| Corporaciones: Gobierno mundial sin límites ni responsabilidades |
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Artículo publicado por Roger Guiu Carrió en Economia Crítica
Donde en vez de crearse pobreza y desigualdades entre las sociedades, el sistema que impere en el mundo esté basado en la justicia; donde en vez de someternos al "pan y circo", nuestra voz como poder social con necesidades humanas se oiga y se respete; que se trabaje para el bien de toda la humanidad. En el mundo real de hoy, el de la globalización y el del sometimiento del poder social al corporativo, se hacen necesarias voces idealistas para reclamar eso que a lo que deberíamos aspirar como sociedad. Y gracias a una perspectiva idealista del mundo se pueden hacer comparaciones entre el sistema real y el ideal. Así podemos ver los auténticos desafíos a los que se deben enfrentar todas esas personas comprometidas con intentar cambiar el mundo, cualquiera que sea el mundo ideal que tengan en mente. La verdad es que de gobierno mundial ya tenemos. Desgraciadamente no se llaman Naciones Unidas ni es una estructura gubernamental tradicional que represente los intereses de toda la humanidad; todo lo contrario, absorben el poder y la autoridad de las estructuras sociales ya existentes. Este gobierno ni es democrático, ni promueve la igualdad o la ética, ni actúa como árbitro imparcial. Eso si, tienen un lema: el beneficio es sagrado. Y esta frase digna de ser plasmada en el Gran libro de la Humanidad es la que va a marcar las pautas de actuación dentro del sistema actual. Es fácil adivinar que me refiero al poder que ejercen el número creciente de corporaciones, estandartes del capitalismo. El gobierno mundial que han conseguido conformar es prácticamente la antítesis de la idea que aparecía al principio del artículo. No promueve, por ejemplo, el progreso a todos los rincones del mundo; solo crea alianzas con esas instituciones que asumen su poderío. En la actualidad, para los políticos de un país del Sur es mucho más importante recibir el presidente de una corporación y su maleta cargada de billetes verdes que hablar ante la Asamblea de la ONU. De las cien principales entidades económicas del mundo, cincuenta y una no son países sino corporaciones. Su motor no es la igualdad o la justicia; es el propio beneficio y el egoísmo. Desde abajo, desde la sociedad humana, tampoco se nos oye y no ven como hay muchas personas sufriendo y dirigiéndose hacia la anarquía. La verdad es que ni gritamos aun siendo conscientes de que nada bueno se puede esperar de seguir así. Porque las corporaciones, ¿delante de quienes han de responder? ¿A los propietarios o a la sociedad? Da la impresión que no tienen en cuenta que bajo su suelo hay muchas personas que trabajan para ellas y que la necesitan para subsistir. Los entresijos del sistema hacen que la humanidad esté sujeta a la voluntad de un grupo de personas a la sombra ávidos de acumular riqueza y no de mejorar el bienestar global. Habría que redefinir lo que es una corporación. Está claro que es una sociedad; pero no solo una sociedad económica o mercantil como establece el régimen jurídico, sino una sociedad humana, aunque carente de toda humanidad. Humana en el sentido de que muchas vidas se encuentran dentro de sus fronteras, separándolas de la miseria y el olvido. Como decía anteriormente, sus niveles de riqueza superan los de naciones enteras. Si las corporaciones son más ricas, son más poderosas. Su poder económico lo pueden traducir indiscriminadamente en otras formas de poder cultural, político y social. Las corporaciones pueden financiar y dirigir ejércitos, aprobar leyes en una cámara legislativa de forma indirecta y sobretodo, lo peor de todo bajo mi punto de vista, transmiten una forma de cultura a toda la sociedad que no está protegida a tanta presión; su propia cultura empresarial, esa que sea más beneficiosa para sus intereses y mantener intacto su sistema. En la teoría, los gobiernos y los Estados controlarían o limitarían las corporaciones, ya que pueden someterlas a impuestos sociales y ligarlas con restricciones y normas. A la práctica, pero, son ellas quienes marcan las pautas de la vida, ya sea manipulando el Estado mediante corrupción o financiando campañas electorales (o golpes de estado directamente), o ya sea escapando a las normas desplazando sus operaciones a algún sitio donde no exijan tanto debido a un gobierno o autoridad nacional en crisis que busca atraer inversión extranjera que le aporte la estabilidad necesaria para mantenerse vivo en el poder. Por tanto, podemos afirmar que las corporaciones no están sometidas a ningún tipo de poder. Como consecuencia, si las multinacionales ejercen un auténtico gobierno global a nuestra sociedad más efectivo que el que consigue el poder democrático, ¿han de ser consideradas responsables de sus políticas y acciones y han de ser éstas conocidas y juzgadas por la opinión mundial? En conclusión, el debate esencial, aunque sea fácil tacharlo de idealista, se encuentra en decidir si para la empresa el beneficio es sagrado y respetamos ese principio o tendría que estar supeditada al bienestar de la sociedad que gobierna. De esta forma, cambiarían las relaciones de poder y sería el poder social el que formase un "gobierno mundial" por encima del poder corporativo. Una postura idealista, pero que de ella sin duda se puede desprender alguna dosis de realidad que pueda hacer que el sistema cambie y el mundo sea un lugar mejor y mas justo donde vivir.
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| Escrito por Red Economia Crítica | |
| domingo, 31 de diciembre de 2006 | |
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