Sí, tengo suerte, porque soy propietario de acciones de una empresa. Y es una de las mayores empresas del mundo. Esta empresa se llama Estado. El Estado es la empresa de todos, mal que les pese a los líderes de algunas empresas privadas, pues el Estado es lo único que impide que el liberalismo salvaje haga y deshaga con nuestras vidas lo que les plazca.
Como propietarios de esta empresa, es deber de todos los ciudadanos en enriquecerla, y trabajar por su buen funcionamiento. Pensémoslo bien.
Cada uno de nosotros es propietario de monumentos, carreteras, hospitales, edificios oficiales, barcos, aviones, autobuses, infraestructuras, bibliotecas, televisiones, emisoras de radio, etc.
No comprendo la actitud de algunos ciudadanos que destrozan las infraestructuras que son de su propiedad. No comprendo la actitud de quienes critican al Estado, exigiendo su desaparición. Puedo entender y apoyo a quienes exigen que el dinero se use bien, de forma más eficiente.
Todos los ciudadanos tenemos derecho a exigir que los funcionarios sean más eficientes, como empleados nuestros, y que los presupuestos del Estado sean más eficaces y que nos mejoren la vida.
Es nuestro dinero.
Sin embargo, el ciudadano de la calle no debe desvincularse de la tarea de crear Estado, de ampliar nuestra riqueza común. Proteger el medio ambiente, donar libros a las bibliotecas, cuidar los transportes públicos, la limpieza de nuestros parques y nuestras calles, reciclar.
Cuando paseamos por las calles, los ciudadanos de a pie debemos comprender que son nuestras, no de un organismo extraño que nos da el derecho de transitar por ellas. Cuando entramos en un museo, y pagamos una pequeña cuota, sabemos que estamos pagando por mantener algo nuestro. Cada obra de arte del Museo del Prado, es mantenida con dinero nuestro. Cada expedición que parte a ayudar en el terremoto de Pakistán, en Haití, en Bosnia, o Kosovo, son esfuerzos que cada uno de nosotros hacemos por mejorar este mundo, y ayudar a los más pobres.
Lo mismo ocurre en Italia, en Japón, en China, en Estados Unidos, en Francia, en todo el mundo.
Por eso, aquellos que abogan porque el Estado se reduzca a su mínima expresión, suelen ser aquellas personas, lobies o empresas que tendrían mucho más que ganar si no existiese un poder que se les opusiese.
Por eso quienes más necesitan del Estado no ya para enriquecerse, sino simplemente para sobrevivir, prefieren un Estado fuerte que les proteja y que defienda sus derechos.
Nuestro deber como ciudadanos no es sólo defender nuestro patrimonio común, sino aumentarlo, cuidarlo y enriquecerlo. Y conseguir que su eficiencia se equipare con la de las empresas privadas, pues los servicios que nos presta deben de ser competitivos.
Considero que es un deber de todos los funcionarios mejorar el sistema de servicios que el Estado gestiona, desde la televisión a los trámites administrativos. Desde el sistema sanitario hasta la protección ciudadana y la defensa común.
Es más, este deber no es algo que corresponda ya sólo a los bienes del Estado de nuestra Nación, sino que al ser parte de un todo mayor como es Europa, debemos velar por el enriquecimiento y el buen funcionamiento de nuestras instituciones comunes, y de todos los países de Europa, y me atrevería a decir que del mundo.
Pero la relación de Europa y la Izquierda, y cómo ambas se identifican, es tema para otro día.
La historia social nos enseña que no hay política social sin un movimiento social capaz de imponerla, y no es el mercado, como se tiende a hacer creer hoy en día, sino el movimiento social quién ha civilizado la economía y ha contribuido de manera fundamental a hacerlo eficaz
Esa es la teoría de la opción cero. Parece que Carles es uno de esos hombres-termómetro que se suma al vuelo a las corrientes de opinión predominantes en la sociedad.
El punto de vista...
VERDAD BASTA DECIR LO QUE ES Y NO MAS , PUES MUCHAS VECES LOS POLITICOS DICEN COSAS QUE NO SON , BASTA CON DECIR LO QUE ES.EL QUE ESTE LIBRE DE PECADO QUE...