudor y lágrimas.
Así fue como cocinó lo que a la postre sería su
gran éxito. Sí, ahora es un triunfador, pero aquella
terrible pregunta, aquella misma pregunta que revoloteó por su
cabeza desde aquel día 20 de diciembre de 1999 hasta el día
que nos ocupa sigue ahí, machacándolo.






