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La insoportable levedad de la paz en Euskadi vuelve a
golpearnos a todos. Demasiada sangre vertida, demasiados sueños rotos,
demasiado dolor para una situación que, como el humo, fluye sin peso y sin un
camino previsto. Ni unos ni otros soportan la levedad de la situación; cuantos
esfuerzos y cuanta locura vertiendo sangre por unos ideales, otro de tantos,
que nos llevan al absurdo y abominable fratricidio justificado en una historia
y en unos actos acaecidos quien sabe cuando y quien sabe porqué.
Un odio que generó odio, que genera odio,
retroalimentándose de un lado a otro. Hay que agradecer la valentía de algunos
que siguen soñando con la paz en Euskadi, a pesar del odio de unos y la
hipocresía con oportunismo de otros. El
tiempo pasa y las excusas se acaban. Vindicamos el recuerdo del absurdo para no
volver a matarnos entre nosotros. Hace afortunadamente muchos años que en
Iberia, en España o en las Españas, llámenle como más les guste, no nos matamos
bajo las más diversas banderas. Sólo Euskadi, pobre Euskadi conserva esta
sangrienta tradición. ¿Qué dejamos a las generaciones venideras? ¿Un número de
muertos, reivindicaciones históricas legítimas pero no legítimas en el modo y
en la forma? ¿Dolor, homenajes a lo absurdo? No, no es esto, tanto da por el
lado que se mire: una lucha y menos por la libertad o por cualquier derecho se
justifica con sangre. Si violamos lo más sagrado de nuestra especie, la vida,
todo lo demás envilece perdiendo la categoría de humano. Al fin y al cabo, en
un pasado de hace 15.000 años, todos procedemos de la misma madre y del mismo
padre. Un pedazo de tierra, un poder, una cultura en peligro y otras
infinidades de cosas e intereses que se entremezclan no justifican el miedo, el
dolor, el odio, la muerte, en definitiva el fratricidio.
¿Cuanto pesa una vida humana? ¿Es equiparable a un agravio
histórico?¿Vale su peso lo mismo que el peso de su muerte en la conciencia?
¿Por qué esta insoportable levedad de la paz en Euskadi? Sólo puedo recitarles
a aquellos que bajo un ideal renuncian a la humanidad este verso de Lluís
Llach: No era això companys no era això pel que vàrem morir tantes flors,
pel que vam plorar tants anhels, potser cal ser valents altre cop i dir no,
amics meus no es això.
davidfornons@hotmail.com
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