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viernes, 16 de mayo de 2008
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La energia III: ¿la fisión nuclear puede ser una solución? Imprimir E-Mail
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ImageEl debate energético va a ser uno de los más importantes, la demanda de energía está creciendo y todas las predicciones indican que esto va a seguir así para los próximos 50 años. En este artículo, el tercero de la serie, analizo si la energía nuclear de fisión puede ser una de las soluciones.


Cuando se habla de energía nuclear se levantan demasiadas sensibilidades: desde la ecologista y la preocupación por la gestión de unos residuos de larga duración y alta peligrosidad, la pacifista por el posible uso de la energía nuclear para fines militares, o la de peligrosidad por el riesgo de un accidente nuclear. Por otro lado el lobbye nuclear financia estudios para justificar su imprescindibilidad, presiona para levantar las moratorias, etc...


La cuestión es intentar resumir hasta que punto nos podemos fiar de la energía nuclear como alternativa a los combustibles fósiles, la viabilidad de la energía nuclear, sus riesgos ambientales y su factibilidad para ser una parte importante o no de nuestras soluciones energéticas de futuro.


La demanda energética mundial va a crecer de forma sostenida en los próximos 25 años, a un ritmo de un 1,7% anual (World Energy Outlook), en especial en la India y China, pero también en nuestras economías occidentales. Esto significa que para el 2030 será necesario conseguir producir un 50% más de energía. Aún cuando se consiguiera reducir más la relación de crecimiento del PIB con respecto a un crecimiento de la demanda energética mediante medidas de disminución del gasto energético y de reducción de pérdidas innecesarias (mediante mejores aislamientos térmicos, mejorar las líneas de conducción eléctrica) o que la economía tenga mayor actividad en el sector servicios que en el industrial (que tiene una demanda energética mayor), el mundo va a necesitar más energía de cara al 2030 (y más aún después si queremos que continúe el crecimiento económico), los cálculos son que el año 2050 el consumo de energía será de entre 23 y 42 Terakilowats – hora frente a los 13 que consumíamos el año 2000.


Por otro lado las fuentes energéticas que más aportación están dando: los combustibles fósiles tienen varios problemas; el más evidente es la subida de precios de estos combustibles que se continuará dando, pero no es el único, ya que el carbón sigue siendo bastante barato y podría suministrar parte de ese incremento de la demanda, y es la contaminación asociada a la extracción de carbón o a la combustión de este. Por otro lado, los criterios de control de emisiones de CO2 que evitarían que la densidad de CO2 fuera menor a 500 ppm (actuálmente nos encontramos por encima de los 370 y ha aumentado una media de 2 ppm anual desde 1960) uno de los principales causantes del cambio climático y que se considera esa cifra, 500 ppm, como la que debería mantenerse pare evitar los efectos más catastróficos de este cambio, implican que la quema de combustibles fósiles, más allá del precio, de la contaminación asociada o del agotamiento de los yacimientos, no es una buena solución y debería ser una fuente energética subsidiaria, sólo utilizable en el caso que el resto de fuentes energéticas no puedan colmar la demanda. Sobre el CO2 ninguna energía está exenta de estas emisiones, tan sólo en la construcción de centrales de cualquier tipo ya se emite CO2, incluso la eólica o la nuclear, cuando se tiene en cuenta todos los costes (desmantelamiento y construcción, transporte de la energía, etc...) por cada kw/hora hay una cierta cantidad de emisión de CO2, aunque la ratio y de lejos que es peor es la de los combustibles fósiles.


También el desarrollo de fuentes alternativas tiene ciertas limitaciones y algunas externalidades que también se debe contemplar, y requiere una apuesta que hoy por hoy no se está haciendo (a pesar de lo que dicen las compañías energéticas la inversión en este tipo de tecnología ha bajado a lo largo del tiempo y el porcentaje de I+D de estas compañías, a parte de descender, no es comparáblemente muy alto con empresas que son punteras), y que en una visión a corto plazo no puede garantizar el incremento de la demanda, junto con el problema de la garantía de suministro (aunque eso no ha de ser un obstáculo para su expansión como el lobbye pro-nuke objeta) que ha de necesitar centrales de combustible que de forma subsidiaria suplan la potencia que la alternativa no puede garantizar en momentos de baja producción eólica o solar, aunque este combustible pueda ser renovable.


La energía nuclear tiene algunas claras ventajas: es un combustible que podemos controlar su producción a voluntad y sirve con garantías de suministro los incrementos de demanda energética, una vez construida una central nuclear permite suministrar con un coste de operaciones muy bajo. Se calcula que el kilowat-hora cuesta unos 3 céntimos de euro frente a los 4 o 5 de las centrales de carbón o las 5-7 de las eólicas, por tanto el precio más barato. Este coste es el que tiene con los costes de construcción, altísimos, y las condiciones de seguridad y ambientales de los años 70 y 80 cuando se impuso la moratoria en casi todos los países occidentales; los cálculos de coste energético deberían incluir el creciente coste de extracción del Uranio (a medida que se gasta el uranion más accesible se ha de acceder a yacimientos menos rentables y cuyo procesado consume más energía y costes), el desmantelamiento, el tratamiento de los residuos nucleares (su vitrificación, la desactivación de los subproductos de la fisión más activos y su almacenamiento en depósitos geológicos y la construcción de estos depósitos y el coste a largo de siglos de su control y mantenimiento), e incluso los procesos que desactivan el plutonio y el uranio como posible material de uso bélico. Todo ello hace que una de sus principales ventajas la que contempla el coste de cada kw-hora no lo sea tanto en frente de otras como las térmicas de carbón o las eólicas, aún cuando a las primeras no se les carga en su coste de 3 céntimos de euro por kilowat-hora de las sanciones por tonelada de CO2 emitida o la obligación de capturar el CO2 emitido para poder inyectarlo geológicamente.


Por otro lado, la nuclear de fisión requiere de uranio 235, uno de los isótopos más escasos del uranio y requiere además su enriquecimiento para uso civil o militar, es decir aumentar la densidad de U235 en la muestra de combustible. Aunque hay en ensayos algunos reactores que pueden conseguir que una parte del U238 se transforme por el mismo proceso de fisión en U235 o en otros elementos fisionables como el Torio, la cantidad de combustible no deja de estar limitada. Aunque hay discrepancia sobre las reservas de uranio se calcula que habría suficiente para canalizar una gran parte de la demanda creciente de energía a través de centrales fisionables para los próximos 50 años. Ahora bien, estas reservas no serían suficientes para hacer de las centrales de fisión un sustituto y garantía por sí solas para controlar los niveles de CO2 por debajo de los 500 ppm. El uranio es un mineral que cuesta mucho de extraer, reclama mucha energía y también requiere energía para ser procesado y convertido en combustible utilizable por un reactor nuclear, por tanto hay una parte de las reservas de uranio a las cuales no vamos a acceder para su uso como combustible ya que costarían más energía que la que fueran a aportar. Por otro lado, el uranio es un mineral no renovable, igual que las reservas de combustible fósil se agotarán y pasarán por las fases de crecimiento de su precio (la tendencia de los últimos años es un crecimiento del coste http://www.uranium.info/prices/longterm.html ), y podríamos encontrarnos al cabo de 50 años con las soluciones de combustible no renovable menos dañinas para el CO2 (es decir, gas natural y uranio) prácticamente agotadas.


En este aspecto las centrales de fisión tan sólo nos dan un margen de unas décadas como solución energética, margen que deberíamos intentar ampliar (es mejor que las centrales de fisión se queden sin combustible en 100 años que en 50, tenemos más margen para ir reduciendo nuestra dependencia energética o encontrando formas de sustituir los combustibles no renovables para producir electricidad).


Por otro lado las centrales de fisión producen mucha más energía por superficie utilizada y esto es una ventaja en todos los sentidos. No necesitamos destinar tanta superficie a la producción energética, ventaja clara sobre la quema de biomasa (que requiere mucha más superficie por kw-hora producidos y muchísima más agua, claro), y sobre las térmicas de combustible fósil que requieren más centrales para producir la misma energía que una nuclear; una nuclear estandard tiene una potencia de 1 Gygawatt frente a los 84 Mwatts de la central solar más potente o las más potentes térmicas de gas o carbón que producen unos 500 Mwatts. Esta ventaja puede ser desdeñable en frente a otros inconvenientes pero la pone en ventaja, a corto plazo como veremos, frente a las de carbón o petróleo.


Entre sus desventajas más evidentes es la contaminación por radioactividad del entorno donde se encuentra. Aunque no haya fisuras, ni pérdidas, ni accidentes ni incidentes relevantes la vasija del reactor, las canalizaciones, equipamientos, etc.. quedan impregnados de radiación y en el momento en que la central queda fuera de uso también lo queda y para un tiempo bastante amplio (décadas) el terreno donde estaba alojada, desventaja que no tienen otras centrales y mucho menos las renovables. El coste de desmantelamiento debe incluier el tratamiento de la vasija y toda la estructura y el almacenamiento en lugar seguro de los escombros de la antigua nuclear. Ahora bien, es inevitable que incluso la mejor central nuclear tenga pérdidas que aunque no sean relevantes a corto plazo o en una incidencia epidemiológica seria o suponga una verdadera amenaza a la salud pública y de forma indirecta haga que la radiactividad del entorno sea más alta que el nivel de base previo.


Ahora bien, ese nivel de contaminación radioactivo si no ocurren accidentes es tan alto como el que se produce en la quema de carbón. Los combustibles fósiles retienen en su interior materiales radiactivos como el uranio o el torio que son liberados con su quema o procesado, junto a otros contaminantes más insidiosos y no es raro que los niveles de radiactividad en el entorno de una térmica de carbón sea más alto que el de una nuclear.


Considerando además el tema clave de la seguridad, al menos las centrales nucleares de última generación, como la que se está construyendo en Finlandia contemplan niveles de seguridad altísimos. El riesgo se mide por la provabilidad que un accidente pueda ocurrir y la gravedad de este. En el juego de riesgos nucleares nos encontramos con una gravedad altísima si hay un accidente y una minimización de la provabilidad de este riesgo. Comparatívamente los depósitos de gas natural, de petróleo, la contaminación por carbón y la producida por el resto de térmicas, los accidentes en las minas de carbón o las catástrofes ecológicas por vertidos de petróleo han causado más muertes y daños que los accidentes nucleares. A pesar de ello un único accidente puede ser más catastrófico que cualquier accidente en una térmica convencional. Por tanto deberíamos priorizar formas de producir energía más segura, a pesar de que la seguridad de las nucleares, al menos las occidentales, está a años luz de la vieja y mal mantenida central de Chernobyl. Un peligro puede venir en países en vías de desarrollo que construyan viejos modelos, o en repúblicas ex-soviéticas que sigan aprovechando las viejas nucleares o no que en modelos con una seguridad aceptable no se haga el mantenimiento y el control de forma correcta para evitar accidentes, o que se alargue la vida de las centrales más allá de los márgenes de seguridad, el riesgo puede crecer ya que las provabilidades de una catástrofe nuclear aumentarían.


Por tanto, por más que a priori creamos que la seguridad en las actuales nucleares sea mayor de lo que el imaginario popular indica, no deberíamos dejar de lado su peligrosidad potencial y en cualquier aplicación de la tecnología nuclear deberíamos no sólo contemplar el peligro del momento sinó el que se puede producir por un mal mantenimiento o un uso incorrecto de los reactores. Personálmente no me preocupa que Finlandia fabrique nuevas nucleares o que Alemania piense en eliminar la moratoria, me preocupa mucho más que las centrales ucranianas o bielorusas no tengan un buen mantenimiento o que se construyan centrales con tecnologías obsoletas por ser más baratas o en lugares donde el mantenimiento y las condiciones de seguridad no van a ser las óptimas.


Por último y no es menor está el tema de la gestión de los residuos. La vida media de algunos subproductos de la fisión tienen una vida media de unos miles de años. Aunque los productos más activos se pueden tratar para reducir su actividad y hacer los residuos mucho menos peligrosos y tratables, este tratamiento de desactivación no se hace siempre. Existen métodos para contener los residuos de mayor actividad: vitrificación y almacenamiento geológico a profundidad, que deben llevarse a cabo (aunque ahora no existen depósitos geológicos permanentes suficientes, aunque los hay en construcción). Aunque se puede relativizar, no sin demasiado riesgo de frivoliza, que comparativamente estos residuos son mucho menores en potencialidad e intensidad de daños a corto o medio plazo que los producidos por otras formas de producción energética y el resto de actividad industrial, cosa que es cierta (hoy en día es más fácil morir por un cáncer inducido por la contaminación atmosférica de una ciudad que por la radiactividad de una central nuclear ya sólo por la ubicuidad de esta contaminación), no dejan de ser riesgos que además proyectamos muchos años en el futuro. Sólo es justificable esa proyección de ese riesgo a las generaciones que hoy no disfrutan de esa energía si podemos garantizarles una continuidad del bienestar que nosotros estamos disfrutando, y por tanto una utilización activa de esta energía que producimos para encontrar vías más limpias o reducir otro tipo de daños o riesgos graves que también a largo plazo estemos proyectando en un futuro. Aunque la gestión de residuos nucleares ha evolucionado y segúramente mejore en sus soluciones a largo plazo por la construcción de depósitos geológicos de alta profundidad (cuyo riesgo de que se filtre nuévamente a la biosfera bajo, recordemos que el riesgo se define por la provabilidad que un accidente se produzca y el daño que produciría si se diera si se realiza en zonas geológicamente estables.).


Por otro lado y no es valadí, el coste de construcción de una nuclear es altísimo, y si se quisiera cubrir el incremento de la demanda de energía eléctrica en el mundo de aquí al 2050 requeriría la construcción de entre 2.000 o 5.000 plantas nucleares nuevas de 1Gwatt, para permitir la sustitución nueva y responder al crecimiento de la demanda. Es decir más de 2 por semana. Este coste tan alto de construcción es uno de los frenos para su crecimiento, más que la propia moratoria, en el resto del mundo. Por tanto también han de ser realistas las previsiones que la consideran una solución al calentamiento global.


En definitiva, aunque la energía nuclear es una buena forma de evitar el calentamiento global no puede ser por sí sóla la solución. Los peligros y riesgos asociados son lo suficientemente grandes para considerarla un parche o una forma de energía subsidiaria delante de las energías renovables o medidas de captura de CO2 en las térmicas de combustible fósil (aunque lamentáblemente el mercado no está favoreciendo estas medidas). En un caso realista donde las térmicas de carbón y gas natural no recapturarán el CO2 emitido hasta que no se imponga un alto nivel de sanciones por tonelada de CO2 emitida y difícilmente apliquen estas medidas en países que van a tener una alta demanda energética (como China o India), las nucleares son algo más atractivas, ya que es un mayor riesgo el calentamiento global que un accidente nuclear; pero es una situación aunque realista no deseable, porque existen formas de producir energía mucho más limpia y con riesgos mucho menores, a pesar de que deberían ir acompañadas de centrales térmicas o nucleares subsidiarias que garanticen el suministro.


Las nucleares nos han de servir como forma de ganar tiempo para poder ir haciendo que las renovables ganen espacio en el pastel de la generación de energía, sin tener que recurrir tanto a las térmicas y mantener un equilibrio entre emisiones de CO2 no deseables y la producción de residuos radiactivos y los riesgos asociados a la energía nuclear. No son una solución a largo o medio plazo, han de servir para poder cubrir el inpasse entre una energía dependiente del carbón y el petróleo a un mundo que consuma una energía más limpia. No me atrevo a ponerme en una postura de defender la moratoria en España, ya que creo que una postura sériamente ecologista ha de poder defender la medida menos onerosa en cada caso y en este el mantener la moratoria es aún más perjudicial para la biosfera que eliminarla, pero no quiero entrar en el positivismo de los lobbyes pronucleares. La energía nuclear no es una buena solución, es un parche para darnos tiempo y evitar otras catástrofes ambientales graves, pero a largo plazo nuestro futuro energético ha de hacer que la energía nuclear sea subsidiaria. Aunque no consideremos los riesgos, tan sólo por el agotamiento de las reservas de uranio que más tarde o temprano se dará (dependiendo del crecimiento de la demanda en unas décadas después del 2050 se podría llegar a un agotamiento de las fuentes de uranio aprovechables de forma eficiente energéticamente), cada kw-hora que ahorremos y que no gastemos, cada kw-hora que podamos no perder por una infrastructura insuficiente, cada kw-hora que produzca una fuente renovable hará que quememos menos combustible de cualquier tipo y nos permitirá ganar un poco más de tiempo.



Comentarios de los usuarios (1) RSS feed comment
Escrito por pacoagenjo, on 03-01-2007 20:42,
1. Fenomenal análisis
Queda muy claro que la izquierda no está enteramente en contra de las nucleares, (como también es mi caso), pero que ve los problemas que estás generan. 
 
No los problemas tradicionales que quienes atacan a esta corriente de pensamiento nos achacan, sino los de verdad, el increíble coste económico de levantar tantas centrales, su no tan elevado margen de beneficios respecto a otras, y sobre todo, su dependencia de las empresas de siempre y su excasa duración en el tiempo como solución transitoria. 
 
Lo dicho, fenomenal análisis. 
 
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