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Según el autor de este artículo, el atentado
perpetrado por ETA en Barajas significa la más viva expresión del fracaso del
proceso de paz por vías políticas. Entiende, por ello, que la única vía
plausible para un proceso de tales características debería de protagonizarla
aquella institución, como la Iglesia Católica y otras, que goce de cierto
predicamento entre la sociedad civil
vasca y española.
El atentado producido en Barajas
ha roto toda esperanza de buscar la paz por vías políticas. La deseada paz en
Euskadi y en España es demasiado compleja como para dejarla en manos de los
políticos. Las conversaciones entre el
Gobierno de la nación y miembros de Batasuna y ETA han sido lo más parecido a un
dialogo de sordos. Los unos pidiendo sin más la entrega de las armas y los
otros pidiendo la independencia y la unidad territorial. Así es imposible
llegar a ningún acuerdo. El Gobierno no tiene nada que ofrecer a ETA y esta
organización tampoco está dispuesta sin más a una rendición. El terrorismo es
mas un problema social que político.
La bomba de Barajas ha sido la
más clara, además de siniestra, escenificación de que los políticos no han de
ser los principales protagonistas de un posible proceso de paz. Creo que es la
sociedad civil vasca y española quien tiene que acabar con este grave problema.
Pienso, por ejemplo, que la Iglesia Católica tiene que tomar un papel muy
principal por los siguientes motivos:
1º.-Por el propio prestigio que
tiene tanto en Euskadi como en el resto de España. La Conferencia Episcopal
española -ahora que la preside el
Obispo de Bilbao Monseñor Blázquez- debería tomar la iniciativa de ser ella
quien propugnara una mesa de paz y perdón.
2º.-La Iglesia Católica, por su
mensaje evangélico de amor y perdón, es la institución más cualificada para
intermediar en un proceso donde hay de por medio tanto odio y rencor acumulados.
3º.-La Iglesia Católica es
seguramente la institución con más seguidores comunes entre ambas partes: las
víctimas y el otro mundo. De suerte que, por lo mismo, es la única que está en
condiciones de sentarse en una mesa e intermediar en la búsqueda de la paz.
4º.-Evidentemente, junto a la Iglesia
Católica se pueden sumar otras confesiones y otras organizaciones pacifistas de
prestigio (por ejemplo, la actual Elkarri, etc.).
Después del atentado, el Gobierno
ya no puede volverse a sentar con aquellos que han frustrado el proceso
iniciado por vía política. Es un problema de dignidad tanto del propio Gobierno
como de las instituciones a las que representa. En cambio, la dignidad del
mensaje evangélico es precisamente ese: buscar infinitamente el perdón entre los que son enemigos. No debemos olvidarnos
que si algún día se lograra la paz, el objetivo más difícil sería la convivencia entre los que han matado y los
familiares de las víctimas y este, por tanto, sería un cometido más
espiritual -si se me permite la
expresión- que político.
El proceso de paz, en su
vertiente política, se ha acabado con el grave atentado en Barajas. Tal vez nos
queda un hálito de esperanza si se inicia un nuevo proceso desde la sociedad
civil vasca y española. Solo así sería posible transformar los corazones hasta
llegar a conseguir una paz digna y aceptable por todos.
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