| Un error con principio y fin: balance del ya acabado proceso de paz |
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Una de las razones por las que yo aposté por el actual presidente del
gobierno (o mejor dicho, la única porque el resto era más pura reacción
repulsiva hacia los cuatro últimos años del PP) fue precisamente que prometía
una forma aseada de hacer política. Sin exabruptos, sin desprecio temerario a
la lógica democrática, basada en el dialógo, en el consenso y por qué no, en
cierta ingenuidad idealista que hace, al menos en mi opinión, que el mundo siga
progresando.
I La vía equivocada
Cuando todo esto empezó, y me refiero al asunto de ETA, yo ya dije que era muy aventurado meterse en un barrizal de ese tamaño sin tener otro apoyo que el de una mayoría parlamentaria, obtenida en una situación que según una buena parte de la población (entre la que no me encuentro) cuestionada su legitimidad, inestable, dividida y con muchos colores, y con, en frente, un partido popular convertido en un “nasty party” con la táctica de “me opongo a todo”. Esa situación desde mi punto de vista volatilizaba el diálogo, el consenso y el tacto necesario para algo tan delicado como un proceso de paz, donde, para empezar, lo que se necesita es reconciliar a la población o terminaremos como en Irlanda del norte.
Mis alternativas a la mayoría parlamentaria inestable eran dos: el referendum o el consenso. La primera es una tactica muy poco utilizada en nuestro país, pero que sirve para investir de legitimidad moral a un gobierno y permitir esgrimir cierta excepcionalidad. Este referendum habría sido pan comido al día siguiente de la tregua de ETA ¿Quiere usted que se negocie con ETA sin pagar un precio político?, la ciudadanía habría respondido de forma aplastantemente mayoritaria sí.
Sin embargo, dado que el referendum es una práctica muy poco utilizada en nuestra tradición constitucional, mucho más parlamentaria que plebiscitaria (y esto no es una crítica, sino mas bien lo contrario), la otra forma era el consenso. Es decir una retórica según la cuál “No seguiremos adelante sin el apoyo del PP”. Esta táctica puede parecer ingenua o buenista, pero habría sido mucho más efectiva. Es tan complicado como explicar que, aunque se crea que no es lo correcto, para tomar una decisión tan delicada es necesario contar con un apoyo mas amplio. El PP se habría negado a darlo, seguramente, y entonces habría llevado él la culpa de que esto no siguiera adelante. Si lo hubiera dado, entonces habría participado del mérito eventual del éxito y del fracaso, al mismo nivel que el gobierno.
El gobierno debería haber dejado participar al PP en el proceso al mismo nivel que el de un gobierno en coalición. Esto habría hecho salir al terrorismo de la discusión política y por supuesto, habría plantado una cara mucho mas fuerte a ETA. Me atrevo a aventurar que el proceso podría haber tenido mas éxito de esta forma, porque impedía a ETA tener al gobierno cogido por el cuello al ser él el único responsable y por supuesto, le podrían exigir menos cosas.
Ninguna de estas fue la vía seguida por el ejecutivo. El gobierno prefirió llevar una apariencia de transparencia (que no creo que sea conveniente en estos temas, sobre todo porque es insostenible y no está bien engañar a la gente) con una opacidad fáctica evidente (nadie sabía como iba el proceso de paz en ese momento). No requirió tampoco el apoyo del PP como condición sine qua non para continuar el proceso.
II Las consecuencias fatales y previsibles
Esto puso al Partido Popular en una posición curiosa: solo podían ganar si el proceso salía mal, puesto que era evidente que si salía bien pasarían en la oposición muchas muchas décadas. En este sentido, el interés del PP era manifiestamente contrario al interés del país. La pacificación y normalización del País Vasco era para el PP indeseable, al menos por el momento. El PP por lo tanto apostó a que el proceso saldía mal y sobre todo, intentó poner al gobierno en una situación díficil, algo que sin ninguna duda garantizaba que el proceso de paz saldía mal.
Y esto es así porque ponía a ETA en posición de árbitro electoral, es decir, una posición de poder para negociar con el ejecutivo, lo que haría que creyera poder hacer exigencias mayores de las que el gobierno podría aceptar. “Si no nos das esto, te enviáremos al hoyo electoral” podían decir.
Batasuna, por supuesto, era consciente de esta situación, y por eso intentaron cubrirse de toda responsabilidad ante su electorado de una posible ruptura del proceso haciéndose las victimas. Hemos visto a Otegi Barrena y compañía salir una y otra vez entristeciéndose por lo mal que iba el proceso, porque el gobierno no participaba; si, yo también creía que estaban preparando a sus bases para cuando se rompiera la tregua. Ahora ETA no parece, a los ojos de la ciudadanía vasca nacionalista, como la única autora del fracaso.
Y eso es precisamente lo que han hecho los etarras. Ahora que la situación era propicia, un día después del mensaje de navidad del presidente del gobierno donde mostraba su optimismo, han hecho saltar la última apuesta política del gobierno: el proceso de paz. Creo, he creído siempre, que la política “firmeza, mano dura y al enemigo ni agua” del PP beneficia, y mucho, a ETA, porque es una táctica que tiende a la centrifugación. Lo que ETA tiene, a día de hoy, no es un problema logístico (los atentados del 11 s los hicieron con unos cuters, no hace falta un presupuesto bárbaro) sino una crísis de legtimidad histórica. Eso es así aún más cuando uno observa que un partido con unos objetivos políticos muy similares a los de batasuna como ERC obtiene muchos más réditos políticos que ETA con 40 años de violencia. Lo que ETA necesita para seguir viva, para tener sentido, es legitimidad ante su electorado potencial, apoyo social.Ese apoyo se consigue cuando el gobierno que está enfrente deja claro que, a parte de la violencia, no existe ninguna otra vía para lograr sus fines (que es el mensaje que envía el PP con su apología de la unidad de españa y la ley de partidos) y que además estamos en “guerra” contra el terrorismo y por lo tanto uno tiene que elegir bando. ETA nació durante el franquismo, cuando el Estado español no tenía legitimidad moral a los ojos de un buen número de vascos. La nación, decía Renan, es un plebiscito cotidiano, el Estado yo creo que también, sin embargo, eso no existe en el país vasco, por eso la gente se cabrea.
Para acabar con un conflicto como el de Euskadi, el primer paso debería ser crear un centro político sólido que el PSE podría haber representado, y no una confrontación entre constitucionalistas y nacionalistas. ESO no lleva a ninguna parte, salvo a que la mitad de la sociedad se siente agredida e incluso justifique la violencia etarra, que es justo lo que pretende ETA.
En conclusión, la actitud de ambos partidos políticos mayoritarios, y particularmente del gobierno que al ser el que debía liderar tiene mas responsabilidad, ha llevado a que ETA se viera en posición de exigir mas cosas de las que debería y, en su defecto, romper el proceso sin casi ningún coste social. Algunos creímos que toda esta mierda se iba a terminar, pero esta claro que nos queda para un rato y todo esto porque tenemos una clase política repleta de inútiles, porque cuando algo se empieza mal, es muy complicado que termine bien. A las armas!
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| Escrito por Citoyen | |
| jueves, 11 de enero de 2007 | |
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Una de las razones por las que yo aposté por el actual presidente del
gobierno (o mejor dicho, la única porque el resto era más pura reacción
repulsiva hacia los cuatro últimos años del PP) fue precisamente que prometía
una forma aseada de hacer política. Sin exabruptos, sin desprecio temerario a
la lógica democrática, basada en el dialógo, en el consenso y por qué no, en
cierta ingenuidad idealista que hace, al menos en mi opinión, que el mundo siga
progresando.






